Hacia dónde soplará el viento que moverá las bolsas
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Víctor Alvargonzález

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Hacia dónde soplará el viento que moverá las bolsas

Hay activos, sectores y países que empiezan a tener el viento a favor. Sirva de ejemplo el Eurostoxx 50

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Si observamos la evolución reciente de las bolsas, vemos algo parecido a un barco de vela cuando deja de soplar el viento. Así lleva el SP 500 desde mediados del mes de abril, lo que nos lleva a la inevitable pregunta ¿hacia dónde soplará finalmente el viento cuando regrese? Porque si hay algo seguro es que regresará.

Nada más parecido a navegar que los mercados, con sus tormentas, sus rachas de viento favorable o desfavorable, sus arrecifes y sus periodos de calma. Y como ocurre en la mar, ninguno de esos estados es permanente. Así que tenemos que mirar al horizonte e intentar predecir si lo que viene es tormenta, arrecife o viento a favor. Con la desventaja de que, en los mercados, no contamos con herramientas tan precisas como las que tienen actualmente los meteorólogos. Navegamos como lo hacían los griegos en la antigüedad. Tenemos información, tenemos datos, nos podemos orientar con las estrellas - cuyo equivalente sería el análisis técnico -, pero ahí acaba la cosa.

En aquella época los buenos marinos se distinguían por su capacidad de observación, su intuición y su experiencia. Y eso es exactamente lo que tenemos que tratar de aportar los asesores financieros a la hora de establecer hacia donde hay más probabilidades de que sople el viento.

Primero hay que fijarse en los detalles. Aunque pudiera parecerlo, la calma chicha no es generalizada. Hay activos, sectores y países que empiezan a tener el viento a favor. Sirva de ejemplo el Eurostoxx 50, donde el análisis técnico nos muestra un índice que, como quien no quiere la cosa, ha roto al alza la banda de fluctuación de los últimos meses. Y es solo un ejemplo. Hay muchos más. Romper al alza una banda de fluctuación es como orientar la proa hacia un nuevo rumbo. Quien se limite a observar lo que hace el SP 500 no está captando toda la información.

Ya habrán podido comprobar Uds. como a lo largo de los últimos años sólo hablaban de “crisis”, “burbuja” o “represión financiera”

A continuación hay que analizar cuál es el peso específico de esos activos, sectores y países en el conjunto de los mercados. No es lo mismo que tome dirección el SP 500 o el Nasdaq que un índice regional. Y luego hay que ver si los sectores que cambian de rumbo se benefician de una tendencia subyacente del mercado, es decir, si tienen algún tipo de denominador común. Volviendo al símil marinero, sería el equivalente a si siguen la corriente, si se mueven como consecuencia de alguna de las fuerzas subyacentes presentes en los mercados, que evidentemente pueden ser tanto positivas como negativas.

Porque en lugar de viento a favor también podría llegar la tormenta. Normalmente los nubarrones son fáciles de identificar, dado que actualmente la mayoría de los profesionales de este sector tienden a transmitir temor como fórmula de captación de clientes o seguidores. Como es lógico detectan rápidamente las posibles catástrofes (no tanto las tendencias alcistas). Ya habrán podido comprobar Uds. como a lo largo de los últimos años sólo hablaban de “crisis”, “burbuja” o “represión financiera”, términos que evidentemente no animan a invertir. Y, dado que todos los términos anteriores ya no funcionan a la hora de meter miedo, hay que buscar nuevas fórmulas. Y han encontrado el “espantajo” perfecto: la inflación.

No voy a insistir en el tema porque ya lo he hecho en muchos artículos, vídeos y podcast, en el sentido de que en las bolsas la inflación solo es mala para quien no sabe identificar qué tipo de inflación puede llegar y cuáles son los activos, sectores y países que se benefician - o salen perjudicados - de la misma. Además en este caso da igual: si la inflación aumenta muy por encima de lo esperado tendremos tormenta.

Foto: Empleados de una fábrica en China. (EFE)

Ahora bien, la cuestión es si sólo será una tormenta de verano, teniendo en cuenta que vivimos en una economía global donde, ante un incremento de la demanda, hay muchas empresas - y países enteros - dispuestos a cubrirla. No les quepa duda de que los productores de materias primas están deseando doblar o triplicar su producción o que Rusia, Venezuela o Irán harán lo mismo con el petróleo en cuanto el precio resulte atractivo. Los países pobres no se han podido permitir el lujo de endeudarse hasta la médula para pagar la factura del coronavirus. Necesitan recursos. Pero, en el corto plazo, si en lugar de repuntar la inflación se dispara y pone nerviosos a los bancos centrales, de la calma chicha pasaríamos a la tormenta. Ojo, hablo de inflación subyacente, que es la importante a medio y largo plazo.

Finalmente, pero no menos importante, algo que últimamente se olvida bastante en medio del debate sobre la inflación: los resultados empresariales. Es otro de los elementos que podrían marcar el rumbo futuro de los mercados.

Es un poco inconsecuente asustar al personal con la inflación cuando en esta ocasión si hay inflación es precisamente porque hay perspectivas de un fuerte crecimiento económico, como consecuencia del tsunami de liquidez de los bancos centrales y los planes de estímulo de los gobiernos. Y si hay crecimiento económico, hay crecimiento de los ingresos de las empresas y, mientras no se disparen los costes laborales, también aumentan los márgenes. Y con el nivel de paro que tenemos parece difícil que a corto plazo puedan dispararse los costes laborales. Así que, aunque de esto ahora no se hable mucho, en bolsa que las empresas ganen dinero importa. Sobre todo cuando los resultados sorprenden a alza.

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