¿Debería ser este el último G-7?

Cuando fue creado este club, sus miembros representaban la mitad de la economía global. Tenía sentido que se reunieran pero ahora, décadas después, ya no dominan el mundo

Foto: Un grafiti que reza G7-Ez (G7-No) en una calle de Bayona, cerca de Biarritz. (Reuters)
Un grafiti que reza "G7-Ez" (G7-No) en una calle de Bayona, cerca de Biarritz. (Reuters)
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La cumbre del G-7 fue creada hace mucho tiempo, cuando estos siete países representaban cerca de la mitad de la economía global y la mayoría de sus mercados financieros. Entonces tenía sentido que los líderes se reuniesen de vez en cuando para discutir los problemas económicos globales clave. Los comunicados al final de aquellas cumbres solían ser tibios y no tenían ningún tipo de impacto real. Pero los encuentros en sí eran útiles debido a su formato informal, permitiendo a los dirigentes de estos siete países conocer a sus homólogos.

En términos económicos, las naciones que forman el G-7 ya no dominan el mundo. Estados Unidos todavía tiene una economía clave a nivel global, pero el peso relativo de los países europeos y Japón se ha visto muy reducido en las últimas décadas. El total de las economías del G-7 ahora representa menos de un 30% de la economía global si esta se mide en términos de poder adquisitivo. Tampoco el G-7 representa el futuro. Sus miembros apenas supondrán un cuarto del crecimiento global que se espera para los próximos años.

En el pasado, uno podía llegar a argumentar que las naciones del G-7 tenían una perspectiva económica y política parecida. El club representaba entonces los valores políticos de Occidente. Ya no. EEUU, líder económico del G-7, considera que ha salido perdiendo del orden político y económico que él mismo construyó en su día. Esta distorsión, situada en el corazón de Occidente, se puede apreciar a través de varios desarrollos.

El mayor problema económico de hoy es la guerra comercial de EEUU con China. La mayoría de las demás naciones del G-7 también tienen problemas con China, pero ninguna de ellas está de acuerdo con el deseo de Donald Trump de pulverizar el actual sistema liberal de comercio a nivel global. Sin embargo, el comercio probablemente ni siquiera haga acto de presencia en la agenda de la cumbre y lo más seguro es que Trump ni siquiera mantenga en consideración la opinión de los otros líderes del G-7. No ha sido coincidencia que China anunciara una subida en los aranceles sobre los bienes estadounidenses justo en el momento en el que la cumbre arrancaba. Es un símbolo de lo poco que el G-7 significa para las naciones relevantes.

La ciudad de Biarritz, preparada para acoger el G-7. (Reuters)
La ciudad de Biarritz, preparada para acoger el G-7. (Reuters)

El cambio climático también es otro ejemplo de la disrupción a la que está sometido Occidente. Esta cumbre del G-7 también discutirá los incendios en Brasil. Estos incendios representan una amenaza global porque la selva Amazónica supone un desagüe clave para el dióxido de carbono. Sin embargo, esto también es un problema sobre cómo el G-7 no puede hacer nada al respecto. La economía brasileña, si se mide en términos de poder adquisitivo, ahora es más grande que la de cuatro de los miembros del G-7 (un poco por encima también de la francesa). Pero Brasil no está representado en el grupo y su gobierno ha dejado claro que no recibirá órdenes de sus líderes.

No se debería esperar demasiado de una reunión entre un pequeño grupo de líderes que no están de acuerdo en lo fundamental de una serie de problemas clave.

Hoy en día, el G-7 ha degenerado hasta quedarse en una oportunidad de 'salir guapos en la foto', con los participantes valiéndose de la ocasión para reafirmar su posición política de cara a sus países de origen.

Tribuna Mercados
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