Cómo roba el cartel bancario a los españoles

Cae en mis manos la carta remitida por un sufrido ahorrador, de esos que de vez en cuando se dirigen a un servidor a contarle sus cuitas.

Cae en mis manos la carta remitida por un sufrido ahorrador, de esos que de vez en cuando se dirigen a un servidor a contarle sus cuitas. Por hacerles la historia corta, esta es en síntesis la cronología de su queja.

  1. Contrató en su día un depósito en una entidad financiera a un tipo superior al 3%.
  2. Llegado su vencimiento pidió renovarlo a una rentabilidad similar, atendiendo al volumen de la inversión y a su fidelidad con, en este caso, la ex caja.
  3. Sin embargo, la respuesta de la firma fue un lacónico, “le podemos pagar sólo un 1’5% pues existe por parte del Banco de España una limitación a la remuneración del pasivo minorista”. Nada que haga referencia a la mejora de la prima de riesgo, al entorno de tipos de interés de mercado o a las rebajas del BCE. Las culpas, al maestro armero.
  4. Mi damnificado, peleón él, se va con las mismas al Servicio de Reclamaciones del Banco de España que apenas tarda 24 horas en contestarle.
  5. Su respuesta no deja lugar a dudas: ‘no hay ninguna normativa ni comunicación por parte del Banco de España en cuanto a limitaciones en la remuneración de los depósitos o imposiciones a plazo. Firmado: Fernando Tejada, Director del Departamento’. 

O sea, españoles, que ya lo saben. En los círculos ilustrados es de sobra conocido que nunca se produjo tal instrucción por escrito, sino de manera verbal entidad por entidad. Tanto Interné, pa esto. Que no les cuenten, por tanto milongas.

De hecho, la cosa fue surrealista, propia de los chistes de Gila. A quienes tenían por bien descolgar el teléfono, eran amenazados con aportaciones adicionales al Fondo de Garantía de Depósitos en caso de incumplir tales directrices, si bien les concedían un margen del 15% de su cartera de depósitos minorista para traspasar dichos límites y retener a sus mejores clientes. Pero, por escrito, ni una letra.

Como no podía ser de otra manera, la decisión fue cálidamente acogida por el sector, que vio cómo a ese billón de euros en el pasivo de su balance procedente de particulares, empresas no financieras y compañías de seguros, le podía aplicar tipos entre 100 y 150 puntos básicos menos, es decir: se podía ahorrar de 10.000 a 15.000 millones que incrementarían un margen de intereses deprimido en muchas ocasiones por la escasa rentabilidad del crédito hipotecario. Miel sobre hojuelas.

Sin embargo, para los ciudadanos de a pie se infieren varias conclusiones pavorosas de tal actuación entre bambalinas para la credibilidad del conjunto del sistema, signos adicionales de ese expolio ciudadano a favor de estados y banca propio de la llamada represión financiera:

  1. El supervisor se pone al servicio del interés público, político en este caso, aún en perjuicio del privado: no hay que olvidar que la banca española ha sido rescatada, directamente a través del MEDE e indirectamente por medio de las sucesivas líneas de financiación del BCE por lo que esta iniciativa era necesaria para mejorar el aspecto del enfermo.
  2. A buenas horas se acuerda de velar por la estabilidad del sistema financiero, cuando preso de la ensoñación del valor de la provisión anticíclica, apenas había adoptado medidas durante la gestación de la crisis para evitar el volumen y la concentración del riesgo inmobiliario e incluso se había dedicado a acallar las voces inspectoras discrepantes. Ahora que decide ejercer como tal, lo hace a favor del culpable y no de la víctima.
  3. Y consienten, tanto ejecutivo como banco central, una cartelización informal de precios -precisamente por eso no se puso la instrucción por escrito- que probablemente sea la de mayor importe total afectado que se haya producido en la historia de nuestro país. Pero importa poco. A la CNC le quedan casi 9 meses para concluir el expediente abierto de oficio en su día. ¿Qué sucederá entonces? Multa, apelación… Y los verdaderos culpables, rellenando con sus nombres papeletas electorales y calentando sillones para los que apenas están capacitados. Al tiempo.

Cuando hablaba César Molinas de élites extractivas en aquel histórico artículo en El País, se refería seguro a esto: a esa connivencia entre banqueros y parlamentarios -la misma que, por cierto, dio origen a la Reserva Federal para que pudieran medrar a costa del común de los mortales-. Juegan con ventaja: nos toman por idiotas y dejamos elección tras elección que lo hagan. Así nos va.

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