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¿Invierto en España o en otro país?

La economía española, en general, tiene una gran dependencia de los inversores extranjeros, y todos, incluido el Gobierno, debemos aceptarlo y actuar en consecuencia

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Esta pregunta se hacen los miles de inversores que, desde sus despachos de Londres, Qatar, Nueva York, Frankfurt o Pekín, deben decidir cada día qué activos compran y cuáles venden.

Desde hace décadas, la propiedad de las grandes empresas cotizadas en España ha ido cambiando de manos. La banca y las grandes familias nacionales han perdido su protagonismo y, sin embargo, los inversores extranjeros han pasado, desde el año 2008 al 2021, de tener el 38% de las acciones cotizadas a superar el 50%. Y, además, esos inversores foráneos han sido los que han realizado, en el último ejercicio, el 75% de las operaciones en el mercado español de renta variable.

Este mismo panorama se reproduce en los mercados de deuda, en empresas no cotizadas y en muchas otras actividades. Queda patente, pues, que la economía española, en general, tiene una gran dependencia de los inversores extranjeros, y que todos, incluido nuestro Gobierno, debemos aceptar esa realidad y actuar en consecuencia.

Foto: Parqué de la Bolsa de Madrid. (EFE/Paula García)

Está claro que para que un inversor decida comprar algo, primero tiene que conocerlo y, después, confiar en ello. Pero no basta con conocerlo y confiar, también es necesario que lo que compra sea comparativamente mejor que otras ofertas similares.

España y sus empresas necesitan competir en mejores condiciones que otros países de su entorno, para que los inversores decidan mirar a nuestro país, a nuestro mercado bursátil y a sus empresas.

Hay cosas que nos diferencian positivamente y que los inversores conocen y reconocen. Por ejemplo, nuestra Bolsa es una de las que mayores dividendos reparte en el mundo: En el año 2021 más de 17.000 millones de euros. Contamos con líderes globales en sectores como las utilities, la ingeniería, la construcción o el turismo. También con actores relevantes en energías renovables o en salud. La económica española se está recuperando de la crisis COVID con una fuerza similar a la de otros países europeos y algunos desequilibrios, como el empleo, están dando datos esperanzadores.

Foto: EC.

Pero los inversores, cuando se habla con ellos, también nos ponen deberes. Nuestras empresas deben ganar tamaño, para poder competir en el mercado global. Nuestro país tiene que favorecer más el ahorro financiero. Tenemos un ahorro que se encuentra en el 120% del PIB y la media de Europa está en el 150%. Mientras países como Portugal o Alemania, políticamente en la izquierda, anuncian o han ejecutado políticas de bajada de impuestos, España ha tomado el camino contrario, limitando las exenciones de los dividendos y beneficios obtenidos por filiales; imponiendo un impuesto a las transacciones financieras, que no ha recaudado ni un tercio de lo previsto y, sin embargo, hace a nuestro mercado menos competitivo; incrementando la fiscalidad de las SOCIMI, que se habían consolidado como un buen sistema para ordenar el sector inmobiliario; bajando el atractivo de ahorrar en planes de pensiones; modificando la regulación de las SICAV y generando que muchas de ellas desaparezcan o se marchen a Irlanda o Luxemburgo. Las consecuencias pueden empezar a notarse más pronto que tarde. Por ejemplo, el año 2021 fue el de menor volumen de negocio en la Bolsa española, bajando la actividad del mercado a ratios similares al año 1999. Además, en los últimos meses hemos visto como empresas españolas han optado por cotizar en mercados que no son el español. Eso no es bueno, pero si lo hacen será porque encuentran en otros lugares cosas que no les ofrecemos aquí.

Decisiones realistas y racionales

Para continuar ganando la confianza de los inversores necesitamos impulsos e incentivos adecuados por parte de los ministerios competentes y de los reguladores. Los inversores exigen estabilidad jurídica, administrativa y económica para elegir un mercado frente a otros. Todo lo que sean medidas fiscales o de otro tipo, difíciles de aplicar en la práctica y discriminatorias, no ayudan a despertar el interés de ningún inversor. No estamos hablando de orientación política, los inversores saben que en los países democráticos hay alternancia en los gobiernos; nos referimos a que las decisiones y los anuncios de decisiones sean realistas, racionales y que no hagan percibir inestabilidad o riesgos.

Los próximos días 12 y 13 se reunirán en Madrid, en el marco del foro Spain Investors Day, directivos de 44 compañías cotizadas con más de 150 inversores internacionales, que también tendrán la oportunidad de dialogar con el Gobierno, que hará un ejercicio de transparencia acudiendo a esta cita, que dura ya doce años. Es una buena oportunidad para despejar dudas o anunciar planes de futuro. Es una opción para dar a conocer los proyectos de nuestras empresas y ganarnos la confianza como país. No se invierte en lo que no se conoce y en lo que no se confía. Seamos conscientes de que no es fácil que nos elijan y de que, si no somos los elegidos y llevan su dinero a otros países, todos salimos perdiendo.

*Benito Berceruelo es presidente del Spain Investors Day y CEO de Estudio de Comunicación

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