Una explicación distinta y ¿real? del desplome bursátil

Son muchas las explicaciones que se han tratado de dar en los últimos días al colapso de los mercados de acciones de finales de la semana

Son muchas las explicaciones que se han tratado de dar en los últimos días al colapso de los mercados de acciones de finales de la semana pasada. Como señaló el propio Roubini en Davos, en apariencia nos encontraríamos ante una suerte de mini tormenta perfecta propiciada por:

  1. datos objetivos, como la ralentización macro china, el retorno al debate público del problema de techo de deuda en Estados Unidos o los regulares resultados empresariales alrededor del planeta;
  2. decisiones políticas y económicas unilaterales, caso de la ruptura por parte de la Argentina de su programa de sostenimiento del peso, la negativa del Banco Central de Turquía a subir sus tipos de interés para sostener la lira o la posibilidad de que la Reserva Federal acelere su programa de reducción de estímulos esta misma semana;
  3. y un exceso de euforia que llevó a muchos a creerse el cuento de un nuevo paradigma construido sobre pilares de barro: no hay nada que pueda con los alcistas por más que la economía languidezca, el empleo siga débil y sin visos de recuperación, las empresas no inviertan y la desigualdad crezca exponencialmente. En este sentido, la última carta semanal de John Mauldin resulta extraordinariamente reveladora sobre los peligros de esta complacencia: The CAPEs of Hope, 25-01-2014.

De todos estos factores, sólo el último justificaría el desplome vivido por las bolsas antes del fin de semana. Bajo el barniz de la racionalidad y la multiplicidad de causas, se hallaría algo mucho más pedestre: la urgente necesidad de un hedge fund de deshacer posiciones apalancadas que le habrían pillado en el lado malo del mercado.

Así lo asegura una información publicada por la agencia de noticias Reuters, en la que se afirma que todo se reduce a un masivo: short squeeze, cierre de posiciones cortas de manera acelerada para minimizar pérdidas. Y no, no tendría su origen en la renta variable, sino en la fija, como, por otra parte, suele ser habitual. En concreto, en los bonos soberanos estadounidenses.

El inversor –se rumorea que un macro londinense– habría seguido la corriente de moda y apostado el miércoles de forma masiva, vía opciones, en contra de la deuda pública USA en la creencia de que el proceso de normalización financiera acometido por la FED provocaría que los precios cayeran y sus rentabilidades se dispararan. Desde el tercer trimestre de 2008, el short interest sobre los Treasuries no había sido tan alto.

Sin embargo, en cuanto la cosa comenzó a torcerse el mismo jueves por la mañana, con los malos datos de actividad publicados por China, una avalancha de órdenes en sentido contrario entraron al mercado, afectando también a las divisas de financiación, caso del yen, y a las naciones destinatarias del carry, fundamentalmente emergentes. El caos estaba servido.La salida de emergencia era demasiado estrecha para el tamaño de los flujos en juego y obligó a reestructurar carteras de manera acelerada para cumplir con los niveles de value at risk, reordenación que afectó igualmente a las posiciones en acciones. Resulta de imprescindible lectura esta explicación de primera mano de Bronte Capital publicada el pasado domingo: When the hedge doesn´t work, 26-01-2014.

El resto de los factores antes mencionados sirvieron, simplemente, para hacer más grande la bola. La búsqueda de justificaciones condujo a que se pusieran encima de la mesa todas las debilidades estructurales que la bonanza financiera reciente había mantenido en segundo plano, provocando la salvaje activación del modo risk off, liquidación de activos con riesgo en beneficio de los más seguros, si es que alguno lo es a estas alturas de la película.

La buena noticia es que, si esta es la verdadera causa del desplome –¿qué fue antes, el huevo o la gallina?– los optimistas verán una rápida recuperación en el valor de sus posiciones, en cuanto las aguas vuelvan a su cauce, y los preocupantes argumentos de fondo quedarán relegados a un segundo plano. Sin embargo, será de nuevo una oportunidad perdida para ajustar riesgo percibido con real, desequilibrios económicos y ensoñación financiera.

Precisamente por eso ojalá el proceso real hubiera sido el por todos conocido, explicación plain vanilla sobre hechos públicos.

Pero, ya saben. En el mundo de las finanzas, la realidad supera con creces a la ficción, como hemos comprobado en los últimos años. Y en la medida en que ejemplos como este puedan seguir dándose con total impunidad, ¿qué podemos hacer? Poca cosa, parece.

Esto es to-to-to-to-todo amigos.

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