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Private Equity: un refugio estratégico en tiempos de incertidumbre global
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Lucía Pérez

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Private Equity: un refugio estratégico en tiempos de incertidumbre global

El capital privado ofrece estabilidad y diversificación, mitigando la volatilidad de los mercados públicos. Invertir a largo plazo permite a los inversores minoristas proteger sus carteras ante incertidumbres económicas

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En las últimas semanas, hemos experimentado un bombardeo de titulares sobre las subidas y bajadas en bolsa, proyecciones, análisis…, que han dejado un halo de incertidumbre y ha calado en el estado de ánimo de los inversores.

La volatilidad es uno de los rasgos más característicos de la inversión en los mercados públicos y los inversores se enfrentan a un entorno en el que los precios de los activos cotizados fluctúan drásticamente en función del contexto geopolítico, macroeconómico o empresarial.

Las bolsas reaccionan con movimientos bruscos ante noticias inesperadas y el cortoplacismo provoca en ocasiones de máxima incertidumbre que se vendan activos ante el clima de ansiedad y la falta de visibilidad para los inversores.

Sin embargo, los inversores institucionales y Family Offices sufren menos en estos periodos debido a la mentalidad largoplacista con la que invierten y a que su exposición a los mercados privados dota de estabilidad a sus carteras.

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Es decir, todos estos problemas que sufre el minorista no los padecen los inversores institucionales y, gracias a la democratización del private equity, ahora el pequeño inversor también puede proteger su cartera de los vaivenes del mercado y las reacciones cortoplacistas.

El capital privado, por su naturaleza, responde eficazmente a estos desafíos, siendo una alternativa sólida, estratégica y alineada con una visión de largo plazo.

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Descorrelación y diversificación para mitigar la incertidumbre

Frente a los fondos líquidos (renta fija y renta variable), el private equity se caracteriza por su descorrelación con los mercados públicos, por invertir, principalmente, en compañías privadas (no cotizadas), tener un mayor potencial de rentabilidad y menor volatilidad, algo estrechamente unido a un mayor grado de iliquidez que las inversiones tradicionales.

Su comportamiento no sigue los mismos patrones que las Bolsas, lo que lo convierte en una herramienta eficaz para diversificar carteras y reducir la volatilidad. De hecho, según un informe de State Street, la volatilidad del private equity es aproximadamente un 40-50% menor que la de los mercados públicos.

Los fondos de capital privado no solo son menos volátiles, sino que también han demostrado mayor resiliencia y rentabilidades a lo largo de la historia, tanto en periodos con menos volatilidad, como en los episodios más negativos de la historia (crisis puntocom, crisis financiera de 2008, etc.).

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Horizonte de largo plazo y creación de valor real

El capital privado es una inversión a largo plazo. Los fondos de private equity invierten con un horizonte de 3 a 5 años, lo que permite ejecutar planes de crecimiento de manera minuciosa, sin la urgencia ni la inmediatez de los mercados cotizados.

Además, esta mayor iliquidez presenta una ventaja: el largo plazo y las aportaciones graduales contribuyen a seguir una planificación, evitando tomar decisiones precipitadas o erróneas en momentos de estrés financiero que comprometan la rentabilidad a largo plazo.

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Aunque ningún activo es completamente inmune a las recesiones, los fondos bien gestionados diversifican su riesgo a través de portfolios de empresas con modelos de negocio sólidos y capacidad de adaptación. Además, los mercados privados engloban un universo mucho mayor de compañías de diferentes sectores y geografías, lo que nos da la posibilidad de construir carteras más robustas y resilientes.

El enfoque de largo plazo también permite a los fondos crear valor en las empresas participadas de forma sostenida: mejorando la eficiencia operativa, expandiendo el negocio a nuevos mercados, fortaleciendo el equipo o digitalizando procesos clave. Se trata de entrar en compañías para ejecutar planes de transformación empresarial que necesitan cierto tiempo para aplicarse y dar frutos.

Incorporar private equity a tu cartera te da la tranquilidad de invertir en un activo que te descorrelaciona y de saber que hay unos resortes velando por maximizar la rentabilidad de tu cartera, y que su éxito está ligado al tuyo.

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Estabilidad ante la complejidad

El mundo está cambiando rápidamente y los inversores deben adaptarse a un nuevo escenario marcado por la complejidad. En este contexto, el private equity representa algo más que una clase de activo; es una inversión basada en el compromiso, la visión a largo plazo y la creación de valor tangible.

Como gestora de private equity, creemos firmemente en este modelo. Nuestra experiencia nos ha demostrado que, cuando se gestiona con personalización y responsabilidad, el capital privado no solo protege frente a la incertidumbre, sino que potencia la inversión y mitiga los riesgos.

En un mundo en constante evolución, esa capacidad de generar estabilidad y crecimiento sostenido se convierte en un bien cada vez más preciado.

*Ramiro Iglesias, CEO de Crescenta

En las últimas semanas, hemos experimentado un bombardeo de titulares sobre las subidas y bajadas en bolsa, proyecciones, análisis…, que han dejado un halo de incertidumbre y ha calado en el estado de ánimo de los inversores.

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