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La Gran Dimisión y sus consecuencias sobre la inflación
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Víctor Alvargonzález

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La Gran Dimisión y sus consecuencias sobre la inflación

En EEUU, el confinamiento y las ayudas gubernamentales ha dado margen a los trabajadores para repensar su situación: muchos han decidido buscar nuevas oportunidades

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La salida de la pandemia ha tenido un efecto secundario inesperado en EEUU: la gente ha decidido cambiar de trabajo en masa. La rotación laboral está siendo tan intensa que hasta han decidido ponerle un nombre al fenómeno: la Gran Dimisión (“The Great Resignation”).

Parece ser que el confinamiento y la cascada de ayudas gubernamentales ha dado margen a los trabajadores para repensar su situación laboral y muchos han decidido buscar nuevas oportunidades. Es más fácil tomar este tipo de decisiones con el bolsillo cubierto que viviendo al día. De ahí la importancia de los cheques del gobierno. También son importantes a la hora de negociar. Aunque el incremento salarial no es el único factor que desencadena La Gran Dimisión, las encuestas muestran que sí es el más importante.

La Gran Dimisión coincide con el fuerte incremento en la demanda de bienes y servicios que se ha producido con la reapertura, que a su vez conlleva un incremento de las ofertas de trabajo. Si a eso añadimos que muchos trabajadores agotan hasta el final las ayudas - lo que reduce el número de gente dispuesta a trabajar - estamos ante la tormenta perfecta para negociar una mejora salarial.

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Esto sin duda tiene una lectura positiva, tanto para los trabajadores como para la economía. Mucha demanda, mejores salarios, todo esto significa crecimiento y el crecimiento es bueno. Pero también tiene una lectura un poco más inquietante, sobre todo para los inversores de renta fija: la inflación.

Como he dicho en multitud de ocasiones y ha quedado demostrado este año, a las bolsas no les afecta negativamente cierto nivel de inflación si va acompañado de un crecimiento superior. Y ese es precisamente el escenario que se espera para el año que viene. En cambio, es un mal escenario para quien tiene un bono que le da poco o nada en forma de cupón, especialmente ahora que los bonos han dejado de generar plusvalías.

Pero 'La Gran Dimisión' tiene una segunda lectura de cara al medio plazo y la futura actuación de los bancos centrales, que es tan importante para todo tipo de activos: el efecto de segunda ronda.

Los bancos centrales, sobre todo el BCE, consideran que el repunte de la inflación es puntual y que luego volverá donde estaba antes de la pandemia. Al planteamiento de los bancos centrales, que ya tenía importantes “lagunas”, se une la posibilidad de que se produzcan los llamados “efectos de segunda ronda”, que ellos piensan que no se van a producir.

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Cuando se habla de efectos de segunda ronda se habla principalmente de subidas de salarios y pensiones que toman como referencia la inflación actual y no la que había antes de la pandemia. Vamos, que trabajadores y pensionistas no se crean lo que dicen los bancos centrales. Y que además les dé igual porque están en condiciones de pedir incrementos superiores.

Además el BCE - y en menor medida la Fed - pasan por alto que han creado una oferta monetaria nunca vista, que sin duda tendrá un efecto sobre la demanda de bienes y servicios y sobre la inflación. De hecho ya se nota: los cuellos de botella actuales son fruto de un fuerte incremento de la demanda que la oferta actual es incapaz de cubrir.

Se olvidan también de que los gobiernos están lanzando planes de estímulo que dejan pálido al Plan Marshall, el programa de estímulo que siguió a la Segunda Guerra Mundial, y que tanto influyó en el crecimiento económico y el aumento de la inflación.

¿Puede haber efecto de segunda ronda en Europa? En lo que respecta a los salarios es más difícil que en EEUU, puesto que el nivel de paro es y será siempre mayor en Europa. Pero conviene matizar: no todos los países europeos tienen tanto paro como España. Los del norte y centro de la Eurozona no están lejos de las cifras norteamericanas.

Foto: Colas en gasolineras de Londres ante la falta de combustible. (Getty)

Pero es que en la práctica da igual. En un país como España, ante un incremento de la inflación y estando relativamente cerca de unas elecciones, el gobierno no dudará en subir el sueldo de los trabajadores públicos en función del IPC actual. En un país como el nuestro estamos hablando de la mitad de todos los empleos. Si se produce efecto de segunda ronda en la administración, meterá presión a los convenios privados.

Es más: no sabemos si es por las ayudas, por los ERTE o porque la gente quiere cambiar de trabajo como en Norteamérica, pero la realidad es que aquí faltan trabajadores en muchas actividades. En cuanto a las pensiones, a ver que político europeo dice que se hará de acuerdo con el IPC que había antes de la pandemia. Si hay alguien que tiene tiempo para ir a votar son los pensionistas. Y los gobernantes lo saben.

La inflación tendrá que bajar, porque se irán relajando los cuellos de botella. Pero parece poco realista pensar que va a volver a donde estaba antes de la pandemia, considerando los estímulos monetarios creados, los estímulos económicos en marcha y, ahora, las negociaciones salariales y revisiones de pensiones, con el IPC disparado. Si, como dijo Churchill, la política es el arte de lo posible, vamos a ver que se admite como “posible” cuando los gobiernos y las empresas se sienten con pensionistas y funcionarios y les digan que no se preocupen, que la inflación volverá al 1,5 %, o como mucho, el 2 % anual.

La salida de la pandemia ha tenido un efecto secundario inesperado en EEUU: la gente ha decidido cambiar de trabajo en masa. La rotación laboral está siendo tan intensa que hasta han decidido ponerle un nombre al fenómeno: la Gran Dimisión (“The Great Resignation”).

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