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"No quiero líos, no quiero tensiones, ... no quiero rentabilidad"
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"No quiero líos, no quiero tensiones, ... no quiero rentabilidad"

Muchos clientes confían en su entidad sin revisar contratos, lo que puede afectar la rentabilidad y seguridad de sus ahorros ante la creciente agresividad comercial y falta de transparencia bancaria

Foto: Dos asesores reunidos miran el ordenador. (iStock)
Dos asesores reunidos miran el ordenador. (iStock)

Hay una escena de una obra de teatro de Los Luthiers, en la que uno explicaba al otro algo así como "estoy yendo al psicólogo y he dejado de fumar, he dejado de beber, .." y luego seguía ".. he dejado de trabajar, he dejado a mi mujer, he abandonado a mis hijos ...". Obviamente tenía más gracia contado por ellos, pero ya entienden a qué me refiero.

Esta escena me recuerda a que, hace no mucho tiempo, un amigo me comentó muy contento que el banco le había ofrecido "un 3,25 % hasta que me muera", según sus propias palabras. No había leído lo que firmó - confiaba en su banco –, pero me hice a la idea de cuál era el tipo de producto. Hasta ahí, todo bien.

Le dije que no podía dar una opinión sin conocer el documento, porque al final las imposiciones a plazo, los fondos garantizados y los fondos de rentabilidad objetivo que vende actualmente la banca española son contratos, es decir, lo importante es determinada letra pequeña.

La verdad es que mi amigo podría haber comprado un bono del Estado con vencimiento a 30 años directamente en el Banco de España, pagando una comisión mínima - y única -, en lugar de cederle un 0,75 % (o 75 puntos básicos) al banco todos los años. Porque detrás de esa imposición o fondo garantizado lo que hay es un bono del Estado a 30 años que paga algo más del 4 %. La diferencia con el 3,25 % es lo que se lleva el banco como comisión. Además, comprar directamente el bono tiene otra ventaja: se puede vender cuando quiera, es liquido al 100 %.

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Pero entiendo a mi amigo cuando dice que no quiere complicarse la vida. Aun así le recomendé que al menos revisara si se especificaba que ese 3,25 % sería inamovible, o si, por el contrario, era revisable. Ya que lo que a él lo que le atraía del producto era asegurarse su 3,25 % y no tener que preocuparse de nada.

El caso es que preguntó y el banco, en lugar de mostrarle la parte del documento en la que decía que tenía garantizado ese 3,25 %, su "asesor" le envió un ¡mensaje de WhatsApp! que me enseñó, que más o menos decía que no se preocupara, que los tipos de interés no iban a bajar. En otras palabras, no era un tipo fijo, no estaba garantizado y la única garantía era la confianza en el criterio del banco sobre los tipos de interés. Este tipo de cosas sirven de aviso y nos recuerdan que la agresividad comercial de las entidades financieras españolas no solo no ha decaído, sino que ha aumentado, en la misma medida que ha decaído la calidad y objetividad de su asesoramiento y la transparencia de la información.

Ahorradores e inversores tienen que ser conscientes de que esto afecta a la rentabilidad de sus inversiones. Y que el "banco amigo" de hace 50 años ahora es algo diferente. Ya no es "su" banco, es "el" banco. Y si, como es el caso de mi amigo, llegas con 1 millón de euros, la agresividad comercial no conoce fronteras.

La competencia entre entidades, ya sean bancos, sociedades de valores, gestoras, de patrimonio, etc., es brutal. Pero no se refleja en mejores precios, condiciones o asesoramiento, sino en una agresividad comercial que en ocasiones roza el engaño. Y la parte más débil de esa cadena alimenticia son personas de cierta edad, que todavía ven al banco como un asesor fiable.

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El banco es un sitio donde tener el dinero seguro y donde comprar productos financieros diversos. Pero no es un asesor. Es un vendedor. No es un amigo, es alguien que hace negocios contigo.

Me consta que el objetivo principal de mi amigo era garantizarse un tipo de interés fijo a muy largo plazo, porque está en esa época de la vida en la que solo se busca tranquilidad. Pero lo que ha firmado no es exactamente eso. Si tiene suerte y el banco mantiene un diferencial razonable con la inflación, más o menos habrá conseguido su objetivo. Pero la experiencia muestra que, cuando bajan los tipos de interés, los bancos aprovechan para aumentar su margen, no la remuneración al cliente. Y si bajan los tipos de interés, él tendrá que reducir su ritmo de vida (cosa que por cierto, no habría pasado si se hubiera comprado un bono del Estado con vencimiento a 30 años, donde el tipo de interés está garantizado).

¿Qué tendría que haber hecho mi amigo? Lo primero, seguir el consejo que dio precisamente un banquero: "confía, pero verifica". Segundo, ser consciente del entorno en el que te mueves, porque entonces haces las preguntas adecuadas y pides las cosas por escrito. Y mucho cuidado en pensar que el cerro de documentos que nos obliga a firmar el banco es por nuestra seguridad. No lo es, es para cubrir las espaldas del banco si luego el cliente se da cuenta de que no ha obtenido lo que le prometieron.

Hace tiempo escribí un libro en el que decía que mi objetivo era que el ahorrador o inversor contaran con un "sherpa" a la hora de comprar productos financieros, ya que entrar en un banco se parecía cada vez más a una selva. Me temo que la selva de mi metáfora era mucho menos agresiva que la que hay actualmente.

Hay una escena de una obra de teatro de Los Luthiers, en la que uno explicaba al otro algo así como "estoy yendo al psicólogo y he dejado de fumar, he dejado de beber, .." y luego seguía ".. he dejado de trabajar, he dejado a mi mujer, he abandonado a mis hijos ...". Obviamente tenía más gracia contado por ellos, pero ya entienden a qué me refiero.

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