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2023, un año disruptivo y desafiante para una banca resiliente
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2023, un año disruptivo y desafiante para una banca resiliente

La banca española se enfrenta al año 2023 a un entorno macroeconómico similar al del ejercicio que ahora acaba, marcado por la incertidumbre

Foto: Las entidades vienen sorteando con acierto la ola de acontecimientos disruptivos.
Las entidades vienen sorteando con acierto la ola de acontecimientos disruptivos.

La banca española se enfrenta al año 2023 a un entorno macroeconómico similar al del ejercicio que ahora acaba, marcado por la incertidumbre. Pero al igual que el resto del sistema europeo lo hace en una situación de fortaleza, gracias a la política regulatoria y al enfoque prudente que han impulsado las autoridades en los últimos años, y que le ha permitido dotarse de mayores colchones de capital y provisiones.

Las entidades vienen sorteando con acierto la ola de acontecimientos disruptivos que nos ha impactado en los últimos años. Prueba de ello que el sistema bancario ha mostrado una gran resiliencia y el riesgo crediticio elevado derivado de los confinamientos pandémicos aún no se ha materializado en impagos.

Foto: Billetes de dólares estadounidenses. (EFE/Juan Ignacio Roncoroni)

Pero el horizonte para 2023 no aparece despejado. El Banco Central Europeo, en su Informe de Estabilidad financiera, ya ha alertado de un aumento de los riesgos de estabilidad financiera en la zona euro, con un empeoramiento de las condiciones económicas y financieras conexas con un entorno de escalada de los precios de la energía, una inflación elevada y un bajo crecimiento económico.

El panorama de incertidumbre está sobre la mesa y los desafíos son enormes, aunque los podríamos resumir en tres retos que se retroalimentan entre sí. Por un lado, está el monetario, dado que la combinación del aumento de los tipos de interés y la inflación, con políticas monetarias restrictivas, seguirá afectando a los consumidores y creando incertidumbre en los mercados de capitales.

El segundo elemento está relacionado con el encarecimiento de la energía. Las empresas deberán seguir incorporando en sus proyecciones el aumento de los costes en un contexto de mayor inestabilidad, mientras se esfuerzan por encontrar soluciones con menores emisiones de CO2.

"Requieren replantearse un nuevo modelo"

El tercero, y no menos relevante, está relacionado con el mayor gasto y complejidad de la cadena de suministros, causados por las presiones geopolíticas y las regulaciones ambientales cada vez más estrictas, y que requieren replantearse un nuevo modelo.

A estos tres desafíos centrales se les unen otros factores adicionales, como la guerra de Ucrania. Si bien los impactos directos son limitados, la inflación, la seguridad energética y asegurar el abastecimiento de productos primarios están provocando un cambio del entorno económico importante.

Otro factor es la posibilidad de que aparezcan nuevas variantes de la COVID-19, así como la aprobación de nuevas medidas gubernamentales para aliviar a los consumidores cada vez más afectados por el aumento de la inflación o de los tipos de interés.

"Calcular el impacto derivado de estos riesgos es extremadamente complejo"

Todos estos riesgos no hacen sino elevar el papel de los directores de riesgos de las entidades (“CRO”, por sus siglas en inglés), que jugarán un rol más clave si cabe al tener que valorar con prudencia y mucha agilidad la nueva situación para calcular las provisiones y pasar así sin problemas las nuevas pruebas de solvencia de la Autoridad Bancaria Europea.

Somos conscientes de que calcular el impacto derivado de estos riesgos es extremadamente complejo. Para ello, desde EY hemos querido comprender mejor dónde se encontraba el enfoque y la sensibilidad del CRO en la actualidad. Así, como parte de la colaboración que mantenemos con la Federación Bancaria Europea (EBF, por sus siglas en inglés), hemos encuestado a los CRO de bancos europeos sobre sus experiencias durante la pandemia de la COVID-19 y sobre el impacto de la guerra en Ucrania, y hemos recogido sus opiniones en el estudio Managing uncertainty, ensuring resilience European bank CROs’ outlook on managing the COVID-19 pandemic, the war in Ukraine and high inflation, publicado en julio de 2022.

Durante la pandemia de COVID-19, descubrimos que los bancos más pequeños esperaban que el pico de dificultades los golpeara más a futuro en el ciclo económico. Muchos CRO también estaban preocupados por la fragilidad de las carteras minoristas; la alta inflación, la paulatina reducción del poder adquisitivo y la desaparición de los ERTE ha aumentado la presión sobre los consumidores.

"Un entorno macroeconómico de una incertidumbre sin precedentes"

Algunas conclusiones de nuestro estudio, que conformarán algunos de los puntos de la agenda del CRO a corto y medio plazo, marcan las directrices de trabajo de los próximos meses. Un punto relevante tiene que ver con la medición de los escenarios de riesgo. Si en el pasado se han tenido que utilizar overlays para incorporar el impacto de la pandemia de la COVID-19 y la guerra en Ucrania a sus provisiones, ahora se prevé que siga siendo necesario en los próximos tiempos. Eso sí, los bancos deberán explicar muy bien qué representan y cómo se han calculado.

Otro factor de futuro va a ser la disrupción constante. Como hemos venido diciendo, el sector continuará enfrentándose a un entorno macroeconómico de una incertidumbre sin precedentes. Y eso llevará probablemente un enfoque prudente en materia de dotaciones de capital y mayores provisiones.

*Pedro Pérez Iruela es socio responsable del Sector Financiero de EY.

*Roberto Díez Cerrato es socio de Sector Financiero de EY.

La banca española se enfrenta al año 2023 a un entorno macroeconómico similar al del ejercicio que ahora acaba, marcado por la incertidumbre. Pero al igual que el resto del sistema europeo lo hace en una situación de fortaleza, gracias a la política regulatoria y al enfoque prudente que han impulsado las autoridades en los últimos años, y que le ha permitido dotarse de mayores colchones de capital y provisiones.

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