Triste sino, Argentina fuera de The Economist por mentirosa

La pasada ha sido en el ámbito empresarial español la semana de Argentina. La amenaza latente de una nacionalización de YPF, la filial de Repsol en

La pasada ha sido en el ámbito empresarial español la semana de Argentina. La amenaza latente de una nacionalización de YPF, la filial de Repsol en el país, provocó el desplazamiento urgente de José Manuel Soria junto con la cúpula de la petrolera española, así como la intervención directa de Juan Carlos I, a la sazón Rey de España. Aunque la presión nacional ha permitido salvar el primer asalto, el riesgo intervencionista sigue estando ahí. Y de qué manera.

Martín Buzzi, gobernador de la Provincia de Chubut, ha exigido a la compañía que revele los planes específicos de inversión en su zona de influencia antes de una semana si no quiere perder la concesión administrativa que tiene otorgada.

El gobierno central, por su parte, insiste en un discurso de agravio e independencia cuya finalidad es demonizar al inversor foráneo, predador culpable de los males del país (FT, Argentine rebuffs Spain in YPF dispute, 03-03-2012).

Que coincida con el descubrimiento de importantes reservas de crudo no convencional en la zona de Vaca Muerta no tiene nada que ver, no. Ni tampoco, como nos recuerda Daniel Lacalle en otro de sus imprescindibles análisis, que YPF quiera ser utilizada para “alimentar la máquina de unos subsidios que alcanzan ya el 5% de su PIB” aunque ello suponga “llevar a la firma a la quiebra técnica en 2015” (Cotizalia, Repsol, Argentina y el fastidioso olor del intervencionismo, 25-02-2012). Qué va…

Sea como fuere, lo que internamente puede granjear ciertas simpatías de los votantes menos ilustrados, viva el peronismo rancio, ahí fuera empieza a chirriar de manera estridente. Pongamos como ejemplo The Economist, uno de los medios más prescriptores de opinión que existen en el orbe económico mundial. Editorial de su edición del pasado 25 de febrero: “No me mientas, Argentina” (The Economist, Don´t lie to me, Argentina; 25-02-2012), completado en interiores por un demoledor “El precio de cocinar las estadísticas” (The Economist, The Price of Cooking the Books, 25-02-2012). Todo ello para justificar una decisión sin precedentes: la exclusión de la publicación, por inexactos, de los datos oficiales suministrados por el estado argentino.

Desde esta semana hemos decidido no incluir las cifras proporcionadas por el INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de la República) en nuestras tablas. Estamos hartos de servir de cómplices de lo que parece ser un intento deliberado de engañar al electorado y estafar a los inversores”, afirma con rotundidad el editorialista.

Y, en relación con la inflación, que es donde parece estar la madre del ternero gaucho, insiste: “en lo que supone un abuso extraordinario de poder por parte de un gobierno democrático, se ha prohibido a economistas independientes publicar sus propios estimados bajo pena de multa o arresto. El error en el cómputo de los precios ha privado a los tenedores de TIPs (bonos ligados a la inflación) de miles de millones de dólares”.

De acuerdo con los cálculos del semanario, la desviación no es menor. Frente al 44% oficial de 2007 a 2011 que defiende el kirchnerismo, PriceStats -del banco estadounidense State Street- habla de un 137%, 24’4% solo en 2011. Este último dato ha sido el utilizado para… ¡negociar los convenios colectivos! El intento de engaño puede resultar burdo pero los medios empleados no: instrucciones directas, eliminación de decimales y redondeos a la baja, modificación de la cesta para eliminar los bienes que más suben, amenazas directas, posible connivencia con determinados bonistas y así sucesivamente. Tanto el FMI como distintas asociaciones han tratado, sin éxito, de corregir estos abusos.

Es increíble como algunos países se empeñan en sembrar la semilla de su propia destrucción. Como señalan los profesores Massot y Monteverde en su último Informe de Coyuntura Semanal argentina, “si mirásemos la decadencia nacional desde otro ángulo, llegaríamos a la conclusión de que la tara no es patrimonio tanto de la dirigencia, como del conjunto humano que habita este país” que es quien la sostiene. ¿Hasta cuándo? Vienen meses muy duros, si nos atenemos al documento de estos profesores. Y ante la necesidad de contentar al pueblo, adivinen dónde se va a poner el foco. Nación echada a perder… Una vez más.

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