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La banca, entre unos mercados en máximos y una incertidumbre geopolítica récord
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Lucía Pérez

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La banca, entre unos mercados en máximos y una incertidumbre geopolítica récord

Resulta cuanto menos paradójico que el Ibex 35 haya alcanzado recientemente sus niveles más altos desde la crisis de 2007 mientras el tablero geopolítico global atraviesa uno de sus momentos más convulsos en décadas

Foto: La sede del banco BBVA (Foto: iStock)
La sede del banco BBVA (Foto: iStock)

En este rally bursátil la banca ha desempeñado un papel protagonista. Siete de los diez valores con mayor revalorización en lo que va de año en el IBEX 35 pertenecen al sector financiero y asegurador. La pregunta, por tanto, es inevitable: ¿cómo puede el mercado premiar a la banca con semejante entusiasmo en un entorno de incertidumbre global tan acusado?

La banca opera hoy en un escenario marcado por una sucesión casi ininterrumpida de shocks geopolíticos. La guerra en Ucrania, la rivalidad entre Estados Unidos y China, los conflictos en Oriente Medio, los golpes de Estado en África o las tensiones en el estrecho de Ormuz conforman un paisaje global estructuralmente inestable. Cada uno de estos episodios repercute directamente sobre el sistema financiero, alterando las primas de riesgo, modificando las expectativas de tipos de interés y, en ocasiones, ralentizando las decisiones de inversión y crédito.

Incluso con el reciente alto el fuego en Gaza, la incertidumbre sigue instalada en niveles históricamente elevados. Según los datos más recientes del World Uncertainty Index, principal referencia internacional para medir la incertidumbre económica y geopolítica, publicados en agosto de 2025, el índice global alcanzó los 80.038 puntos, más de cuatro veces por encima de los valores registrados durante la crisis financiera de 2008.

La diferencia respecto a crisis pasadas radica en la profunda interconexión de los mercados y de las economías, de modo que un suceso regional se propaga hoy con una velocidad inédita, amplificado por cadenas de suministro globales, flujos financieros instantáneos y una digitalización que convierte cualquier tensión local en una onda expansiva mundial.

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Y, sin embargo, las entidades financieras han mostrado un comportamiento extraordinariamente sólido en los mercados financieros. Esta aparente contradicción refleja no tanto una desconexión entre economía y realidad, sino la resiliencia estructural que el sector ha construido en los últimos quince años. Desde la crisis de Lehman Brothers la banca ha aprendido a base de regulación, recapitalización y prudencia a gestionar mejor su riesgo, diversificar sus fuentes de ingresos y fortalecer su solvencia. Hoy, las entidades operan con ratios de capital más elevados, colchones de liquidez robustos y modelos de negocio más diversificados, lo que las hace menos vulnerables a los shocks coyunturales.

No obstante, la robustez del sistema no implica inmunidad. El Fondo Monetario Internacional advertía recientemente que crecen las probabilidades de una "corrección desordenada" en los mercados globales. Según el FMI, los activos financieros podrían estar desalineados con los indicadores macroeconómicos fundamentales, reflejando un exceso de complacencia ante un contexto de alta incertidumbre. Para la banca esto supone un riesgo latente. Una corrección abrupta de los mercados podría afectar a la valoración de carteras, al acceso a financiación y al apetito inversor de clientes corporativos y particulares.

Es cierto que el sector afronta este escenario desde una posición más sólida que en el pasado. El proceso de simplificación regulatoria en curso en Europa, con medidas que buscan reducir cargas administrativas y focalizar el marco normativo en la gestión prudencial del riesgo, permitirá a las entidades centrarse en lo que realmente genera valor, impulsando un modelo de negocio más eficiente, sostenible y resiliente.
Esta nueva etapa combina eficiencia operativa, digitalización avanzada y una visión estratégica de largo plazo que coloca a la banca en una posición de liderazgo responsable frente a los desafíos globales.

La banca ha demostrado que puede prosperar incluso en medio de la tormenta, pero no debe confundirse fortaleza coyuntural con seguridad estructural. La rentabilidad no debe distraer del hecho de que el entorno geopolítico se ha convertido en un factor de riesgo permanente. Para afrontar este nuevo entorno, los bancos deben incorporar la geopolítica dentro de sus marcos de gestión de riesgos. No basta con identificar amenazas puntuales, sino que se deben desarrollar capacidades analíticas que permitan, ante eventuales eventos geopolíticos, evaluar su impacto en la rentabilidad, liquidez y solvencia y traducir esa información en decisiones estratégicas. Esto implica reforzar sus marcos de gestión de riesgos y establecer mecanismos de gobernanza que aseguren una respuesta ágil y coordinada ante eventos disruptivos.

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En paralelo, el regulador tiene ante sí el desafío de equilibrar exigencia y proporcionalidad. La iniciativa del BCE de realizar en 2026 un ejercicio de estrés test temático sobre riesgos geopolíticos marca un hito en la supervisión europea. Este ejercicio exigirá a las entidades incluir escenarios específicos y evaluar su impacto, lo que sin duda fortalecerá la resiliencia del sistema; ahora bien, deberían considerarse que no todas las entidades están expuestas del mismo modo y que un impacto de 300 puntos básicos en capital pudiera ser poco verosímil y desvirtuar en cierto modo el ejercicio.

Pese a que el camino parece claro, aún persisten dudas en el sector bancario. Hasta ahora, las entidades han empezado a reflejar el impacto de los riesgos geopolíticos a través de overlays en las provisiones bajo normativa IFRS. Sin embargo, la gran pregunta sigue en el aire; ¿qué ocurre con el capital? En este sentido, conviene destacar que los sólidos ratios de solvencia actuales reflejan, en muchos casos, una gestión prudente que ya incorpora de forma implícita los posibles efectos de eventos geopolíticos sobre los balances de las entidades. Por ello, pudiera resultar cuestionable imponer sobrecargas adicionales de capital que podrían penalizar innecesariamente a las entidades, especialmente si no se basan en una evaluación rigurosa de la materialidad del riesgo.

Identificar y evaluar los riesgos es esencial, pero debe hacerse con criterios de materialidad, flexibilidad y coherencia. La supervisión debe acompañar a la banca en su proceso de adaptación evitando exigencias que no estén alineadas con el riesgo real. El foco debe estar en fomentar modelos de negocio resilientes y preventivos frente a eventos disruptivos, en lugar de aplicar penalizaciones reactivas que podrían limitar la capacidad de respuesta del sector.

En definitiva, volvemos al punto de partida de esta paradoja con mercados en máximos e incertidumbre en récords históricos y, sin embargo, soy optimista. El modelo de negocio bancario europeo ha evolucionado hacia una resiliencia real, apoyada en la prudencia, diversificación y capacidad de adaptación. Si el sector logra mantener el foco en la gestión de riesgos estructurales - incluyendo los factores geopolíticos, tecnológicos y climáticos -sin dejarse arrastrar por la euforia de los resultados esta resiliencia, no será solo una palabra, sino la verdadera ventaja competitiva de la banca en la próxima década.

*Pablo Vaño, socio de Financial Services Consulting de KPMG en España

En este rally bursátil la banca ha desempeñado un papel protagonista. Siete de los diez valores con mayor revalorización en lo que va de año en el IBEX 35 pertenecen al sector financiero y asegurador. La pregunta, por tanto, es inevitable: ¿cómo puede el mercado premiar a la banca con semejante entusiasmo en un entorno de incertidumbre global tan acusado?

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