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¿Qué podemos aprender del caso First Brands en España?
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Lucía Pérez

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¿Qué podemos aprender del caso First Brands en España?

La suspensión de pagos de First Brands ha revelado su enorme desequilibrio financiero derivado del uso de estructuras de financiación fuera de balance y sus consiguientemente defectuosos estados financieros. Hasta dónde pueden llegar las consecuencias

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A finales de septiembre, First Brands se ha visto forzada a declararse en suspensión de pagos (i.e. Chapter 11 en USA) revelando una gestión financiera, cuanto menos defectuosa, y un déficit de financiación, que todavía se está terminando de cuantificar, y que podría superar los US$10B. La repercusión del caso está afectando a la ya maltrecha industria de los fabricantes de componentes del automóvil y vuelve a cuestionar ciertas estructuras de financiación, así como la necesidad de revisar la regulación sobre la información financiera que las empresas proporcionan al mercado.

A la espera de tener los datos definitivos y la resolución del litigio judicial, podemos afirmar que no es es ni mucho menos el primer caso y lamentablemente no será el último, pero sí conviene profundizar en las causas de modo que estos casos tiendan a ser cada vez más excepcionales.

La debacle de First Brands comprende al menos tres ámbitos: a) la utilización presuntamente fraudulenta de esquemas de financiación fuera de balance, b) el descontrol en la concesión de financiación por parte de ciertos agentes en los mercados de crédito, y c) las limitaciones de la información financiera que publican las empresas.

En realidad, los tres están íntimamente relacionados y en ellos confluyen dos aspectos, por una parte, el crecimiento exponencial de los esquemas de supply chain finance a nivel mundial (i.e. 3 billones españoles según cifras "oficiales" de BCR, aunque podría ser incluso el doble según ChatGPT, lo que indica la gigantesca amalgama de productos y estructuras de este tipo; y por otra, la proliferación de nuevos jugadores en este sector, lo cual ha venido a complicar seriamente el panorama.

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En España tenemos destacadas empresas en la industria afectada, así como algún banco involucrado y, por otra parte, el uso de esquemas de factoring y confirming continúa creciendo cada año como en el resto del mundo.

Por tanto, debemos analizar el caso First Brands con perspectiva, concluyendo que representa un porcentaje ínfimo del total de empresas que utilizan estos esquemas de financiación fuera de balance en el mundo. Ya nos hemos pronunciado en el pasado sobre la idoneidad de estos productos de optimización del capital circulante, si bien se requiere hacerlo de forma correcta en cuanto a su tratamiento contable y al desglose de la información financiera. Sería un error, por ejemplo, "demonizar" el confirming,

En definitiva, requerimos que tanto las empresas que usan este tipo de esquemas como los proveedores de los mismos, que ya no son sólo bancos, sino también fintechs y otros operadores financieros lo hagan con rigor y en un marco regulatorio estable y estandarizado. En este sentido, sería deseable que las agencias de rating y los estándares contables terminaran de definir lo que las empresas deben reportar en sus estados financieros y que éstos reflejen fielmente su situación de solvencia con transparencia y exactitud, que es lo que la teoría nos dicta, pero que, como vemos en algunos casos, no es lo que ocurre realmente en la práctica.

Es interés de todos, que esto sea así, por lo que el aumento en la digitalización y automatización de los procesos financieros y contables, así como el creciente foco en la profesionalización de los departamentos financieros de todo tipo de empresas deberían contribuir a lograrlo, por terminar en tono positivo.

A finales de septiembre, First Brands se ha visto forzada a declararse en suspensión de pagos (i.e. Chapter 11 en USA) revelando una gestión financiera, cuanto menos defectuosa, y un déficit de financiación, que todavía se está terminando de cuantificar, y que podría superar los US$10B. La repercusión del caso está afectando a la ya maltrecha industria de los fabricantes de componentes del automóvil y vuelve a cuestionar ciertas estructuras de financiación, así como la necesidad de revisar la regulación sobre la información financiera que las empresas proporcionan al mercado.

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