Legitimidad y credibilidad a las puertas de la nueva ola

Aún no sabemos qué es una crisis de oferta en la edad de la globalización (la anterior fue en los 70), pero sí podemos suponer que será uno de esos escenarios que nos ubiquen en un equilibrio nuevo,

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Las economías golpeadas por el COVID 19 se enfrentarán a un resurgimiento de las restricciones de la oferta avistadas en marzo, con nuevas disrupciones en las cadenas de valor y suministros que se reflejarán de nuevo en ajustes a la baja en la producción manufacturera global. Además, dado el desarrollo de la crisis, lamentablemente lo peor podría estar aún por llegar.

Aún no sabemos qué es una crisis de oferta en la edad de la globalización (la anterior fue en los 70), pero sí podemos suponer que será uno de esos escenarios que nos ubiquen en un equilibrio nuevo, de menor crecimiento, más desigualdad y mayor fragilidad política y social.

Expectantes en conocer cómo responderán esta vez los gobiernos, habida cuenta que se agotan los estímulos para amortiguar el impacto. Por otro lado, existe, además, cierto consenso sobre la limitada utilidad de los estímulos de demanda en los países desarrollados y en los elevados costes a corto plazo en los países emergentes en términos cambiarios y soberanos.

Es por eso que creo que ya no se trata de cuantificar una respuesta, sino en acertar en el modelo de respuesta necesario en la segunda ola. La política económica no encontrará soluciones en los remedios de la anterior, sino que es necesario activar un nuevo enfoque. ¿Cuál? Ni idea, pero lo que sí podemos suponer es que la eficacia de cualquier respuesta determinará y será determinada por la legitimidad percibida de los gobiernos.

Ahora buscamos respuestas en la legitimidad y modelo de gestión de otros ¿Deberíamos fijarnos en Singapur? Allí la confianza en el gobierno es elevada, lo que facilita la aceptación de medidas de contención duras (y bien preparadas); ¿O el espejo debería ser China? Allí el gobierno ha recibido aplausos por sus medidas de control, pero también ha sido criticado por su lentitud en la respuesta después de que el virus emergiera por primera vez en diciembre.

Lejos de querer aplaudir autocracias, pongamos el ejemplo de Italia o Japón, donde los gobiernos se han visto desacreditados por sus respuestas a sus propios brotes. Y en Estados Unidos existe un abismo entre la descripción que hace la Casa Blanca de la amenaza del COVID 19 y la de los profesionales científicos de los Centros para el Control de Enfermedades.

Es, por tanto, políticamente difícil para las democracias imponer controles draconianos a sus votantes; es aún más difícil si esos gobiernos son impopulares o considerados incompetentes. Cuanto más débil es el gobierno, mayor es el potencial para que se dé el juego de culpas políticas. Y en España, el país con más contagios de Europa occidental, podría empezar pronto la partida.

Tribuna Mercados
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