Puerto Rico, el sueño catalán que está… quebrado

Me sorprendió escuchar el otro día en la radio que se atribuían a Puerto Rico cualidades modélicas para lo que Artur Mas y sus chicos quieren

Me sorprendió escuchar el otro día en la radio que se atribuían a Puerto Rico cualidades modélicas para lo que Artur Mas y sus chicos quieren aplicar en su territorio. El nacionalismo moderado, aunque no lo confiese, prefiere el "vivo sin vivir en mí" frente al "y tan alta vida espero" del independentismo recalcitrante y necesita aferrarse, a lo largo de la geografía mundial, a ejemplos ya en vigor que legitimen su propuesta. La isla es uno de ellos.

Mal camino han elegido, al menos en este caso. Y no sólo porque equiparar ambas realidades históricas y políticas es como comparar peras con manzanas, con el permiso de Ana Botella, sino porque la deriva económica del estado asociado a los Estados Unidos en su pasado reciente es de todo menos ejemplar. Transita por su séptimo año consecutivo de recesión y sus finanzas, eso sí, son bastantes similares por lo deficitarias y austeras a las catalanas… pese a recibir 7.000 millones de dólares en ayudas de la Administración central sólo en 2009. Como ese sea el universo soñado desde la Generalitat, van apañados payeses y charnegos. Vaya que sí van…

De hecho, buena parte de las penas de los portorriqueños se deriva de la concreción práctica de algunas de las ideas más o menos apocalípticas que se han señalado a lo largo de estos meses como obstáculos para la supervivencia financiera de la Catalunya una, grande y libre, con perdón, por Oriol Junqueras soñada. Prueba que si se deja el gobierno, cualquier gobierno, en manos de iletrados, y la cosa va por ahí, los dioses pueden castigar a los hombres con sus peores deseos.

Sobre la apreciación del billete verde en relación a su realidad productiva, administración corrupta, economía sumergida, paro elevado, un tercio de la población viviendo de la ayuda pública, inversión en caída libre o consideración como centro internacional de lavado de dinero y tráfico de drogas son algunos de los rasgos característicos actuales de Puerto Rico, lugar milagroso donde el PIB se hunde y el consumo crece impulsado por el dinero negro. Añadan un problema demográfico serio, debido a un fenómeno emigratorio masivo, y tienen servida la inviabilidad fiscal: prestaciones al alza y recaudación a la baja. La tormenta perfecta (The Economist, "Puerto Pobre", 26-10-2013, y, "Puerto Rico´s economy: buying on credit is so nice", 23-11-2013).

Un panorama tremendo ajeno al foco de atención hasta la declaración de quiebra de Detroit el pasado 18 de julio, momento en el que los inversores en bonos municipales comenzaron a revisar aceleradamente sus carteras para identificar otros posibles emisores insolventes. No tardó en salir el nombre de la isla a la palestra, con sus 70.000 millones de dólares de endeudamiento frente a los 18.000 de la ‘ciudad del automóvil’ –a los que habría que añadir 37.000 más de compromisos por pensiones–, provocando que el coste de su deuda en el mercado secundario se doblara en apenas dos meses –hasta situarse por encima del 7%– pese a su imposibilidad ‘formal’ de solicitar la suspensión de sus pagos y la prelación constitucional de cobro otorgada a sus acreedores (Washington Post, "Puerto Rico confronts a rising economic misery", 01-12-2013). Tres de cada cuatro fondos expertos en este tipo de activo estaban invertidos en sus títulos de renta fija gracias a un ventajoso régimen de exenciones tributarias (Financial Times, "Oppenheimer defends Puerto Rican bond holdings", 13-10-2013).

Tal y como señalan los analistas expertos, resulta muy difícil, salvo milagro, el que Puerto Rico pueda evitar el default con el consecuente impacto en el mercado de munis estadounidense (Seeking Alpha, "Puerto Rico: severe economic trends cloud fiscal solution", 16-10-2013, y, The Big Picture, "Puerto Rico update", 30-10-2013). No es menos verdad que se supone al tradicional seny catalán algo más de sensatez por más que gente tan respetuosa como Mas-Colell, viajado y con mundo, se despache con una boutade como que "un conflicto político no tiene por qué afectar a la economía". Sin embargo, es en ese tipo de declaraciones, en la creación de un clima de dulce transición financiera, donde encuentra aire el nacionalismo radical para legitimar sus pretensiones. Y, si llega a ser el caso, lo de Puerto Rico puede ser una broma. De mal gusto.

Limítense a leer el ideario de ERC (Valor Añadido," La verdadera razón del desplante de Mas", 21-10-2013) y a recordar lo que dejó tras de sí el infausto Tripartito y me cuentan.

Buena semana a todos, si les deja Montoro, claro está. 

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