Isidoro, Dimas, no 'privaticéis' El Corte Inglés

Al leer la exclusiva de Agustín Marco con la que abre El Confidencial hoy –la venta por parte de El Corte Inglés de su financiera de

Al leer la exclusiva de Agustín Marco con la que abre El Confidencial hoy –la venta por parte de El Corte Inglés de su financiera de consumo, la mayor de España, al Santander- me ha venido a la cabeza el proceso de privatización de la sanidad madrileña. Algunos dirán que no tiene nada que ver, pero se equivocan. Enseguida verán por qué.

Cuando el Ejecutivo regional decidió ceder a manos privadas la gestión de buena parte de sus hospitales de nuevo cuño, lo hizo bajo un argumento de eficiencia en la gestión y ahorro para las arcas públicas, aunque la formulación elegida vaya a provocar justo el efecto contrario, al tiempo (Valor Añadido, "Alguna luz y muchas sombras en la privatización de la sanidad madrileña", 23-04-2013). Se trataba de una medida impopular que, además, evitaba acometer el verdadero problema de fondo: el exceso de capacidad.

En efecto, como le confesó un consejero autonómico a un servidor hace ya unos añitos, la suma de nuevas instalaciones hospitalarias y ambulatorios, unida a la mejora de los accesos a los mismos, habían llevado a un uso tan intensivo de los cuidados sanitarios públicos que su viabilidad financiera era imposible (V.A., "Confesión de un consejero autonómico: “Hemos sido gilipollas'', 18-10-2011). Había faltado valor político para cerrar o reconvertir los centros a los que por obsoletos o redundantes se les había puesto la cruz. Y ahora, la toma de esa decisión había devenido imposible debido a la presión social.

Pues bien, en El Corte Inglés está sucediendo otro tanto de lo mismo. Como comentamos al tiempo de la publicación de sus resultados, el que fuera líder de la distribución en España había salvado el año más duro de la crisis del consumo de la mejor manera posible, dentro de las dificultades derivadas de una presencia casi exclusivamente regional. No sólo eso, se avistaba en su estrategia un tímido giro que permitía alimentar una moderada esperanza frente al juicio demoledor y objetivo de la experiencia. Así lo señalamos entonces (V.A., "Las ocho claves ocultas de los resultados de ECI", 26-08-2013).

Sin embargo, está pudiendo sobre la firma la presión de las cuentas y, por primera vez en su historia, de los acreedores bancarios. Presa de una cierta precipitación, está adoptando junto a medidas sensatas, como la desinversión de su innecesaria cartera industrial o en divisiones non core como la informática, otras que pueden ser pan para hoy y hambre para mañana, toda vez que generan ingresos para sus necesitadas arcas pero merman buena parte de su valor diferencial (el servicio de financiación no es ofrecido a esa escala por sus competidores), contaminan su marca (y beneficia a la Santander) y cercenan su potencial para reforzar a futuro su papel en negocios alternativos (al quitar la posibilidad de fidelizar en estos tiempos duros): es el caso de la operación que ahora se plantea.

Mientras se renuncia a acometer la verdadera reconversión que el gigante necesita: el ajuste en tamaño de una oferta a la que la demanda no responde como antes, bien por la crisis, bien por la obsolescencia del formato (caso del gran almacén; V.A., "El gráfico que pone los pelos de punta a ECI", 03-09-2013), bien por una inadecuada percepción de marca o por lo que sea. En una compañía que maneja tanta información y tan al detalle de la evolución de las ventas de sus distintos centros y formatos, buena parte del análisis viene hecho por el mercado. Cuando la reorientación comercial no funciona, ensayo y error, es hora de tirar la toalla y tomar iniciativas imprescindibles antes de que, como en la sanidad madrileña, sea demasiado tarde.

Hay que reconocerle a El Corte Inglés el mérito de haber desterrado hasta ahora esta mentalidad killer de su filosofía empresarial, poniendo por delante el interés del país, según defiende su presidente año tras año en la junta anual del último fin de semana de agosto. Pero, en contra de lo que comentan quienes lanzan las campanas al vuelo, la cosa de la recesión en España va para largo y es su supervivencia la que está en juego. En este caso concreto, ponerse cien veces colorao antes que una rojo es en interés del conjunto de la nación. Parchear es insuficiente y no soluciona el elemento crítico para su futuro. Mientras tanto, el tiempo pasa inexorable.

Isidoro, Dimas, no es hora de ‘privatizar’ El Corte Inglés, sino de coger el toro de la capacidad por los cuernos: ¿cuándo os atreveréis?

Buena semana a todos.

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