Hay esperanza: los medios crecerán un 1.000% en 10 años

Nos hemos referido en algunas ocasiones en esta columna a Marc Andreessen, uno de los emprendedores y business angels de referencia en el universo internet. No

Nos hemos referido en algunas ocasiones en esta columna a Marc Andreessen, uno de los emprendedores y business angels de referencia en el universo internet. No sólo por su condición de fundador de Netscape, sino por haber participado como accionista en alguno de los pelotazos más importantes que se han producido en los últimos años, caso de Facebook, Twitter, Zynga, Groupon, Pinterest o Skype. Tales credenciales dotan a sus predicciones futuras de un innegable peso específico y hacen recomendable su seguimiento y análisis, a sabiendas, eso sí, de que hablar es gratis y que el acierto te convierte en gurú y el error tiende a quedarse en el olvido. Me lo van a decir a mí.

Pues bien, acaba de unir a su larga lista de predicciones –unas acertadas, como el impacto que van a tener los smartphones en todo tipo de relaciones en el futuro (Valor Añadido, "¿Tiene un smartphone? Prepárese a pagar impuestos", 14-01-2014); otras desastrosas sobre la generalización del uso de las monedas virtuales como el bitcoin– un nuevo pronóstico de enunciado, cuando menos, sorprendente: el negocio de los medios de comunicación se va a multiplicar por diez en la próxima década, es decir: va a crecer un 1.000% por más que, a día de hoy, intuir siquiera la milésima parte de esa bonanza que anticipa sea un imposible.

¿En qué se basa para tan venturosa afirmación? Del texto de Wired de donde obtengo la pista para este post se deriva que construye su argumentario basándose en tres realidades: una, nunca se ha consumido tanta información como ahora, hasta el punto de que hay un déficit de oferta para todo lo que los usuarios demandan; dos, el modelo tradicional no sirve: hay que aprovechar los generadores naturales de contenido y abaratar por ende los costes de producción, obteniendo economías de escala; y tres, si la vieja escuela del periodismo no quiere convertirse en irrelevante no tiene que hacer contenido viral, sino viralizar el contenido.

Tres afirmaciones que abren debates de enorme calado. A bote pronto, surgen las siguientes preguntas: ¿qué es lo que realmente se demanda?, ¿estamos hablando de información en el sentido tradicional del término o de noticias que se generan para ser consumidas?, ¿dónde quedan criterios como la prelación, la ordenación, el rigor, la responsabilidad o la reflexión en todo esto?, ¿supone el triunfo del periodismo no ya ciudadano sino social media y el fin de los criterios periodísticos al uso?, ¿hasta qué punto ese tipo de contenido puede llegar a marcar agenda o cambiar la sociedad o es intrínsecamente efímero?, ¿cómo se puede rentabilizar? Queriendo impulsar el sector, lo que estaría haciendo Andreessen es certificar su muerte definitiva, al menos en su esencia actual.

Sea como fuere, el gurú justifica su pronóstico en determinados hechos que, en su opinión, pondrían de manifiesto que no va tan desencaminado: primero, cada vez son más las ‘eminencias’ de la red que están metiendo dinero en medios tradicionales caso de Jeff Bezos en Washington Post, el cofundador de Facebook Chris Hughes en The New Republic o el fundador de eBay, Pierre Omidyar, que ha lanzado un proyecto nuevo junto con Glenn Greenwald, conocido por haber levantado el caso Snowden en The Guardian; segundo, son numerosos los medios que abundan en el desarrollo de formatos publicitarios distintos y descubren vías de ingresos hasta ahora no exploradas que ya están dando sus frutos y aseguran la viabilidad de la industria; y, por último, es innegable la consolidación de escaparates inexistentes, como quien dice, apenas hace dos días –como Instagram– para la difusión de informaciones.

No estoy muy de acuerdo, la verdad. Muchas de las compras antes citadas tienen una mera finalidad de lobby, como ya comentamos aquí mismo en relación con el WaPo (VA, "Amazon: la plaga que arrasará el planeta", 04-02-2014); el carácter segmentador de internet va en contra de la transaccionalidad en los medios generalistas, lo que limita sustancialmente las fuentes de ingresos: nadie va a ellos con ánimo de contratar un viaje o un seguro o de comprar un libro o unas entradas; además, se puede afirmar que, de alguna manera, estamos en una suerte de crisis del display, debido a la excesiva eficacia que se exige al soporte online, inexistente en tan amplitud en el resto de los canales, incluida una televisión magnificada en su eficacia y convergente con la red; y, aun siendo verdad que el diario virtual del siglo XXI está por inventar, lo que no podemos aceptar como válido es que ni siquiera la sustancia de lo que ha sido el periódico y el periodismo en los dos últimos siglos importa.

Dicho esto, la provocación está ahí. Toda suya.

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