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El shock chino que amenaza la industria europea: algunas soluciones
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Alicia García Herrero

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El shock chino que amenaza la industria europea: algunas soluciones

El importante superávit comercial que Europa ha vuelto a alcanzar con el mundo pone de manifiesto que el problema no es solo falta de competitividad

Foto: Camiones de carga entran en las terminales internacionales de contenedores de Yantian, en Shenzhen, China. (Cheng Xin/Getty Images)
Camiones de carga entran en las terminales internacionales de contenedores de Yantian, en Shenzhen, China. (Cheng Xin/Getty Images)

El déficit comercial de la eurozona con China se ha más que duplicado desde 2020. Esto se debe no solo al aumento de la productividad en China, sino también a un tipo de cambio muy depreciado, especialmente contra el euro y, en aun mayor medida, a unos precios a la exportación cada vez más negativos mientras que la zona del euro vivió años de inflación elevada por las disrupciones de las cadenas de valor tras la pandemia, pero también por la invasión de Ucrania y el fuerte aumento de los precios de la energía. Según mis estimaciones, el tipo de cambio real bilateral del euro respecto al yuan chino (que engloba la apreciación del euro y el diferencial de inflación a favor de China) se ha deteriorado un 35% desde el final de la pandemia. Con esa pérdida de competitividad externa no parece apropiado explicar el enorme déficit comercial de Europa con China solo por ganancias de productividad de las empresas chinas. De hecho, el importante superávit comercial que Europa ha vuelto a alcanzar con el mundo (a pesar del déficit con China) pone de manifiesto que el problema no es solo la falta de competitividad de Europa.

Esta realidad es aún más sorprendente si reflexionamos sobre cuál debería ser el tipo de cambio de equilibrio del yuan a estas alturas. No cabe duda que un país cuya renta per cápita ha convergido con el resto más rápido que ningún otro país del mundo no puede tener el mismo tipo de cambio que tenía cuando su renta per cápita era un tercio. De hecho, los cálculos de tipo de cambio de equilibrio del yuan nos llevan a cifras cercanas a 3 yuan por un dólar en vez de 7 como es el caso ahora. El hecho de que el yuan apenas se haya apreciado desde que empezó a fluctuar hace 20 años dice mucho del modelo de crecimiento que China ha perseguido durante muchos años y de los problemas que la Unión Europea, aún hay el mayor motor exportador global, afronta. De ello se desprende que las enormes desventajas de costes en comparación con China probablemente también se deban en gran medida a distorsiones de la competencia, concretamente a la enorme infravaloración del yuan y al apoyo estatal que lleva a la sobre inversión y, por ella, a la sobreproducción que empuja a los precios a la baja para que las empresas puedan deshacerse de esa producción en exceso.

Este modelo económico que las autoridades chinas siguen incentivando, combinado con las enormes economías de escala en un mercado de ese tamaño, puede poner en jaque la supervivencia de otros competidores entre los cuales se encuentra la Unión Europea dada su posición actual: el mayor exportador del mundo. Ante esta realidad Europa solo puede reaccionar si quiere preservar su posición, pero la pregunta es cómo. Medias ofensivas para promover una mayor competitividad son absolutamente necesarias, pero no son suficientes. El motivo principal es que van a llevar tiempo por lo que hace falta ganarlo. Las medidas defensivas tienen como objetivo ganar ese tiempo. El problema es que los instrumentos de defensa comercial existentes de la UE son insuficientes porque cubren solo casos muy específicos y encima su adopción es muy lenta. Para resolver este problema mi propuesta es crear un nuevo mecanismo de defensa ante tipos de cambio reales excesivamente débiles por parte de un socio comercial.

Foto: deficit-comercial-espana-estados-unidos-empresas-dejan-exportar

EEUU tiene un mecanismo similar para evitar la manipulación del tipo de cambio con fines mercantilistas, pero ni siquiera ese instrumento ser eficaz en el caso europeo porque el diferencial de inflación es un motivo mucho más importante que el de un RMB débil en la pérdida de competitividad europea. La ventaja de monitorear el tipo de cambio bilateral real entre el euro y el RMB es que se puede realizar de forma sectorial y no opera solo a nivel de empresa por lo que la cobertura es mayor. Las penalizaciones que la Comisión decida imponer a las importaciones de los sectores protegidos por un tipo de cambio real excesivamente débil tendrán que ser aranceles sectoriales.

Este instrumento de monitoreo del tipo de cambio real deberá ser complementario -y no sustitutivo – a los existentes puesto que el objetivo es evitar el uso del tipo de cambio y/o de la deflación de precios para competir con los productos europeos.

Finalmente, aunque este mecanismo pueda tener dificultades para encajar dentro de las normas de la OMC y podrían dar lugar a medidas de represalia por parte de China, la realidad es que es aún más peligroso no introducir medidas para defender la industria europea del shock positivo de competitividad que China ha obtenido gracias a reducir precios y mantener un tipo de cambio artificialmente depreciado. Ni podemos no hacer nada ni tampoco podemos pretender que nuestra competitividad mejore de un día para otro a esos niveles.

El déficit comercial de la eurozona con China se ha más que duplicado desde 2020. Esto se debe no solo al aumento de la productividad en China, sino también a un tipo de cambio muy depreciado, especialmente contra el euro y, en aun mayor medida, a unos precios a la exportación cada vez más negativos mientras que la zona del euro vivió años de inflación elevada por las disrupciones de las cadenas de valor tras la pandemia, pero también por la invasión de Ucrania y el fuerte aumento de los precios de la energía. Según mis estimaciones, el tipo de cambio real bilateral del euro respecto al yuan chino (que engloba la apreciación del euro y el diferencial de inflación a favor de China) se ha deteriorado un 35% desde el final de la pandemia. Con esa pérdida de competitividad externa no parece apropiado explicar el enorme déficit comercial de Europa con China solo por ganancias de productividad de las empresas chinas. De hecho, el importante superávit comercial que Europa ha vuelto a alcanzar con el mundo (a pesar del déficit con China) pone de manifiesto que el problema no es solo la falta de competitividad de Europa.

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