CAMBIO CLIMÁTICO

Indudable, se descarbonizan las carteras de inversión

Dada la velocidad a la que se presentan los cambios en el nuevo milenio, parece que haya transcurrido suficiente tiempo como para observar algún cambio de calado en la gestión

Foto: Cambio climático
Cambio climático

Han pasado cuatro años desde la firma del Acuerdo de París y la Agenda 2030, doce desde que se adoptara el Protocolo de Kyoto, y casi medio siglo desde que la primera Cumbre de la Tierra tratase sobre el medioambiente y el cambio climático. Dada la velocidad a la que se presentan los cambios en el nuevo milenio, parece que haya transcurrido suficiente tiempo como para observar algún cambio de calado en la gestión de la amenaza del calentamiento global, más allá del buen hacer de organismos, instituciones e imposiciones regulatorias.

Aunque conocer el comportamiento del clima resulte complicado debido a la cantidad de variables interrelacionadas y el efecto humano, la evidencia en la aceleración del calentamiento, apoyada por la mayoría de científicos especializados, recuerda al ser humano que sus acciones tienen consecuencias sobre la naturaleza, como ya escribía en otro ámbito Rachel Carlson en su “Primavera silenciosa” de 1962.

La mitigación y adaptación al cambio climático están ya presentes en las agendas de empresas y gobiernos, ante lo que denominan “la emergencia climática”. Pese al alarmismo generado por los informes del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change), la publicación de 2018 señalaba que algunas medidas necesarias para limitar el calentamiento global a 1,5°C estaban en marcha, aunque avisando, al igual que hizo este año la London School of Economics en su informe sobre el estado de la transición energética, que, en empresas fuertemente emisoras “...el sector corporativo está mejorando su planificación y rendimiento respecto al clima, pero no lo suficientemente rápido. Podemos ver que apenas el 12% de las empresas planean reducir las emisiones a la tasa requerida para mantener el calentamiento global por debajo de 2°C.”

Aunque se espera que la UE cumpla con sus objetivos de bajo carbono para el 2020, la clave para lograr los objetivos en el medio-largo plazo será la urgencia en la disminución de las emisiones netas globales de dióxido de carbono de origen humano. La respuesta debe contar con el empuje del sector financiero, que necesitará de un marco claro (facilitado por el Acuerdo de París y la Agenda 2030). Ello, junto con la variación en los precios del carbono, la taxonomía recién publicada por la Comisión Europea para impulsar la inversión ambientalmente sostenible, la clasificación como bonos verdes y otras etiquetas por llegar, junto con la integración de los criterios ambientales en las carteras, deberá mitigar en lo posible el “riesgo de carbono”.

Los flujos de capital se alejan de aquellas empresas que ignoran la necesidad de evitar ese incremento de 2ºC. Uno de los caminos de la descarbonización, la desinversión en activos intensivos en carbono, comenzó incluso antes del Acuerdo de París, y continúa imparable, con la reciente aceptación del llamado Fondo del Petróleo (Fondo Soberano de Noruega) para desinvertir 11.000 millones de euros en petróleo y gas e invertirlos en renovables.

Pero no es tan sencillo. Gestoras especializadas en inversión socialmente responsable, enfocan la descarbonización sintiéndose responsables de dónde invierten su dinero, y no sólo financieramente. Resulta clave la interacción con la empresa de manera activa buscando disminuir emisiones, y la medida de estas en la cartera.

Para ello es imprescindible que, aparte del inversor institucional, más cercano a este tipo de inversión responsable de largo plazo, el inversor privado se muestre más activo a la hora de influir en el futuro de la sociedad. Para ello hay que poner a su alcance diferentes opciones, aparte de la medida ambiental de sus carteras, como fondos que favorecen la descarbonización con temáticas específicas de energía inteligente (“Smart Energy”), materiales inteligentes (“Smart Materials”), vehículo eléctrico, o los cumplimientos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) por las empresas.

Conocer la huella de carbono es necesario, pero no suficiente para medir el efecto en los activos, al aportar únicamente la foto de las emisiones generadas por el ciclo de vida de un producto. En un mundo con importantes metas de reducciones de emisiones es necesario conocer la hoja de ruta que posicionará a la empresa respecto a esos objetivos.

Marcha Nacional contra el Cambio Climático en Londres (Efe)
Marcha Nacional contra el Cambio Climático en Londres (Efe)

Pese al incremento demográfico, y sin menospreciar el papel de transición del gas natural, la electrificación desde el lado de la oferta y la demanda, con caídas de precios en generación renovable de hasta un 75% en siete años, y la mejora en eficiencia energética entre otros factores, suponen una solución para independizar el crecimiento económico de las emisiones de CO2.

En los inicios de la Revolución Industrial, el ciudadano desconocía encontrarse inmerso en un cambio que resultaría drástico para la humanidad, sin embargo, hoy, más conscientes y mejor informados de los peligros reales, será el inversor quien pueda decidir ser responsable y convertirse, sin menoscabo de su rentabilidad financiera, en garante a futuro del planeta en el que vive.

“Cada individuo es hijo de su tiempo” decía Hegel, y en este nuestro tiempo, estamos obligados a actuar de manera urgente para que ciertos cambios que se adivinan irreversibles no menoscaben tiempos futuros.

Ana Claver Gaviña, CFA, es Directora Ejecutiva Robeco España y Chile
Luis de la Torre, Dr. Ingeniero, es consultor especialista en sostenibilidad de Robeco

Tribuna Mercados
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