Popular, Sabadell, NCG: América reconquista nuestra banca
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Popular, Sabadell, NCG: América reconquista nuestra banca

Algo falla. No se entiende. En este fervorín internacional por los activos financieros e inmobiliarios españoles, son muchos los fondos especializados en el mundo anglosajón que

Algo falla. No se entiende. En este fervorín internacional por los activos financieros e inmobiliarios españoles, son muchos los fondos especializados en el mundo anglosajón que han mostrado su interés por hacerse con carteras concretas de pisos o deuda en el balance de nuestra banca, pero prácticamente ninguno, con la excepción de Guggenheim en Novacaixagalicia, se ha postulado para adquirir una participación concreta en sucapital con una mínima vocación de permanencia.

Argumentos tales como la dificultades por el lado del menguante margen de intereses, las incertidumbres sobre la evolución de una mora creciente, que comienza a entrar en territorios nunca antes explorados, un riesgo regulatorio cuyos últimos exponentes han sido las refinanciaciones o los créditos fiscales diferidos y la certeza de que valoraciones a una vez libros no compensan el riesgo implícito y explícito han sido puestas sobre la mesa de manera recurrente para justificar esa falta de ambición compradora. Somos hermanos, pero no primos, por más que el Tito Botín y sus mariachis hablen de 3.000 kiletes de beneficio en España en 2016 o FG siga defendiendo un crecimiento futuro en su cuota nacional que se antoja innecesaria.

No han logrado convencer a casi nadie.

Sin embargo, alotro lado del Atlántico, el universo latino contempla nuestros bancos y cajas como un oscuro objeto de deseo, lo que ha llevado a algunas de sus fortunas a posicionarse como accionistas significativos de Sabadell, Popular o NCG. Unos movimientos que, tomados en perspectiva histórica, suenan a una suerte de reconquista después del avance español por aquellas tierras en las dos décadas anteriores.

¿Qué ven ellos que a los demás se les escapa? Sin estar en las tripas de sus comités de inversiones, y no es el caso, es difícil aventurar el porqué de tal coincidencia de opiniones. Sin embargo, me atrevería a apuntar de partida, al menos, tres:

  1. La conciencia de que de las crisis se sale y de que los activos buenos y/o baratos, con reconocimiento de marca, estructuras adecuadas de gestión, capilaridad y rentabilidad recurrente terminan, como regla general, aflorando su verdadero valor. Muchos de estos inversores han construido sus fortunas, precisamente, en entornos de enorme incertidumbre donde una situación crítica de carácter temporal se extrapolaba a permanente ofreciendo oportunidades históricas para aquellos que supieran poner la realidad del momento en perspectiva. Sobre esas lecciones del pasado han construido su futuro.
  2. La necesidad de conseguir un know-how que les permita aprovecharse de un previsible fenómeno de bancarización -más virtual que física, más por canal móvil que por oficina- en sus respectivas regiones de origen como consecuencia del rápido crecimiento económico del que están disfrutando y de la creación, al calor de esa mayor capacidad de ahorro de su población, de un amplio abanico de necesidades financieras susceptibles de ser satisfechas hasta ahora inexistentes. Desde ese punto de vista, entrar en las tripas de una entidad española supone atacar en términos de conocimiento frentes como el operativo, el tecnológico oel comercial.
  3. Es evidente que una parte sustancial de la decisión está vinculada a la voluntad de tener una puerta para canalizar inversiones desde Centro y Sudamérica a la decadente Europa, tierra de promisión. Hace tiempo que la dicotomía desarrollado/emergente se sustituyó por la de proveedores de fondos y desesperados por ellos (vean, sino, el fenómeno Portugal/Angola). Desde ese punto de vista, la entrada en el capital de nuestras firmas bancariasles ofrece una atalaya para atisbar, aunque sólo sea conocimiento de primera mano, la precaria situación de liquidez y/o solvencia de algunas de lasempresas señeras patrias, un universo de posibilidades para sussocioslocales.

Probablemente, se podrían añadir unas cuantas más, como el factor sentimental al que la melodramática prensa tanto nos gusta aludir. Sin embargo, este trío de posibilidades es el más factible en términos reales para justificar un desembarco que no es comprendido ni por las instituciones españolas más solventes, que plantean un panorama duro, al menos, los próximos 18 meses; ni por nuestros grandes ricos, al margen por completo del proceso de reforzamiento de capital a precios irrisorios acometidos por algunos de los deseados ahí fuera;ni por las grandes multinacionales del private equity o la gestión tradicional de fondos y sus sesudos analistasde mentepreclara. Qué cosas.

Sea como fuere, ya saben, mañana Cuento de Navidad y después…

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