¿Volver a los emergentes? Vean este gráfico primero

Ha circulado como la pólvora en los foros ilustrados este gráfico dado a conocer a principios de mes por el Fondo Monetario Internacional (iMFdirect, The trillion

Ha circulado como la pólvora en los foros ilustrados este gráfico dado a conocer a principios de mes por el Fondo Monetario Internacional (iMFdirect, "The trillion dollar question: Who owns Emerging Market goverment debt", 05-03-2014)

En él se identifica a los tenedores de bonos soberanos emitidos en los principales mercados emergentes, clasificándolos en dos grandes grupos y seis categorías distintas: banco central, banca doméstica, otros inversores locales, por un lado; tesoros extranjeros (excluyendo fondos soberanos), entidades financieras foráneas y otros propietarios no residentes (como fondos de inversión tradicionales o hedge funds), por otro.

Cuanto mayor es el peso de los nacionales, menos vulnerable es un país en términos de demanda de sus bonos y coste de financiación de los mismos y viceversa. Un factor sustancial en la medida en que estas economías han sido capaces de atraer hasta un billón (millón de millones) de dólares de capital exterior en el periodo 2010-2012 y el doble de esa cantidad desde 2004 por las razones tantas veces explicadas: búsqueda de rentabilidad, mejora de sus finanzas públicas o de las reservas de divisas y percepción de un cambio estructural generalizado que, en muchos casos, ha resultado fallido (Valor añadido, "Dos artículos imprescindibles para comprender el caos actual", 26-02-2014).

Una apuesta indiscriminada, como así lo prueba la falta de dispersión en los flujos de entrada que se materializaron entre 2010 y 2012 en el conjunto de los veinticuatro Estados que conforman la muestra.

Y, por tanto, peligrosa.

Sin embargo, a los riesgos por todos conocidos y que se han puesto de manifiesto en cuanto la marea monetaria occidental ha comenzado a retirarse, se une ahora una auténtica bomba financiera, no incorporada a la ecuación, que puede cambiar de manera sustancial la percepción de algunos de estos países: la deuda emitida en dólares por filiales de empresas de áreas emergentes en el extranjero. Una cifra a tomar a más a más, que dirían allá arriba a la derecha.

De acuerdo con Jens Nordvig, estratega mundial de divisas de Nomura, que es quien ha levantado la liebre, sólo entre 2010 y 2014 estas corporaciones han inundado el mercado con bonos en sus distintas formas por valor de 400.000 millones de dólares. Una cifra, señala, que no se recoge en las estadísticas de balanza de pagos, toda vez que estas siguen el criterio de residencia y no de nacionalidad (Business Insider, "The hidden debts in EMs", 04-03-2014).

Una realidad que lleva fácilmente a concluir que los datos de determinadas naciones desarrolladas o paraísos fiscales están hinchados, mientras que los de las regiones de origen de los emisores infracontabilizados y que, por tanto, no se trata tanto de un ‘endeudamiento oculto’ sino mal asignado.

Da igual. Esa es la anécdota.

Lo verdaderamente relevante –cuestión sobre la que profundiza Philip Turner, del Banco Internacional de Pagos de Basilea (BIS, "The global long-term interest rate, financial risks and policy choices in EMEs", febrero de 2014)– es qué sucede en el momento en que la divisa ordinaria se hunde frente a la usada como financiación, como, de hecho, está ocurriendo por oleadas en los últimos meses.

Si la justificación de esta diversificación es operativa, motivada por una actividad offshore de bienes o servicios, el impacto es menor. Pero en el caso de meras carcasas para obtener recursos más baratos, el desajuste entre el valor de activos y cash flows denominados en una menguante moneda corriente y el servicio del principal y los intereses de una creciente deuda en dólares pueden afectar a la viabilidad de la matriz y, por derivación, a su sistema financiero de referencia.

No se trata de una broma, no.

No dejen, por tanto, de añadir al chart que les adjuntaba al inicio de este post –quién tiene– este otro desarrollado por el analista del banco japonés –cuánto realmente deben–. Evitarán sorpresas negativas antes de que el explosivo escondido en los datos oficiales de algunos emergentes de referencia estalle a los tenedores de sus bonos entre las manos.

Amén, Jesús.

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