El monstruo que causó la crisis resurge de sus cenizas

Cinco años después de la caída de Lehman Brothers, han quedado en el olvido dos elementos sustanciales de la crisis que comenzó en el verano de

Cinco años después de la caída de Lehman Brothers, han quedado en el olvido dos elementos sustanciales de la crisis que comenzó en el verano de 2007 y que alcanzó su cénit un año más tarde:

- En primer lugar, que el problema no era individual, sino sistémico, esto es: afectaba a todos los intervinientes en la economía financiera, hasta el punto de que siguen emergiendo aún hoy daños colaterales en forma de nuevos damnificados, públicos y particulares.

- En segundo término, y más importante todavía, que el elemento transversal de todo aquello fue el exceso de apalancamiento privado, lo que se dio en llamar burbuja de crédito, que provocó correlaciones a la baja nunca vistas con anterioridad en todos los activos cuyo rendimiento real descansaba sobre la deuda.

Es importante recordar estas dos realidades un lustro más tarde, más aún cuando resulta evidente que la actuación sobre el primero de los factores, el problema supervisor y regulatorio estructural, es errática y va más lenta de lo esperado y, dos, cuando el problema del endeudamiento corporativo vuelve a estar, y de qué manera, encima de la mesa. Hasta el punto de que, tomadas en su conjunto, las llamadas a la reactivación de la financiación parecen una iterativa y absurda invitación a otro ejercicio de suicidio económico colectivo.

Una vez más ha sido alguien relacionado con el Banco Internacional de Pagos de Basilea –que se ha convertido en el Pepito Grillo de la complacencia general, poniendo los puntos sobre las íes incluso a sus propios miembros, los bancos centrales: V.A., "Un español, responsable del hundimiento de los mercados", 24-06-2013)- el que ha lanzado la voz de alarma (The Telegraph-AEP, "BIS veteran says global credit excess worse thah pre-Lehman", 15-09-2013).

"Miren ustedes", ha afirmado William White, execonomista jefe de esa casa y ahora en la OCDE, "esto es como 2007… pero peor. Todos los desequilibrios que condujeron al desastre siguen ahí. No sólo eso, en el mundo desarrollado hay un 30% más de deuda que entonces y las burbujas en peligro de estallar abruptamente, como la de las naciones emergentes, se multiplican". Eso por no hablar de cómo eran las expectativas futuras entonces y cómo son ahora en términos de crecimiento y bienestar colectivo.

No se está refiriendo el analista únicamente al problema del apalancamiento público, al que hizo referencia Daniel Lacalle en su indispensable post de este fin de semana: "La deuda sí es el problema", sino fundamentalmente a lo que está ocurriendo en el ámbito empresarial donde la desintermediación bancaria multiplica el papel de la banca en la sombra, sujeta a menor control (el caso de China es como para escribir un libro, la que se puede montar ahí con los vehículos para aparcar financiación), mientras que la búsqueda de rentabilidad para poner en funcionamiento el dinero barato ha dado un nuevo impulso a las emisiones de deuda de peor calidad e, incluso, a la financiación cov-lite (sin garantías en caso de impago) o payment-in-kind (donde el acreedor puede optar entre cobrar intereses o acumularlos al principal).

Visualmente lo apreciarán mejor.

En la parte de arriba, colocaciones de bonos basura y financiación apalancada y, abajo, PiK, Covs y ratios de apalancamiento de LBO o leveraged buy-outs. Aunque los datos son de finales de 2012, los primeros meses de este ejercicio la tendencia se ha acelerado.

Aunque ya escribimos de este tema allá por el mes de mayo (V.A., "2013 empieza a oler peligrosamente al pre-crash 2007", 29-05-2013) –y otros, como la Reserva Federal de San Luis de la que tomo los cuadros anteriores, lo llevan haciendo desde febrero: "Overheating in Credit Markets: Origins, measurement and policy responses", 07-02-2013), desde entonces las cosas han ido a peor, al menos por lo que a ese particular se refiere.

Así lo acredita el siguiente chart publicado inicialmente en ZeroHedge, que mide el volumen emitido por firmas Investment Grade, con rating, contra el ebitda que generan.

Como verán, está en máximos.

Nada parece importar en la dinámica actual de cuanto peor, mejor en la medida que implica una prolongación en el tiempo de las políticas expansivas de los bancos centrales. Ni siquiera el susto dado por los países en desarrollo a finales del mes de agosto ha servido como piedra de toque para la cautela inversora. Más madera, es la guerra.

Concluye White que el mundo financiero ha perdido en estos cinco años una oportunidad única para sentar las bases que impidan situaciones como las vividas en 2008. La adicción al dinero fácil, que se refuerza con tipos más bajos y mayor expansión monetaria con cada crisis, se antoja para el economista casi irresoluble. Y, mirando la divergencia entre actividad real y burbuja de liquidez, entre bolsillo ciudadano y comportamiento, por ejemplo, bursátil, a un servidor también (impresionante sobre esta descorrelación bolsa-vida Satyajit Das en Financial Times, Equity markets have one foot in the grave, 15-09-2013).

Luego, como siempre, vendrá el llanto y el rechinar de dientes. Y será, simplemente, por tener lo que queremos. Los dioses, ya saben, castigan a los hombres con sus deseos...

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