El escándalo eléctrico puede acabar con la recuperación

A fuerza de ser contada, la anécdota ha trascendido a sus protagonistas. En los últimos años del mandato de Fernando Cardoso en Brasil, una terrible sequía

A fuerza de ser contada, la anécdota ha trascendido a sus protagonistas. En los últimos años del mandato de Fernando Cardoso en Brasil, una terrible sequía obligó al Gobierno a desarrollar unas centrales de ciclo combinado que sirvieran de back-up para cuando la producción hidroeléctrica fallara. Tan perentoria era la necesidad que su Ejecutivo garantizó a los promotores de dichas infraestructuras una tarifa que multiplicaba con creces la existente en el vasto país.

Pero, ah amigo, resulta que fue llegar el año electoral y comenzar a llover a cántaros coincidiendo con el aterrizaje del Partido de los Trabajadores de Lula da Silva en el poder. Este designó como ministra de Minas y Energía a Dilma Rouseff, quien después le sucedería en la Presidencia de la República. Mujer de armas tomar, lo primero que hizo fue llamar a los promotores de las nuevas plantas a capítulo, entre los que se encontraba Iberdrola.

– No les voy a pagar mientras sobre agua, –afirmó taxativa a sus interlocutores–. Y como la instalación no se la pueden llevar, pues ya saben…

– Pero podemos quemarla y cobrar el seguro, –dijo el representante de la compañía española–. Así que mejor que nos llevemos bien...

Fruto de esa escueta conversión fue la aprobación de un régimen de compensación que permitiría a los ‘pillados’ recuperar su inversión a cambio de mantenerla operativa por si, como ha sido el caso, se volvían a reproducir en el tiempo periodos de carestía de agua. Hubo visión estratégica, primero; determinación, después; y voluntad de solventar el problema de raíz, finalmente. Justo lo contrario de lo que sucede en España.

Aquí andamos en mitad de una pelea de gallos que puede dar al traste de la manera más inopinada con la recuperación de la competitividad nacional, mejora que se está logrando con la sangre, el sudor y las lágrimas de millones de empresarios y asalariados españoles. Un disparate. La previsible subida de la tarifa de la luz, siendo como es la energía el coste de aprovisionamiento principal de cualquier industria, puede cercenar de raíz la prometida recuperación. La cosa tiene su miga, vaya que sí la tiene.

Todo son escándalos.

Los defensores de las energías alternativas cuestionan la renovación gratis et amore de concesiones hidráulicas y nucleares, sin que tal ejercicio de generosidad venga acompañado de un sistema de control tarifario al estilo del regulatory asset base o RAB anglosajón. ‘Se trata de instrumentos de generación amortizados, que han disfrutado de unos costes de transición a la competencia o windfall profits hinchados y cuyo gasto de explotación es irrisorio. Sin embargo, alguien decidió alguna vez, en algún lugar, que se beneficiaran de unos precios marginales del pool manipulables’, se lamentan.

En la otra esquina del ring, quienes sacan sus penurias a relucir son las eléctricas tradicionales, que insisten en poner el foco del problema en la parte regulada de la tarifa, en general, y en las primas a las renovables en particular. Un agujero sin fondo que se ha visto absurdamente incrementado en los últimos meses, afirman, por el desarrollo de una potencia termosolar que nos convierte en los líderes de esa fuente energética a escala  mundial cuando era completamente innecesario –eso sí, disfrutando de una rentabilidad financiera cercana al 20%– ante el exceso de fotovoltaica o de unos ciclos combinados que apenas funcionan a una cuarta parte de su capacidad. "En el mismo restaurante, unos cenamos tortilla y otros caviar, pero oiga, la cuenta de los dos la tengo que pagar yo simplemente por estar en el mismo lugar. A la banca la salvó el Estado, al Estado lo salvamos las eléctricas", sollozan como plañideras.

Y, como árbitro, un Gobierno que está a verlas venir y que ha hecho de la seguridad jurídica en el ámbito eléctrico, servilleta de usar y tirar, incapaz de pergeñar un marco regulatorio básico que le trascienda y que se mantenga al margen de intereses particulares. No sólo sus reformas definitivas caducan antes de que se haya producido su desarrollo normativo básico, sino que se meten en jardines tan peligrosos como el de la retroactividad propia o la discriminación positiva a favor de algunos segmentos de la industria. Increíble.

En la medida en que no haya una estrategia, determinación y pragmatismo, volvemos a la anécdota del principio, y todo se circunscriba a recaudar societariamente lo que se pueda y subvencionar particularmente a todo bicho viviente, las inversiones brillarán por su ausencia más allá del necesario opex fijado por ley, las posibilidades de una nacionalización a la francesa irán ganando puntos –siendo este el pronóstico que me hizo hace meses mi admirado Daniel Lacalle–, salvo que los recibos de la luz se incrementen exponencialmente llevándonos de nuevo, y sin apenas enterarnos, al territorio de las economías zombis, muertas en vida. No será que no se lo hemos avisado. Luego se preguntarán ¿cómo hemos podido llegar a esto?

Pero, ¿a quién le importa? A Montoro ya les digo que no, que bastante tiene con lo suyo, el pobre Soria no sabe por dónde le sopla el viento, los Nadal siguen interviniendo en la batalla desde la irrealidad de su almena y Rajoy… Pero ¿qué pinta ese? Ay Dios mío, qué país...

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