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La lógica de la volatilidad
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Lucía Pérez

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La lógica de la volatilidad

En entornos de alta incertidumbre, mantener la calma y la visión de largo plazo es clave para aprovechar las oportunidades

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Cada cierto tiempo, los mercados financieros nos recuerdan que el equilibrio es más frágil de lo que parece. 2025 está siendo uno de esos momentos: cambios en el sector tecnológico, choques comerciales entre grandes potencias y un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas han aumentado la incertidumbre para los inversores. Sin embargo, es precisamente en estos escenarios donde conviene mantener la calma. La volatilidad no siempre implica peligro; a menudo, es simplemente parte del juego en los mercados.

A principios de año, las expectativas eran razonablemente optimistas. Se preveía un crecimiento global del 3% y un aumento significativo de la rentabilidad empresarial, en parte impulsado por el sólido desempeño del sector tecnológico. Si bien, a finales de enero, la entrada de DeepSeek en el mercado, la empresa china especializada en inteligencia artificial sacudió la confianza en las grandes tecnológicas estadounidenses. Semanas más tarde, las políticas comerciales del nuevo mandato de Donald Trump —con su llamado "Liberation Day" arancelario— reactivaron la incertidumbre, provocando caídas del 15 % al 25 % en índices como el Nasdaq y el MSCI World.

A medida que se acumulaban las malas noticias, surgió con fuerza el término "Trumpcesión" para describir el temor a que estas decisiones desencadenaran una desaceleración económica. Y aunque el mercado reaccionó con una fuerte corrección, no tardó en estabilizarse. En abril, tras anunciarse los nuevos aranceles impuestos y abrirse la puerta a negociaciones internacionales, los mercados comenzaron a recuperar parte del terreno perdido.

Esta rápida reversión refuerza una idea fundamental: la volatilidad forma parte de la lógica del mercado y sobre reaccionar ante ella no es una buena opción. Vender en el peor momento es un error común, en cambio, mantenerse en el mercado, permite beneficiarse en la recuperación. Y para quienes cuentan con liquidez y visión de largo plazo, los retrocesos abren oportunidades para incorporar activos de calidad a precios más atractivos.

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El nerviosismo inicial de los mercados no debe sorprendernos. Las emociones, especialmente el miedo, suelen agravar cualquier tensión. En cambio, si se observa con mayor perspectiva, la economía estadounidense, aunque enfrentando desafíos —como una inflación persistente, consumo moderado y una creciente carga de deuda— sigue mostrando una capacidad notable de adaptación. El gasto en intereses ha superado incluso al presupuesto militar, lo que limita el margen de acción del gobierno, pero también refuerza la idea de que muchas de las promesas fiscales de campaña difícilmente se convertirán en realidad.

Europa, por su parte, ha ofrecido en estos meses un comportamiento más equilibrado. Mientras los mercados estadounidenses sufrían la inestabilidad tecnológica y comercial, las bolsas europeas mostraron una evolución más positiva, impulsadas por buenos resultados empresariales, aumento del gasto público —sobre todo en infraestructuras y defensa— y un entorno monetario más favorable tras el recorte de tipos del Banco Central Europeo. No es que Europa esté exenta de riesgos, pero sí ha demostrado que una buena diversificación regional puede amortiguar los sobresaltos externos.

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En momentos como este, el peor error que puede cometer un inversor es actuar por impulso. Intentar adivinar el próximo giro del mercado es inútil; lo sensato es construir una estrategia sólida, diversificada, coherente con los objetivos de largo plazo, y mantenerla con disciplina. La gestión sistemática, apoyada en una combinación de gestores especializados y visiones complementarias —como ocurre en modelos multi-manager— permite navegar entornos inciertos con mayor solidez.

Estamos atravesando un ciclo ruidoso, sí, pero no inédito. La historia de los mercados está repleta de episodios de tensión, caídas bruscas y posteriores recuperaciones. Lo que marca la diferencia no es lo que ocurre, sino cómo se reacciona. La volatilidad pone a prueba la estabilidad, pero también premia a quienes saben verla por lo que es: parte natural del proceso inversor y, en muchos casos, una fuente real de oportunidades.

*Furio Pietribiasi, CEO de Mediolanum International Funds Limited (MIFL)

Cada cierto tiempo, los mercados financieros nos recuerdan que el equilibrio es más frágil de lo que parece. 2025 está siendo uno de esos momentos: cambios en el sector tecnológico, choques comerciales entre grandes potencias y un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas han aumentado la incertidumbre para los inversores. Sin embargo, es precisamente en estos escenarios donde conviene mantener la calma. La volatilidad no siempre implica peligro; a menudo, es simplemente parte del juego en los mercados.

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