Los diez olvidos que condujeron a la crisis (I)

Este fin de semana he tenido la oportunidad de dar una charla a la segunda generación de varias de las grandes fortunas de España. Gente que

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    Este fin de semana he tenido la oportunidad de dar una charla a la segunda generación de varias de las grandes fortunas de España. Gente que está llamada a liderar, en primera persona, el cambio económico, social e incluso cultural que nuestro país necesita. De ahí que poder entrar en contacto con ellos haya sido para mí una experiencia realmente única. Palpar la realidad, aterrizar desde las alturas a los problemas cotidianos es algo que me obligo a hacer con la mayor frecuencia posible. Sólo se puede juzgar lo que se conoce.

    Mi presentación, que estaré encantado de repetir en los foros oportunos, tiene por título Los Diez Olvidos que condujeron a la Crisis y su punto de partida es un hecho, a mi juicio, sustancial: junto con los bancos centrales, las instituciones financieras privadas, los reguladores, las agencias de rating y los políticos, todos y cada uno de nosotros somos corresponsables, por acción o por omisión, de lo que ahora está sucediendo. En distinta medida, claro está. Los fenómenos globales son la suma de una multitud de acciones individuales. Es indiscutible. De hecho, si no tomamos conciencia de nuestra cuota de responsabilidad, si no asumimos nuestra parte de culpa, cuando la Historia se repita, tarde lo que tarde en hacerlo, volveremos a caer en los mismos errores. No lo duden.

    Los Diez Olvidos pretenden convertirse en una suerte de mantras que, puestos en el frontispicio de la acción empresarial, permitan reducir el margen de error en el futuro. Mi conferencia será el cuerpo esencial del Valor Añadido de hoy y de mañana. Una guía básica de actuaciones iluminadas por la perspectiva y el sentido común. Un compendio de obviedades insultantes a día de hoy pero que, paradójicamente, fueron denostadas por buena parte del universo inversor durante gran parte de la construcción de la burbuja que ahora ha estallado. Les dejo con la primera parte de ellas. Buena semana a todos.

    1.     Los ciclos existen. Han existido siempre y siempre existirán. Son consecuencia del propio mercado, de la convergencia de la oferta y de la demanda para fijar un precio de equilibrio. De Perogrullo. Bueno, no crean. Pongamos como ejemplo el inmobiliario español. Producía más casas que toda Europa junta, hasta 800.000 anuales (cuando el último dato de Estados Unidos de la semana pasada es de 356.000). Algunos creyeron que el ciclo había muerto. Apostaron por ello. Aventuraban una demanda ilimitada para la que establecieron una oferta abundante pero… cada vez más cara. El resultado ya lo conocemos. Sólo si no hay mercado, por ser el activo negociado inexistente o ilimitado en ambos lados de la ecuación, oferta y demanda, podríamos afirmar la muerte de los ciclos.

     

    2.     Sólo se justifica un nuevo paradigma cuando hay una razón tecnológica. Un cambio que incide sobre la configuración misma de la sociedad, que deja de reconocerse en su estado anterior. Ha ocurrido a lo largo de la Historia con el fuego, la rueda, el vapor, la electricidad, los combustibles fósiles e Internet, por poner sólo unos ejemplos. Nunca es resultado de procesos de oferta y demanda, como ocurría con los ciclos, sino causa de los cambios que en ellos se producen. Este comentario viene al hilo de la creencia anterior al estallido de la crisis de que estábamos a punto de tocar el cielo gracias a un término ahora olvidado: el Goldilocks, la era dorada del crecimiento sin inflación.

     

    Sin embargo, su origen, por hacerlo reduccionista, era evidente: China se incorpora al mercado mundial y ofrece producción barata y dinero abundante para financiar la propia demanda de sus productos en Estados Unidos, lo que ayudó a mantener los tipos norteamericanos artificialmente bajos. Simultáneamente se convierte en el mayor demandante mundial de materias primas. Al final, las compras chinas disparan el precio de los combustibles fósiles, lo que a su vez incide en el poder de compra de los estadounidenses que dejan de adquirir productos del gigante asiático. Y, crédito aparte y sé, por favor no sean crueles, que es una versión muy simplificada, catacrock. Adiós al Goldilocks

     

    3.     El dinero cuesta, aunque parezca que te lo regalen. Cuantas veces no habré oído en estos últimos meses a empresarios comentando que los bancos hacían cola delante de sus oficinas para darle crédito y que parecía del género idiota no cogerlo. Bueno, ha quedado demostrado en muchos casos, y perdón porque sea tan directo, que lo idiota ha sido precisamente cogerlo. Era tan fácil como decir No. El dinero, como activo sujeto a las leyes de la oferta y la demanda, tiene un precio de equilibrio que varía con el tiempo; con las garantías que cubren las posiciones deudoras existe exactamente lo mismo. No hay que olvidar que, por definición, un banquero es aquél que te regala un paraguas cuando no lo necesitas y te lo quita cuando empieza a llover, como ha quedado demostrado. Desde luego, si el dinero era un regalo, venía envenenado.

     

    4.     El crédito es también un activo, cuando se utiliza como tal. Es evidente que esta afirmación es completamente contraintuitiva, pero voy a tratar de explicar qué quiero decir. A lo largo de los últimos meses gran parte de las inversiones que se hacían, y del éxito del que disfrutaban, tenían una justificación común: la utilización de fuentes de financiación ajena. Uno invertía en un activo (inmobiliario, hedge fund, private equity) a sabiendas que parte de la rentabilidad del mismo lo determinaba el crédito asociado al mismo, el apalancamiento.

     

    Pues bien, como fuente potencial de riqueza, el crédito se había convertido así en un activo más que se incorporó de modo invisible a nuestra cartera. Y si hay un elemento común que es parte consustancial de los demás, su liquidación provocará igualmente la caída del conjunto de los activos a los que afecta. De ahí que, al desaparecer el crédito, factor común, la correlación a la baja haya sido máxima, cercana a 1, entre unos bienes financieros y otros y de ahí, igualmente, que muchos de los procesos de planificación familiar, basados en stress test con datos históricos, hayan fracasado al no incorporar el crédito en sus modelos. Es precisamente el crédito el que ha hecho que lo posible pero altamente improbable se haya materializado, Tesis del Cisne Negro, y que lo haya hecho de forma colectiva y simultánea.

    Hasta aquí por hoy. Mañana los Seis Olvidos restantes. Sean buenos y temerosos de Dios.

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