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Las oportunidades que genera el miedo a la burbuja de la IA
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Víctor Alvargonzález

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Las oportunidades que genera el miedo a la burbuja de la IA

Las recientes caídas en valores ligados a avances tecnológicos abren oportunidades para invertir en sectores, empresas y regiones con alto potencial de crecimiento impulsado por la revolución digital y energética

Foto: Un portátil con el logo de OpenAI. (EFE/Angel Colmenares)
Un portátil con el logo de OpenAI. (EFE/Angel Colmenares)

Que todo el mundo hable de que hay una burbuja en torno a la inteligencia artificial tiene sus ventajas. La primera es que, a más consenso, menos probabilidades de que ocurra. Al menos en el corto plazo. La mayoría de las burbujas que han explotado han pillado por sorpresa a la mayoría de inversores y analistas.

La segunda es que las correcciones que se generan por miedo a la burbuja de la IA generan magníficas oportunidades de compra relacionadas con la IA. Esos miedos ayudan a comprar con descuento los activos que más pueden beneficiarse del desarrollo de esta revolución tecnológica e industrial, que, en nuestra opinión, es una de las más importantes de la historia de la humanidad.

Habrá burbuja, como ha ocurrido en todas las grandes revoluciones tecnológicas, porque llega un momento en que las expectativas superan las realidades. Pero, en nuestra opinión, todavía es pronto para hablar de eso. Es como si habláramos de la burbuja de los ferrocarriles cuando todavía se estaban poniendo las vías y fabricando máquinas y vagones.

Pero vayamos al grano. Cuando influencers y medios de comunicación meten miedo para conseguir seguidores y lectores, así como muchos analistas que tratan de cubrirse la espalda por si hay caídas, generan dudas y miedo. Suficiente para que se produzcan correcciones digamos "normales" - de entre el 5 % y el 15 % -, que permiten comprar con descuento dentro de un mercado alcista. Es el momento de tener preparada la carta a los Reyes Magos, porque es en las correcciones cuando vienen a recogerla y entregan los regalos.

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Un inciso: la corrección podría no venir de las grandes empresas tecnológicas cotizadas - ganan muchísimo dinero y pueden asumir fuertes inversiones -, sino del mundo del capital privado, que financia enormes empresas dedicadas a la IA. Porque habrá más de una que, lógicamente, tenga un tropezón a la hora de materializar su plan de negocio.

Pero volvamos a la cuestión principal, y lo haremos con un ejemplo: Tesla. Puede que les extrañe que les hable de un valor concreto, cuando la empresa que tengo el honor de dirigir se dedica recomendar fondos de inversión y fondos cotizados (ETF), pero Tesla, como concepto, es perfecta para entender cuál es el planteamiento que debe guiarnos a la hora de redactar la carta a los Reyes.

En términos de valoración por PER, Tesla está carísima. De las grandes tecnológicas cotizadas, es la única tiene un PER a 12 meses superior a 100. De hecho es de 150 veces. De burbuja total.

Pero tampoco es que los inversores sean tontos, sino que Tesla ya no es solo una empresa que fabrica coches eléctricos, es la empresa que tiene más probabilidades de manufacturar robots de forma masiva en un plazo relativamente corto de tiempo. Dentro de unos años, habrá gente que igual que ahora tiene dos coches, tendrá un coche y un robot. Y que Tesla será probablemente la primera en vendérselos al gran público, tanto particular como industrial. Igual que lo fue con los coches eléctricos y por eso vendió más que nadie. Cientos de miles de robots a, por ejemplo, 20.000 dólares el robot. Más los coches eléctricos y vehículos autónomos – esa es otra - que venda.

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Pero claro, a este precio resulta excesivo, por buenas que sean las expectativas. Y aquí entra en juego la corrección. Hay que tener en cuenta que cuando el mercado corrige, por ejemplo un 10 %, este tipo de valores pueden llegar a corregir el doble o el triple. Con una rebaja de, digamos, un 25 %, la cosa mejora.

Porque, además, la IA necesita de una enorme cantidad de energía para alcanzar todo su desarrollo potencial, que es inmenso. Y ni siquiera abriendo la mano en el uso de las nucleares hay suficiente. Una solución es construir centros de datos en el espacio, donde pueden recibir una radiación solar fuertísima y totalmente estable. ¿Y quién tiene la posibilidad de llevar todos esos materiales al espacio, como ha hecho con los satélites? Pues Elon Musk, vía Space X. Cierto, no es Tesla, pero nuestro ejemplo es para identificar potencial de crecimiento en el desarrollo de la IA, los nombres aquí son secundarios.

Esto nos lleva a identificar otro curioso ganador: Arabia Saudita. Sol y petróleo de sobra para los centros de datos. Por eso Elon Musk y Jensen Huang, fundador de Nvidia, han firmado un contrato multimillonario para instalar allí una gigantesca factoría. Como ha dicho un ministro saudí, Arabia Saudita pasará de ser refinería de petróleo a ser (también) factoría de inteligencia artificial. "Powered by Saudí Arabia", ha dicho. Ojo al dato.

¿Qué tiene que ver esto con una estrategia utilizando fondos de inversión y ETF, que es mi negociado? Pues que es un ejemplo de hacia dónde hay que mirar a la hora de buscar los activos, sectores e incluso países que más se puedan beneficiar de algo tan grande. Y no nos olvidemos del hardware, es decir, los minerales y materias primas que se van a necesitar en esos centros de datos y todos los componentes de los mismos. Esos también se pueden poner a tiro en una corrección. Ahora corresponde a cada asesor financiero ponerle el lazo a la paloma, para saber qué deben comprar sus clientes cuando se produzca esa corrección.

Que todo el mundo hable de que hay una burbuja en torno a la inteligencia artificial tiene sus ventajas. La primera es que, a más consenso, menos probabilidades de que ocurra. Al menos en el corto plazo. La mayoría de las burbujas que han explotado han pillado por sorpresa a la mayoría de inversores y analistas.

Inversores SpaceX Tesla
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