Pero… ¿qué demonios es y para qué sirve Bitcoin?

Su cotización se disparó a casi 900 dólares (para luego caer), China se ha interesado en ella... Bitcoin está de moda, aunque muchos aún no sepan qué es

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Bitcoin está de moda aunque muchos aún no sepan qué es realmente.

El hecho de que su cotización se haya disparado hasta cerca de los 900 dólares para caer posteriormente y sin solución de continuidad a la mitad, que entre sus impulsores estén los hermanos Winklevoss, los mismos que reclaman la paternidad de Facebook, que se comience a hablar de productos financieros basados en la misma como subyacente o que la propia China haya mostrado interés en ella como alternativa al dinero fiduciario –aquel que se basa en la fe en que la promesa de pago que lleva aparejada es real– la ha puesto en el punto de mira.

Pues bien, para aquellos que, como un servidor, aún podían andar más perdidos que un pulpo en un garaje sobre su concepción, utilidad o futuro, The Washington Post –¿la mano ya de Jeff Bezos?– ha publicado esta misma semana sus ’12 cuestiones sobre Bitcoin que te da vergüenza preguntar’, artículo en el que trata de responder a esas y a otras tantas preguntas. Un buen guión para conocer el alcance y potencial de una iniciativa que ataca a los cimientos del modelo dinerario tal y como está concebido hoy en día, que supondría –de consolidarse– un paso definitivo hacia la desbancarización del sistema y del que están surgiendo imitadores como esporas en las cuatro esquinas del planeta.

Con un breve resumen del contenido de ese post (con las correspondientes morcillas de un servidor en cursivas) les dejo por hoy no sin desearles un gélido pero productivo –personal, familiar y socialmente– fin de semana. Lean, enarquen las cejas, ríanse a ratos pero no lo pierdan de vista. O sí, qué demonios, que suena (casi) todo a ¿chiste?

Vayan con Dios.

