El dilema de los bancos centrales

Deben elegir entre hacer frente a la deflación manteniendo tipos de interés bajos y comprando deuda (QE) o contener el elevado endeudamiento dejando de comprar deuda y subiendo los tipos

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Juan Gómez Bada

La Reserva Federal, el Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón supervisan la evolución de unas economías que se encuentran en situaciones diferentes, sin embargo las cuatro instituciones se enfrentan a la misma disyuntiva.

Deben elegir entre hacer frente a la deflación manteniendo tipos de interés bajos y comprando deuda ('Quantitative Easing') o contener el elevado endeudamiento dejando de comprar deuda y subiendo los tipos de interés.

Si las autoridades monetarias no hubiesen mantenido en el pasado unas políticas fuertemente expansivas, estaríamos sufriendo severas y mantenidas caídas de los precios (deflación). La revolución de las tecnologías de la información cada vez nos permite producir con costes más bajos y está haciendo caer el precio de la mayoría de los bienes y servicios. La reciente bajada de los precios de las materias primas unida a las devaluaciones de las divisas de muchos países exportadores de las mismas también se traducirán en menores precios finales de los bienes y servicios que llegan al consumidor.

Por otro lado, las economías se están acostumbrando a los bajísimos tipos de interés y a la fuerte demanda de deuda. Como consecuencia, el endeudamiento público y privado global sigue aumentando tanto en términos nominales como en relación al PIB. Nos estamos olvidando de los riesgos de la deuda, subida de tipos y/o imposibilidad de renovación por desconfianza en la capacidad de pago, y muy posiblemente sea el detonante de la próxima crisis financiera.

Nos estamos olvidando de los riesgos de la deuda, subida de tipos y/o imposibilidad de renovación por desconfianza en la capacidad de pago

Pongamos ejemplos de cómo poco a poco nos acostumbramos a tipos cercanos a cero. Los gobernantes están viendo cómo la deuda pública que generan no supone una disminución de su presupuesto del ejercicio siguiente porque no tienen que pagar apenas intereses. Las empresas con alta calidad crediticia hacen sus números asumiendo un bajo coste de la deuda, lo que les genera mayores beneficios. Y por último, las empresas con menor calidad crediticia dan por hecho que cuando venzan los créditos actuales podrán renovarlos a tipos de interés razonables. ¿Qué ocurrirá cuando los políticos vean que tienen que dejar de hacer gasto social o inversión pública para pagar unos intereses más elevados? ¿Qué pasará con las estimaciones de beneficios de las empresas más solventes si sube el coste de la deuda? ¿Sobrevivirán las empresas con mayor riesgo crediticio si se les niega la renovación de su deuda?

Lo ideal sería encontrar una nueva manera para que los bancos centrales aumentasen la oferta monetaria sin provocar un aumento del endeudamiento. Excluyendo la opción de regalar dinero, una buena forma podría ser que las autoridades monetarias invirtiesen directamente en el capital de las empresas de manera muy limitada y objetiva. Esto ayudaría a solventar la deflación y el elevado nivel de deuda. El problema es que si el endeudamiento crea adicción, la entrada de los bancos centrales en el capital de las empresas probablemente resultaría ser una droga mucho más dura. Los efectos económicos de la salida del capital de las empresas posiblemente serían peores que los de una subida de tipos.

No obstante, se podría actuar de una manera responsable y comedida para generar un crecimiento más equilibrado. Por ejemplo, una compra de un banco central del 0,1% del capital que cotiza en bolsa ('free float') de cada empresa, unida a la paralización de la compra de deuda y subida de tipos de interés, cumpliría el doble objetivo de evitar la deflación y reducir los incentivos al endeudamiento. Los instrumentos de política monetaria son peligrosos, pero si se utilizan en dosis muy pequeñas y de manera puntual, las drogas pueden llegar a convertirse en medicinas.

Termino indicando que, en mi opinión, en una situación en la que haya que elegir entre estabilidad de precios y crecimiento, los bancos centrales deben escoger el primer objetivo porque es donde su instrumento (oferta monetaria) es más efectivo. Corresponde a quienes dirigen la política fiscal (gobernantes) realizar reformas estructurales que aseguren un crecimiento sostenible de las economías.

Juan Gómez Bada, director de inversiones de Avantage Fund


 

Tribuna Mercados
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