¿Cómo evitar un nuevo Gowex?

Se dice que los cortos hacen leña del árbol caído porque se lucran cuando las empresas tienen problemas. Por el contrario, no se suele mencionar que pierden en los mercados alcistas

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Juan Gómez Bada

Los inversores que toman posiciones cortas o vendidas en acciones u otros títulos habitualmente son calificados como buitres y demonizados por los directivos de las cotizadas y por muchos políticos. Lo que diferencia a estos inversores es que ganan cuando los valores bajan, es decir se benefician en los momentos en los que la mayoría pierde. Se dice que hacen leña del árbol caído porque se lucran cuando las empresas tienen problemas. Por el contrario, no se suele mencionar que pierden en los mercados alcistas, cuando la generalidad de los inversores gana. Son un tipo de inversor muy útil para el mercado porque corrigen muchos excesos y malas prácticas de las empresas cotizadas.

Pongamos un ejemplo de una venta en corto. Si un inversor estima que las acciones de Santander están muy caras, puede pedir prestados títulos de ese banco a un plazo, pongamos seis meses, y vender esos títulos en mercado. Imaginemos que pide prestadas 100.000 acciones al 2% de tipo de interés anual y las vende a 6 euros por acción. Si al finalizar los seis meses las acciones están a 5 euros por acción podrá comprarlas a ese precio y entregarle las acciones a quien se las prestó. Habrá ganado 100.000 euros por la venta en corto (un euro por acción) y tendrá que pagar intereses a quien le prestó los títulos del 1% (al ser medio año) del valor inicial de las acciones, 600.000 euros. Es decir, su ganancia neta serán 94.000 euros (100.000 menos 6.000 euros de intereses). Si por el contrario, al terminar los seis meses las acciones valen 7 euros habrá perdido 106.000 euros, un euro por acción más los intereses del préstamo de valores.

Explicaré ahora por qué son necesarios estos inversores. El trabajo de las áreas de relación con inversores de las empresas que cotizan en bolsa consiste en buscar y exponer argumentos para generar expectativas a los inversores de fuerte potencial de revalorización de la acción. Muchas veces estas funciones las asumen personalmente directivos del más alto nivel de esas compañías. El principal problema es que el área de relación con inversores es quien suministra la información de la evolución de la compañía al mercado y nadie sabe mejor que ellos cuál es la verdadera distancia entre la realidad y lo que venden.

Los cortos son muy útililes porque corrigen muchos excesos y malas prácticas de las cotizadas

Cuando tienen éxito en su desempeño el precio de las acciones se dispara. A veces la mejora de las expectativas está sustentada por un aumento real de los beneficios esperados, pero en muchas otras ocasiones, la percepción de los inversores cambia simplemente porque han `comprado´ los argumentos expuestos por las compañías.

Realizar un buen análisis es complicado, porque si las cifras contables son manipulables a pesar de la vigilancia de los reguladores y auditores, las principales magnitudes operativas de las sociedades lo son mucho más. Se trata de indicadores de contabilidad de gestión o analítica, márgenes y ratios, de todo tipo. Los inversores y analistas piden esos datos para analizar las compañías y las entidades los publican. No obstante, a medida que un margen o ratio de cualquier tipo es seguido de cerca por los inversores, aumentan los motivos de la compañía para maquillarlo y enseñar su mejor cara. Se puede falsear tanto el numerador como el denominador de un ratio y tanto el minuendo como el sustraendo de un margen.

Los departamentos de relación con inversores no solamente pueden alterar los valores de los márgenes o ratios en función de lo que consideren que entra o queda fuera, sino que pueden informar de las magnitudes operativas en las que salgan bien y omitir o agregar datos para dificultar el análisis de aquellas en las que los números sean más desfavorables. Por otro lado, a la hora de presentar sus resultados, pueden compararse solamente con los competidores que les convenga y utilizar gráficos en los que pueden seleccionar el espacio temporal más beneficioso para que parezca que la evolución y tendencia es excepcional.

Pongamos ejemplos. Una compañía puede aumentar el número clientes incluyendo en el dato los clientes de filiales que anteriormente no consolidaba o clientes inactivos que antes no tenía en cuenta. Por otro lado, si lo que interesa en cambio es la rentabilidad por cliente, puede considerar solo los clientes de la matriz y las filiales más rentables o clasificar como gastos estructurales (fuera de ese margen) importes que debieran imputarse en esos ratios (publicidad, salarios de la fuerza comercial, gestión de incidencias, etc). Si no quiere enseñar el margen por línea de negocio puede dar los datos por país o región de forma que no se pueda analizar. Puede presentar un gráfico creciente en resultados de 2012 a 2014 pero si se amplía el espacio temporal se aprecia una fuerte caída desde 2005. En la nueva escala, los datos de 2012 a 2014 parecerían planos o estancados en la parte baja. Realmente no hay datos, márgenes o ratios que no sean manipulables y la impresión que se llevan los inversores puede cambiar mucho con un buen trabajo de maquillaje.

Los supervisores no tienen recursos suficientes para vigilar estas comunicaciones, pero pueden fomentar que los inversores puedan vender acciones de las compañías sobrevaloradas y se beneficien de sus caídas. Con el aumento de este tipo de inversores, los directivos de las cotizadas moderarán sus discursos para no ser pillados y se disminuirá la probabilidad y tamaño de los engaños.

Fomentar que los inversores vendan acciones de compañías sobrevaloradas y beneficiarse de la caída

Dicho esto, considero que en determinadas ocasiones de pánico generalizado en los mercados financieros es razonable los reguladores prohíban el incremento de posiciones cortas en el mercado en su conjunto o en algún sector en particular para ayudar a estabilizar las cotizaciones. A veces, las bajadas muy bruscas en precios de las acciones pueden dificultar enormemente la gestión de las empresas rentables e incluso llevarlas a la quiebra. Aunque las bajadas no reflejen la situación real de la compañía y lo más probable es que las cotizaciones recuperen los niveles anteriores en poco tiempo, si los clientes, acreedores o proveedores de las empresas dejasen de contratar con la cotizada por desconfianza, podrían dañar realmente su valor o incluso su viabilidad.

Por ello es importante compatibilizar las medidas que puedan ponerse en marcha para estabilizar los mercados con dar seguridad jurídica a los inversores que realizan operaciones vendidas de valores. En ningún caso deberían prohibirse para un único valor u obligar a los inversores que ya han vendido a comprar títulos para cerrar la posición corta. Si se quiere impedir que rumores o informaciones falsas perjudiquen a un determinado valor es preferible suspenderlo de cotización hasta que se aclaren los hechos que han provocado las caídas. Por definición, tanto los compradores como los vendedores deben tener la misma información, derechos y obligaciones de comunicar públicamente si concentran participaciones significativas. Afortunadamente cada vez los reguladores de los mercados occidentales actúan mejor y son más conscientes de esto.

Juan Gómez Bada, asesor de Avantage Fund

Tribuna Mercados
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