El 'Kennedy español' encoleriza a los empresarios en su regreso a la CEOE
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El 'Kennedy español' encoleriza a los empresarios en su regreso a la CEOE

Hubo lleno hasta la bandera el pasado 24 de septiembre en el Salón de Actos principal de la sede de la CEOE en la calle Diego

placeholder Foto: El secretario de Estado de Energía, Alberto Nadal. (EFE)
El secretario de Estado de Energía, Alberto Nadal. (EFE)

Hubo lleno hasta la bandera el pasado 24 de septiembre en el Salón de Actos principal de la sede de la CEOE en la calle Diego de León en Madrid. La ocasión lo merecía. Tras el parón veraniego, Alberto Nadal, antiguo empleado de la casa, volvía por la puerta grande en su condición de secretario de Estado de Energía para presentar ante la crema del empresariado esa "madre de todas las reformas"sobre la materia (Soraya Sáenz de Santamaría dixit) que el Ejecutivo había aprobado con el inicio del estío.

"Tengo 50 minutos", se le oyó decir antes de comenzar una alocución acompañada del correspondiente despliegue de power point. La expectación era mayúscula. Había, de hecho, una cierta sensación de examen. Al final, de esta materia depende no sólo el futuro de la industria directamente involucrada, sino el delresto de la economía nacional. Aunque el orador mostró presteza y fluidez en su discurso (podría ser el Kennedy español"comentó uno de los asistentes), el suspenso al final de su intervención fue rotundo:48 minutos de descripción de la situación y sólo dospara pasar de puntillas por la decena y pico de diapositivas que incluían las soluciones. Un fiasco.

Muchos de los que allí estuvieron quedaron extrañados por la renuncia a ahondar en la propuesta gubernamental, por la manifiesta voluntad de no hablar de su libro, que era para lo que había ido. La respuesta a tal razonable duda la tendrían apenas unos días más tarde. Antes de empezar, la mamma de las mammas de la actividad reformista gubernamental se disolvía como un azucarillo y mostraba no sólo el carácter sesgado, miope y cortoplacista que algunos de los operadores afectados le habían atribuido desde su inicio, sino su ineficiencia para resolver el problema principal que pretendía solventar: el del déficit de tarifa.

En efecto, a finales del mes pasado, le tocó al ministro Soria tapar en este caso a su aparente subordinado (Valor Añadido, "Alberto Nadal, torpedo en la línea de flotación de un Soria incapaz", 09-01-2013), descolgar el teléfono y anunciar a los distintos consejeros delegados de las mayores empresas del sector en España lo que ellos con sus números ya sabían desde tres meses antes. "Nos hemos equivocado en la proyección de demanda (que está cayendo cerca del 3% interanual ajustado por las circunstancias climáticas de este ejercicio, parámetro con una beta cercana a 1 con la evolución del PIB: ¡qué raro!), en el cálculo de los ingresos tributarios por generación y, también, en las primas a las renovables que se han disparado un pelo", les vino a decir. Total, 3.000 millones en el mejor de los escenarios, 1.000 por cada una de las partidas sin contar con los 2.000 pendientes del agujero de 2012 que Montoro ha prometido pagar y que difícil será que puedan llegar. Eso sí, todo acompañado de un mensaje que sería tranquilizador ("esto se tituliza y ponemos el contador a cero") de no ser porque la norma propugnada por el defensor de esa solución, aún pendiente de desarrollo reglamentario, la prohíbe expresamente.

Una vez más, el ridículo más espantoso y la sensación por parte todos los actores, directa e indirectamente intervinientes, de que falta verdadera determinación para solventar un problema que nació con Rodrigo Rato y su renuncia a ese Marco Legal Estable que cuadraba ingresos y gastos ennombre de no sesabe qué innecesaria flexibilidad (otra muesca más en el revólver del exvicepresidente), que aumentó exponencialmente con el Gobierno de ZP y su desmesurada e innecesaria apuesta por lo renovable, y al que poco ayudan las medias verdades y el voluntarismo legal del Gobierno actual, noqueado permanentemente por la objetiva crueldad de unas cifras imposibles de maquillar. La madre de las reformas se ha quedado en ‘madre, qué reforma’. Para salir corriendo.

Se ha querido salvaguardar a Alberto con aviesas intenciones. El 'Kennedy español', ese que en sus propias palabras trabaja "media jornada, doce horas", espera su turno. Mientras en una España sin demanda y con sobrecapacidad se impulsan nuevas energías que no hacen sino agudizar el problema. El carajal eléctrico al que hacíamos referencia esta misma semana debería ser piedra de toque de la capacitación gubernamental. Aquí, al contrario de lo que ocurre con la reforma financiera, no hay fondos de terceros que ayuden a mitigar el problema, sino un reto de gestión interna. Productores y consumidores no pueden pagar eternamente los platos de la falta de diligencia del legislador. Una oportunidad única de pasar a la Historia impunemente desaprovechada. Nación de cobardes la nuestra…

Buen fin de semana a todos.

Alberto Nadal Rodrigo Rato Energía