  1. ¿Qué es Bitcoin? En contra de lo que pudiera parecer no solo dinero virtual sino que va más allá. Se trata de una red financiera que sirve para hacer pagos entre ordenadores –peer to peer, particular a particular– de forma descentralizada y sin control por parte de empresa u organismo alguno. Ha acuñado su propio instrumento de transacción llamado también, ahora sí, bitcoin, convención sin respaldo físico o de balance que se ha convertido en su propio 'medio de cambio' (una de las características históricas de cualquier moneda, junto a depósito de valor y unidad de cuenta).
  2. Pero ¿quién va a usar un sistema de pagos basado en una moneda imaginaria? ¡Es absurdo! Lo es but… it works. Al menos si nos atenemos a cómo ha evolucionado en lo que va de año (vid supra en escala logarítmica), coincidiendo con la masiva expansión monetaria de los bancos centrales. Los que estáis locos sois los que pensáis que después de ese proceso, dólar, euro o yen van a valer algo, parece que quieren decir sus usuarios. De momento hay 12 millones de bitcoins en circulación con un valor aproximado de 7.000 millones de dólares. La imaginación al poder. 
  3. ¿No es pura especulación, tiene un uso real? Hace un año, apenas 1.000 ‘establecimientos’ aceptaban pago con bitcoins en Estados Unidos. Dicha cifra se ha multiplicado por diez en doce meses y abarca desde vendedores de servicios online a distribuidores de joyería o electrónica e incluso restaurantes. También ha atraído su correspondiente porcentaje de actividad ilícita o blanqueo de capitales. Buena parte de la esperanza de sus creadores está puesta en los pagos internacionales al ofrecer un mecanismo más barato y transparente para realizarlos.
  4. ¿Y quiénes son los fundadores? Realmente no se sabe, lo que no deja de ser absolutamente estupefaciente. Se cree que es un tal ‘Satoshi Nakamoto’, nombre aparentemente ficticio de alguien que jamás ha dado la cara pero que se habrá forrado en dos años simplemente por hacer realidad una idea absurda. Se cree que es uno de los mayores tenedores mundiales de bitcoins.
  5. Al carecer de un banco central, no se pueden acuñar monedas ni imprimir billetes lo que, por otra parte, sería un anacronismo que toparía con la concepción virtual de su redVale, ¿y quién ‘emite’ las bitcoins? Al carecer de un banco central, no se pueden acuñar monedas ni imprimir billetes lo que, por otra parte, sería un anacronismo que toparía con la concepción virtual de su red. Pues bien, para incentivar su uso, ocurre que cada diez minutos, los ordenadores conectados son sometidos a un reto y el ganador recibe 25 bitcoins o 12.500 dólares al cambio actual. El incentivo se mantiene durante cuatro años, momento en el que se reduce a la mitad (se empezó por 50). Al no aumentar la recompensa de forma simultánea a las conexiones y disminuir con el tiempo, la realidad es que el máximo de bitcoins que puede haber en circulación son 21 millones frente a los cerca de 12 existentes en la actualidad. Algo que, sin duda, limita su generalización futura.
  6. Y eso, ¿por qué? Pues porque no pretende convertirse en unidad de cuenta al estilo de las monedas actualmente en circulación pero sí en depósito de valor y eso se asegura con su escasez.
  7. ¿Dónde se pueden comprar? Una opción es intentarlo a través de las rifas periódicas pero la probabilidad de hacerse con bitcoins en la medida en que la red crece es cada vez más baja. Normalmente la gente lo que hace es adquirirlas a través de sites especializados de acuerdo con la referencia de 'mercado'. Incluso en Vancouver, Canadá, hay un cajero que permite convertir el dinero de uso corriente en bitcoins.
  8. Y una vez que las has comprado, ¿qué? Pues tienes que almacenarlas en unas carteras virtuales que incorporan los códigos secretos necesarios para poder ser transferidas a terceros. Hay programas desarrollados para esta encriptación en todos los sistemas operativos posibles. A fin de evitar el robo por parte de hackers se han creado bancos virtuales de bitcoins por empresas especializadas. La cosa va en serio, como ven. Eso sí, si pierdes las claves, la desregulación de su mercado hace que te quedes con una mano delante y otra detrás. Las reclamaciones…
  9. Supongamos que las tengo a buen recaudo, ¿qué puedo hacer con ellas? No solo puedes usarlas con aquellos proveedores de bienes o servicios que han aceptado su uso a los que nos hemos referido antes, sino que cabe la posibilidad de descargarte una app que, por medio de un Código QR, te permite usarlas desde el móvil en la vida real. Sin embargo, en la realidad su uso potencial es aún muy, muy limitado.
  10. ¿Es buena idea comprar bitcoins? Bueno, como cualquier bien depende de para qué las quieras. Si es para tu vida corriente, todo son riesgos mientras que las ventajas resultan casi inexistentes. Mecanismos de pago virtual no bancario pero con divisas tradicionales como PayPal parecen mejor opción. Nos queda por tanto el elemento especulativo y aquí, el riesgo potencial de pérdida y su volatilidad las convierten en un ‘activo’ apto sólo para los Jesús Calleja de la inversión financiera. E incluso ni para él.
  11. Llegados a este punto, ¿sirve para algo realmente? Se trata de un punto de partida, como lo fue Internet durante años, para muchas cosas actualmente imposibles de desarrollar por la existencia de modelos obsoletos de relación e intermediación dominados por la banca y otros agentes de perfil similar. Su desarrollo puede abrir la puerta a un futuro desconocido en el ámbito de las transacciones financieras ¿De verdad? Aquí el que no se consuela...
  12. Por último, ¿puede Bitcoin reemplazar al dinero convencional? Aunque la respuesta parece clara a estas alturas del cuestionario, hay que insistir en que no es imposible pero sí muy improbable. Sin embargo, su arquitectura abierta la convierte en potencialmente disruptiva, pudiendo llegar en un momento dado a cuestionar los parámetros establecidos si aplicamos sobre su concepción el mayor de los voluntarismos. Pero la respuesta a día de hoy es no.
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