El comercio como herramienta, no como razón en sí mismo
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Gonzalo de Cadenas-Santiago

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El comercio como herramienta, no como razón en sí mismo

Siendo la cuestión del comercio internacional de creciente debate, los acontecimientos mencionados en el párrafo anterior se reflejan con fuerza en el Trade Policy

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Biden en su visita a la UE (EFE)

La política comercial mundial se encuentra en una fase de transición dominada por una creciente asertividad nacional, que se ha establecido, principalmente, en Estados Unidos y Europa. Aunque se sigue hablando de los beneficios del libre comercio, en la actualidad este debate suele ir acompañado de referencias a la necesidad de garantizar que el comercio sea justo y ofrezca beneficios claros, sobre todo en lo que respecta al retorno de puestos de trabajo en el sector manufacturero en los países desarrollados. Además, en torno al replanteamiento del comercio internacional, se suman tensiones crecientes entre Estados Unidos, Europa y China.

Siendo la cuestión del comercio internacional de creciente debate, los acontecimientos mencionados en el párrafo anterior se reflejan con fuerza en el Trade Policy Review (TPR) de la UE. Para hacerse una idea de la importancia que le otorga el TPR al papel del comercio en época de transformación económica, solo hay que remitirse al título de su primera sección: “La política comercial europea en un momento de transformación económica e inestabilidad geopolítica".

Por su relevancia, este documento debe considerarse junto con otras prioridades políticas, como el Green Deal (acuerdo en pro de la sostenibilidad ambiental), las medidas de ajuste fronterizo del carbono (Carbon Border Adjusment Measures, CBAM) y la Estrategia Industrial. En este sentido, el Trade Policy Review trae a la palestra el carácter instrumental del comercio frente al crecimiento y bienestar, ya que establece que la revisión de la política comercial de la UE pretende responder a las prioridades económicas nacionales y al cambiante panorama geopolítico mundial.

Foto: (Reuters) Opinión

En conjunto, el TPR apunta a las prioridades transversales de la UE de fortalecer la economía nacional, garantizar que el comercio sea justo a través de la regulación y el cumplimiento de los acuerdos comerciales, abordar el cambio climático y reactivar la OMC.

En línea con lo comentado anteriormente, es importante darse cuenta de que la estrategia lanza un claro mensaje: que la UE ya no ve los acuerdos de libre comercio como un fin en sí mismo, sino como un instrumento más -junto a herramientas como las Medidas de Ajuste en Frontera por el Carbono (CBAM) y el Instrumento de Contratación Pública Internacional- para proteger la economía interna y aumentar la influencia global de la UE en materia de cambio climático, derechos humanos y normas laborales.

Por lo tanto, las prioridades nacionales e internacionales de la UE están entrelazadas: al imponer nuevas normativas a los productores nacionales y protegerlos al mismo tiempo, la UE espera obligar a los socios comerciales internacionales a aplicar normas reglamentarias similares.

Además de utilizar nuevas herramientas políticas, la Comisión también dará prioridad a mejorar la aplicación de los acuerdos

Además de utilizar nuevas herramientas políticas, la Comisión también dará prioridad a mejorar la aplicación de los acuerdos comerciales existentes, así como a utilizar dichos acuerdos para mejorar las normas reguladoras internacionales. Para poder llevar estas ideas a cabo, el principal reto para la Comisión será encontrar un consenso sobre cómo hacer cumplir la normativa a nivel mundial sin socavar el comercio.

En mi opinión, y como conclusión, esto tendrá tres efectos principales: en primer lugar, la agenda comercial cada vez más proteccionista de la UE corre el riesgo de crear tensiones políticas con los socios comerciales. En segundo lugar, una cooperación más estrecha entre la UE y EE.UU. en materia de comercio, entre otros ámbitos, debilitaría las perspectivas de unas relaciones más sólidas de la UE con China. Por último, a medida que las viejas industrias mueren, la población envejece y la UE avanza hacia la digitalización, Europa podría ser más dependiente de la innovación extranjera.

*Gonzalo de Cadenas-Santiago, director de análisis macroeconómico y financiero de MAPFRE Economics.

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