La desintermediación en los pagos: más allá del sector financiero

Aquellas entidades que consigan ofrecer soluciones sencillas de pago o puedan aprovechar la información de sus clientes para hacerles ofertas personalizadas controlarán la relación con su cliente

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*Mariona Pericas, asociada sénior, y Jorge Ferrer, socio de finReg360

La velocidad de la digitalización en los últimos años está transformando todos los sectores de la economía y, en estos últimos meses, la crisis sanitaria y económica provocada por el covid-19 no ha hecho sino acelerar esta necesidad. Y es el sector de los medios de pago una pieza angular en este proceso, puesto que vertebra las relaciones entre consumidores y empresas de todos los ámbitos de la economía en algo tan trascendental como el pago de bienes y servicios.

Con anterioridad a la publicación de la segunda Directiva de servicios de pago, conocida como PSD 2, los grupos bancarios canalizaban la inmensa mayoría de los pagos. Sin embargo, esta normativa facilita que otras entidades, con menores requisitos regulatorios, como son las entidades de pago o las entidades de dinero electrónico, puedan ganar peso en un sector donde la tecnología y la experiencia como usuario resultan claves.

Garantizar una buena experiencia en el momento del pago y dejar de depender de terceras entidades que, por su coste, nivel de servicio o simplemente porque sean competidores en otros ámbitos perjudiquen la relación con los clientes finales o deterioren la cuenta de resultados del prestador de los servicios o los bienes, se está convirtiendo en una prioridad para muchos empresarios.

Numerosos estudios confirman que un proceso de pago lento o complejo puede provocar la pérdida de la venta e incluso del potencial cliente. Asimismo, para productos o servicios de bajo coste, un precio excesivo de los servicios de pago puede llegar a suponer un producto final poco atractivo para su venta. Finalmente, el hecho de que hasta la PSD 2 el sector de los pagos estuviera monopolizado por los grupos bancarios provocaba un conflicto de intereses cuando estos prestaban sus servicios de pago a clientes que quisieran contratar productos de otras entidades financieras, como entidades aseguradoras o empresas de servicios de inversión, que compitieran con ellos.

Este es el motivo por el que nos encontramos ante una revolución sin precedentes que, aunque esté originada en una normativa financiera, afecta en muchos aspectos de nuestra vida cotidiana.

De un lado, la crisis en la que nos hallamos está provocando intensos debates para restringir el uso de efectivo, cuestión en que muchos coinciden en que contribuiría a la lucha contra el fraude fiscal, y que pensamos que es una tendencia que no puede sino consolidarse.

De otro, no hay día en el que no veamos cambios en el sector de los pagos. La posibilidad de contagio en el intercambio de moneda o las restricciones respecto a la movilidad han permitido que los pagos con tarjeta no necesiten autorizarse por importes menores de 50 euros (en lugar de 20, como venía siendo habitual de un día para otro) o medios de contratación telemática de todo tipo de bienes o servicios, incluidos los financieros, que hasta hace poco considerábamos impensables.

En lo que se refiere a los servicios de pago, en las últimas semanas hemos visto como PayPal ha desplegado en numerosos países pagos en códigos QR o como Google o Caixabank ofrecen soluciones de pago por identificación biométrica (voz o cara, entre otros). Además, tras la aprobación de la PSD 2, se regulan nuevos servicios de pago, como los de agregación de cuentas y de iniciación de pagos, que están contribuyendo decisivamente a esta revolución.

El servicio de agregación permite al usuario obtener información agregadas sobre sus finanzas personales. Además del valor intrínseco de este servicio, la información agregada del cliente les permite a estas nuevas entidades ofrecerle otros servicios de valor añadido, como ofertas personalizadas para la compra de otros bienes o servicios o la obtención de financiación para poder adquirirlos, entre otros. Por su parte, el servicio de iniciación permite realizar pagos en los comercios entre distintos usuarios o facilitar la gestión de proveedores, por ejemplo, ordenando una transferencia desde la cuenta de pago, de una manera fácil y sencilla y sin tener que acudir a tu banco.

Pocas normas financieras nos afectan tanto como la PSD 2

En este contexto, confluyen un amplio conjunto de nuevas empresas que proponen soluciones de pago innovadoras. Así, sectores no bancarios que internalizan, directamente o de la mano de otras empresas, soluciones de pago. Entidades no financieras como los gigantes tecnológicos (Apple, Facebook o Google, entre otros) que se posicionan también en el sector financiero. Y entidades bancarias tradicionales que invierten decisivamente en tecnología o en acuerdos con algunos de los anteriores, para mejorar sus servicios.

A la postre, todo lo anterior, como ocurre con la mayoría de los mercados que dejan de ser un oligopolio, produce una bajada de precios y una mejora en los servicios. Es algo de lo que todos debemos felicitarnos, puesto que, además de ser uno de los objetivos primordiales de la PSD 2, contribuye a mejorar nuestra experiencia en la compra de todo tipo de bienes y servicios.

Al mismo tiempo, no hay que olvidar que aquellas entidades que consigan ofrecer soluciones sencillas de pago o puedan aprovechar la información de sus clientes para hacerles ofertas personalizadas controlarán la relación con su cliente y al controlar el canal de distribución, podrán desintermediar a sus competidores.

Pocas normas financieras nos afectan tanto como la PSD 2. Las empresas ya son conocedoras de ello y estamos asistiendo en primera línea a una revolución en los medios de pago que solo empezamos a vislumbrar. Habrá que estar muy atentos.

Tribuna Mercados
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