El grave error de Draghi en un solo gráfico

Comentamos la semana pasada que no era una buena noticia la decisión de bajar los tipos adoptada por el Banco Central Europeo el pasado jueves ni

Comentamos la semana pasada que no era una buena noticia la decisión de bajar los tipos adoptada por el Banco Central Europeo el pasado jueves ni por los motivos que la podían causar (deflación, fragilidad exportadora, debilidad bancaria) ni por sus posibles consecuencias a medio plazo para el conjunto de la economía y sociedad de la Eurozona (inflación excesiva y pérdida de confianza en el dinero fiduciario)- Valor Añadido, "Draghi pone a Europa ante sus vergüenzas", 08-11-2013.

Pues bien, hay una tercera razón aún más de peso para censurar tal iniciativa: su ineficacia. “Una afirmación aventurada, ¿no, McCoy?”, dirán algunos. No creo. Sirva como muestra el botón gráfico que nos trae el siempre directo blog Sober Look. Échenle un vistazo primero y ahora comentamos.

Lo que recoge es el deflactor de la ratio de consumo personal de los estadounidenses. Muestra cómo la misma se ha situado a niveles mínimos desde 2009 –crecimiento interanual por debajo del 1%– pese a la existencia de una situación económica extraordinariamente mejor en Estados Unidos tanto en términos de crecimiento como de confianza y creación de empleo respecto a la de cuatro años antes.

¿Es esto importante? No, es crítico. Al final, en una sociedad de consumo, este indicador es clave ya que es una aproximación de la calle a ese deflactor del PIB que, de acuerdo con muchos autores, debiera ser la referencia para determinar si el proceso deflacionario es real o no. Su debilidad prueba varias cosas, todas ellas preocupantes. Por ir de lo genérico a lo específico:

  1. Que las medidas excepcionales, cuando se convierten en estructurales, dejan de condicionar las decisiones de los agentes económicos reales, beneficiando sin embargo a los financieros. No en vano, el autor habla de QE Trap o trampa de la expansión monetaria (Sober Look, "Low inflation creating QE trap", 11-11-2013). El efecto de las sucesivas medidas es cada vez menor, no sólo en términos de unidades de deuda necesarias para lograr una de crecimiento, sino también en su impacto sobre los precios de bienes y servicios.
  2. Que el aumento estadístico de la riqueza, que tantos titulares provoca, no se está traduciendo como antaño en un mayor impulso comprador por parte de particulares y empresas: en el caso de los primeros, continúa el proceso de desapalancamiento, lo que impide que la masa monetaria crezca, mientras que, por lo que respecta a las segundas, siguen sin desarrollar planes de inversión.
  3. Que se justifica adicionalmente por la suma de varios factores, entre otros: en primer lugar, la crisis demográfica, que aumenta las necesidades de ahorro de una sociedad envejecida, afectando a sus decisiones; en segundo término, del fenómeno de polarización social, donde una masa de ciudadanos se acerca al umbral de subsistencia mientras un mínimo residual concentra buena parte de la riqueza; tercero, al problema con el factor trabajo en las economías desarrolladas, que determina la previsión de rentas futuras, consecuencia no sólo de la tecnificación, sino de la globalización.
  4. Que no sólo eso: en la medida en que la tarea asistencial del Estado se multiplique como consecuencia de esa polarización, la demanda de recursos de los distintos tesoros crece, el apoyo de los bancos centrales se hace más imprescindible y el círculo vicioso entre emisor y casi único comprador coge fuerza huracanada y sienta las bases para que se produzca una tormenta perfecta. Un proceso para el que no se atisba final tranquilo.

Al final, las ramas del día a día y de las alegrías bursátiles derivadas de una política monetaria suicida, no por la parte de los tipos de interés, que también, sino por las medidas accesorias que los acompañan no nos dejan ver el bosque de lo que se está gestando. Muchos de los analistas y gestores con los que comparto estas ideas son de la idea de que, vale, bien, pero el vivo al bollo. El problema es que quien terminará cayendo ‘muerto’ al hoyo serán sus hijos o los hijos de sus hijos. O, si no, al tiempo.

Si la actuación convencional de los Draghi, Bernanke & Cía. no es efectiva y la fiscal está restringida por los programas de austeridad, ¿qué nos queda? Pues bien, actuar sobre dos elementos que son, por una parte, la velocidad de circulación del dinero a fin de salvar la trampa de la liquidez –bien directamente sobre la banca, bien a través del fomento de la desintermediación– y, por otra, sobre la renta disponible de los ciudadanos a fin de soslayar la llamada paradoja del ahorro, aprovechando el impacto positivo sobre la misma de los menores costes de financiación referenciados a Euribor y de los menores precios.

Es verdad que ambas cuelgan de bancos centrales, como los nuevos supervisores sectoriales, y de Gobiernos, pero si queremos de verdad que esto no se vaya a pique ahora que el parte es de mera marejada/marejadilla, más les vale ponerse las pilas. Por el bien de todos.

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