La angustia económica de los españoles en máximos históricos

El economista José Antonio Avellaneda ha tenido la inteligente idea de importar a la economía española el Distress Index que publica la Foundation de Economic Education

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    El economista José Antonio Avellaneda ha tenido la inteligente idea de importar a la economía española el Distress Index que publica la Foundation de Economic Education de Estados Unidos. Un Índice de Angustia, que así es como ha sido traducido al castellano, al que llego de la mano del siempre interesante Blog Salmón. Aunque enseguida entraremos en la metodología que el autor emplea en su construcción, con objeto de determinar la mayor o menor validez de su uso, a priori parece un indicador interesante de cara a conocer la situación real de la economía española, al menos de forma intuitiva. ¿Su conclusión a día de hoy? Desde 1985, que es la fecha a la que se retrotrae su análisis, España nunca ha estado tan angustiada… económicamente hablando. Menos mal que se construye sobre datos oficiales estadísticos que, si no, con los reales, podría ser aún peor.

    En efecto. En su versión original, el agregado es el resultado de la suma de cinco elementos: el Producto Interior Bruto, que al ser medida de riqueza actúa como sustraendo; la capacidad de utilización excendetaria en el sistema productivo; el paro; la inflación y, por último, los pagos por deudas medidos como porcentaje sobre la renta bruta disponible. Se introducen los valores tal cual, sin ponderación de ninguna clase, lo que provoca que, debido a la importancia porcentual del segundo parámetro, la suma siempre tenga valor positivo y superior a 30. Los propios autores reconocen que es una estadística imperfecta, dada la simplicidad de su configuración y el hecho de que parte de las cifras dadas a conocer públicamente por autoridades y organismos pueden ser susceptibles de una cierta manipulación. Sin embargo, defienden su validez como aproximación al estado real de la economía de un país. ¿Por qué?

    Aluden a la referencia histórica, esto es: a cómo ha funcionado el Índice de Angustia en Estados Unidos desde su aparición a finales de la década de los 60. En el siguiente enlace se puede comprobar que, aunque el indicador se mantiene en unos parámetros bastante estrechos a lo largo de las últimas cuatro décadas, sus repuntes coinciden con momentos de recesión. Por otra parte, cuando tal ejercicio comparativo se realiza para los distintos presidentes que han gobernado en tal plazo de tiempo, la divergencia se multiplica de forma paralela al resultado económico de su gestión. Así, de demócrata a demócrata y tiro porque me toca, de la media de 38 de Bill Clinton se ha pasado al 59,8 del mandato de Barack Obama, cierto es, con un periodo de ponderación medio mucho menor. En la actualidad se encuentra en 56,3 tras tocar un pico de 61,7 en junio de 2009 (muy cerca del máximo histórico de 63,9 de marzo de 1975). Ya no es tanto reflejo de una estabilización cuanto de recuperación en ciernes.

    En su adecuación a la idiosincrasia patria, Avellaneda ha adoptado los cuatro primeros elementos y ha prescindido del último factor, sobre el que apenas hay datos estadísticos fiables en España. Lo sustituye por un total formado por la suma del déficit presupuestario y exterior nacionales, medidos ambos como porcentajes sobre PIB y referido el último a la balanza por cuenta corriente. En el caso de que hubiera superávit en cualquiera de ellos, en un momento dado, se incorporaría al Índice de Angustia con signo negativo. Con este reemplazo frente al original, el autor pretende reflejar de forma aproximada esas obligaciones contraídas tanto por el sector público como el privado de la economía que condicionan su actividad presente y futura.

    Pues bien, yendo a la parte mollar del asunto, he aquí las conclusiones: el valor medio del Índice de Angustia de España desde la fecha a la que se remonta el estudio, junio de 1985, es 44,18. Alcanzó un suelo de 30,75 en octubre de 2006, justo antes del estallido de la burbuja crediticia inmobiliaria. En la última recesión, quinquenio 1991-1995, su media fue de 55,99, siendo éste el peor periodo de cinco años desde el nacimiento del agregado. El promedio desde 2006-2010 es de 41,96... ¿Y ahora? Batiendo récords. Con base en las últimas estadísticas conocidas, correspondientes a diciembre de 2009, se encuentra en 69,65, un nivel nunca visto con anterioridad y que supone multiplicar por dos el deterioro en apenas cuatro años, hasta un punto que supera con creces la peor coyuntura del mercado de referencia, el norteamericano. No sólo eso. Si se extrapolan las últimas cifras oficiales conocidas, el selectivo se encamina viento y popa hacia los 75, punto en el que, señala el Blog Salmón, se encontraría el límite social tolerable y, por tanto, la permanencia de la cohesión social. ¿Qué opinan? Buena semana a todos.

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