La inversión de impacto, al rescate del capitalismo

La multitud de definiciones y estilos de inversión relacionados hacen que, quien esté interesado, deba informarse bien para comprender las posibilidades existentes

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Inversión sostenible

Para el común de los mortales, la inversión sostenible es algo de lo que empieza a oír hablar, pero que no termina de entender. La multitud de definiciones y estilos de inversión relacionados hacen que, quien esté interesado, deba informarse bien para comprender las posibilidades existentes, y cómo participar para no perder oportunidades. Se trata de un mercado que no solo está en crecimiento, sino que los gestores de inversión adelantan que en un futuro “si no es sostenible, no será”.

De los $46.6 billones de activos gestionados profesionalmente en EEUU, uno de cada cuatro dólares ($12 billones) considera ya los principios sostenibles, según el US SIF (2018). A nivel global, en 2018 la inversión sostenible superaba los 30 billones de USD de la mano de Europa y Estados Unidos. Con unos riesgos más calculados y unas rentabilidades financieras que bien igualan o superan en muchos casos a los fondos convencionales, su crecimiento impera.

Huyendo del reduccionismo convencional de la inversión en siglos pasados que atendía únicamente a términos económicos, hoy encontramos una realidad que cohabita con unos riesgos no siempre lineales y bastante complejos. A largo plazo se vuelve imprescindible considerar los parámetros ambientales, sociales y de buen gobierno (ASG) si observamos el deber fiduciario de quien gestiona las inversiones.

Este nuevo paradigma invita al inversor a interesarse por la inversión sostenible, donde encuentra una mayor atención a los riesgos y oportunidades, y por tanto una toma de decisiones mejor informada.

La evolución desde una inversión centrada únicamente en el accionista y el corto plazo, hacia una inversión más holística, que tenga en cuenta el resto de grupos de interés que pertenecen a la esfera de actuación del negocio de la empresa, se está imponiendo paulatinamente. Es mera lógica.

Sin embargo, el siguiente paso en la inversión responsable es más revolucionario, se trata de la inversión de impacto.

La inversión de impacto, como escalón consecutivo en las categorías de inversión responsable, supone un concepto al que muchos consideran ajeno. Sin embargo, economistas de la relevancia de Michael Porter, profesor en la Escuela de Negocios de Harvard y considerado padre de la estrategia empresarial, ya se mostraban preocupados en 2011 cuando este escribía que el “capitalismo está bajo asedio” en su movilizador artículo sobre la Creación de Valor Compartido. La visión de las empresas como principales causas de los problemas sociales, ambientales y económicos obligaba a ampliar el enfoque del rendimiento financiero a corto plazo, buscando una solución que comparta esa creación de valor económico de manera que el mismo se cree también para la sociedad.

El capitalismo crea prosperidad

No es tanto un descubrimiento como un nuevo enfoque sobre una necesidad patente en una sociedad que se anima, como Saturno, en devorar a sus propios hijos. El capitalismo crea riqueza y prosperidad para todos y, aunque más para otros que para unos, el estado de bienestar está accesible para todas las personas, tanto con menos como con más recursos.

El capitalismo, comentaba en una entrevista el pensador español A. Escohotado, es la sociedad que surge de tecnificar y sistematizar la innovación, frente a lo anterior que surgía de tecnificar y sistematizar la coerción, la presión sobre los demás, el terror, la censura, la ortodoxia.

Para quien no lleve tiempo al tanto del sector de la inversión, puede parecerle extraño que un inversor arriesgue su dinero con un beneficiario principal como la sociedad, dando la impresión de que esto es únicamente responsabilidad del estado o de ayuntamientos y comunidades.

Pero la realidad es que la consciencia social gana posiciones entre la población en general, y los inversores en particular. Hace años, no nos planteábamos en cuántos metros cuadrados vivían las gallinas ponedoras, ahora, al hacer la compra preferimos adquirir huevos de aquellas que deambulan libremente por el campo. Y es que hoy se invierte el dinero pensando más allá de la rentabilidad exigida, esto se constata con el fuerte crecimiento de estas inversiones ASG, y en cómo las propias gestoras de inversión apuestan por ello y se preocupan de traer al mercado productos que hagan partícipe de estas ventajas al inversor.

La creciente inversión de impacto trata de alcanzar un impacto social o ambiental positivo y medible, a la vez que un retorno financiero. Es un concepto de inversión alejado de la filantropía y su necesaria generosidad, pero también se distancia de la inversión convencional, que únicamente observa su beneficio económico.

Hace años el inversor no veía más allá del cortoplacismo de su beneficio monetario directo, hoy comprende que el resto de actores influyen en su futuro beneficio, así como el cuidado del medioambiente donde interactuamos. La atención a nuestro entorno social resulta clave si queremos mantener la sociedad tal y como la conocemos, pero siendo más justa y con menores desigualdades.

Aunque K. Marx y otros aventuraran el fracaso del capitalismo, preferimos darnos la posibilidad y alinearnos con C. Darwin cuando pensaba que, quien mejor se adapta es quien sobrevive. Así pues, la inversión como figura clave del capitalismo debe evolucionar y contribuir en la busca de una sociedad más justa. Demos la bienvenida a la inversión de impacto.

*Ana Claver Gaviña, CFA, es Directora Ejecutiva Robeco España y Chile.
*Luis de la Torre, Dr. Ingeniero, es consultor especialista en sostenibilidad de Robeco

Tribuna Mercados
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