¿Su hipoteca gratis? El Euribor puede valer cero (o menos)

El siempre interesante FT Alphaville publicaba ayer una provocadora entrada en su blog titulada "Game of negative rates". Aparentemente, se trataba de una disquisición teórica más

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    El siempre interesante FT Alphaville publicaba ayer una provocadora entrada en su blog titulada "Game of negative rates". Aparentemente, se trataba de una disquisición teórica más sobre la posibilidad de que el Banco Central Europeo, en aras a facilitar la circulación del dinero y el crédito, fijara tipos negativos para los depósitos en la institución de la banca comercial, algo similar a lo ya realizado en su día por el supervisor danés. El debate no nace a humo de pajas, sino de los comentarios del gobernador Mario Draghi en su comparecencia de principios de mayo (Credit Writedowns, "Some thoughts on negative deposit rates at the ECB", 09-05-2013). Y se produce casi un año después de que el italiano decidiera remunerar a cero esos fondos.

    De hecho, a lo largo de las últimas semanas ha proliferado la literatura sobre el particular, con especial énfasis en el análisis de los efectos de ese cambio sustancial tanto sobre el exceso de liquidez de las entidades financieras (aceleraría el repago de las líneas extraordinarias de financiación o LTRO concedidas a finales de 2011 y principios de 2012, muchas de ellas en el balance del propio BCE), como sobre el coste del pasivo minorista (que necesariamente tendría que bajar para compensar esa falta de ingresos) y/o la remuneración del crédito concedido (donde tendría que ocurrir justo lo contrario), por no hablar del impacto sobre la rentabilidad de los fondos monetarios o el posible efecto sobre el euro.

    La novedad que aporta el post, y que es gentileza de los analistas de Morgan Stanley, es que, frente a la creencia generalizada de que el drenaje de fondos del banco central conduciría a más intercambios financieros entre las firmas privadas -reviviendo el volumen y los tipos tanto del EONIA (a día) como del Euribor (desde semanal hasta anual)- piensan que, en caso de que esa medida llegara a concretarse, las transacciones interbancarias menguarían aún más mientras que las referencias, especialmente las de más corto plazo, caso del EONIA, entrarían en territorio negativo (su futuro a tres meses, de hecho, ya ha visto el signo 'menos' varias veces en el pasado más reciente).

    Como lo oyen.

    Y se basan para tan sorprendente afirmación en tres hechos: 

    En primer lugar, frente al discurso oficial de unión bancaria, lo que se está produciendo en el ámbito de los bancos y cajas a nivel europeo es un proceso de balcanización, de protección de lo propio como elemento sistémico de la economía y la sociedad. No esperen, por tanto, que los flujos aumenten. 

    En segundo término, y como consecuencia de lo anterior, el instinto de conservación de la propia liquidez puede llevar a algunas entidades a pagar por prestar el dinero a otra institución más segura (de hecho, el EONIA menos la tasa de depósito ya está casi en cero). 

    Y, por si fuera poco, y entramos en el tercero de los motivos, este retorno negativo se da ya en algunos bonos soberanos de naciones core, como Alemania, usados normalmente como garantía para este tipo de operaciones. Si la prenda no renta…

    El mundo al revés, estoy de acuerdo pero…

    Dicho esto, los propios analistas del banco de inversión cuestionan si el fenómeno podría reproducirse a lo largo de la curva de tipos, llegando de este modo hasta el 12 meses, referencia temporal más usada en España. Parece que no, aunque es una pregunta que dejan abierta.

    Sea como fuere, el impacto para nuestro país sería brutal por más que no se llegara al extremo de que el Euribor fuera negativo.

    Por una parte, mataría literalmente a la banca doméstica, ahogada por el legacy de una financiación concedida con márgenes por debajo del 0,5% en un entorno de aprovisionamiento aún caro de fondos. Muchos planes de entidades saltarían literalmente por los aires y la tan cacareada necesidad de más capital que el sector se niega a aceptar (pena de 60.000 kilos europeos a un coste inmejorable que por orgullo o estulticia vamos a dejar escapar) pasaría de escenario potencial a realidad innegable.  ¿No querías reforma financiera? Pues toma ‘n’ tazas.

    Por otro lado, en el caso de los hipotecados ocurriría justo lo contrario. La convergencia a cero de los tipos a los que tienen contratados sus créditos menguaría la parte de su depauperada renta disponible que han de dedicar a pagar el principal y los intereses de sus créditos con consecuencias innegables sobre la morosidad del conjunto del sistema (que crecería de manera más sostenida, bueno para la banca al minorar las provisiones) y sobre el proceso de desapalancamiento (que se produciría también de forma más paulatina salvo que entráramos en una espiral deflacionista que aumentara el valor real de lo debido, malo para la banca al retrasar la nueva producción). No sólo eso, restaría presión a un potencial estallido social.

    Como ven, nos esperan momentos apasionantes. Aunque al final el BCE no implante la tasa de depósito negativa, existe un consenso generalizado sobre qué va a pasar con el Euribor en los próximos meses, si no años: se mantendrá deprimido. Y esa realidad hay que meterla de manera preferente en los modelos de viabilidad de muchas instituciones, cosa que no se está haciendo con la franqueza necesaria. Aquí seguimos trabajando para el corto plazo, como el burro con anteojeras que apenas percibe lo siguiente que tiene que arar. Pero, ojito, ojito. Que el peligro está ahí y mes a mes el indicador hipotecario de referencia grita con su caída sostenida el ¡que viene el lobo! sin que los lugareños del Gobierno, del Banco de España o de algunos bancos y cajas reaccionen.

    Ahora vas y lo cascas.

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