El algodón no engaña: los inversores tienen miedo

Me llega desde el equipo de Market Insights de J.P. Morgan su resumen semanal sobre el comportamiento de los activos financieros tanto en los últimos siete

Me llega desde el equipo de Market Insights de J.P. Morgan su resumen semanal sobre el comportamiento de los activos financieros tanto en los últimos siete días como en lo que va de 2014, junto con una identificación de rentabilidades año sobre año de cada una de las categorías que contemplan.

Se trata de un instrumento extraordinariamente revelador, que pone de manifiesto cómo los inversores, tras un 2013 en el que el modo risk-on parecía definitivamente activado, han comenzado a tener serias dudas acerca de lo que está por venir, por más que las operaciones corporativas se multipliquen al calor de la burbuja de liquidez propiciada por los bancos centrales.

Hay dudas sobre la evolución macro –crecimiento, con constantes y ya casi tradicionales revisiones a la baja, e inflación– y sobre las cifras micro –márgenes, beneficios y ratios aplicadas a los mismos, especialmente en algunas industrias–. Ni el top-down ni el bottom-up invitan, pues, a la confianza. Más al contrario, si nos fijamos en qué activos lo están haciendo mejor en este primer trimestre, no sería difícil concluir que hay miedo latente en el mercado y que la fe en la actuación salvadora de los supervisores se ha convertido en irracionalmente estructural. No es de extrañar que, en cuanto levantan siquiera mínimamente el pie del acelerador, cunda el pánico.

Prueba de todo lo anterior es que el oro ha sido la estrella en las carteras en el periodo de enero a marzo, con una revalorización superior al 7%, rebote tras su caída cercana al 30% el año pasado. Junto al metal, los bonos soberanos han vivido una importante contracción en sus rendimientos –esto es, han tenido revalorizaciones en precio– incluidas aquellas economías en las que una subida de tipos puede estar a la vuelta de la esquina, como la británica. Curioso, algo falla: el trade generalizado largo bolsa, corto bonos propuesto por la mayoría de las casas de análisis para este ejercicio está saliendo rana, de momento. Y de qué manera. A nivel bursátil, son sectores tan poco atractivos como las farmacéuticas o los servicios públicos los más destacados, imponiéndose el value claramente sobre el growth.

Como únicas excepciones a esta cautela, el tirón de los bonos corporativos de la peor calidad, debido a la búsqueda desesperada de yield de algunos actores que se prolonga ya unos años (Valor Añadido, "Ándense con ojo: la basura financiera más cara que nunca", 08-01-2013), o el buen comportamiento de las bolsas periféricas, especialmente de la española y la italiana de la mano de la contracción de sus primas de riesgo. Sin embargo, tanto el colapso japonés, cuyo índice de referencia acumula un 8% negativo en lo que va de año tras el experimento monetario de sus políticos y supervisores como la falta de recuperación del sentimiento sobre acciones y deuda emergentes o el desplome del cobre, al que hicimos referencia por aquí hace bien poco (VA, "Un indicador mundial clave se sigue desplomando", 25-03-2014), ponen de manifiesto el elevado nivel de precaución existente en la actualidad.

¿Parón temporal o miedo racional? Veremos.

El problema es que, sinceramente, uno no es capaz de vislumbrar cuál puede ser el catalizador para que el sentimiento cambie, si el efecto arrastre de 2013 no ha funcionado, la FED y el Banco de Inglaterra pueden estar de retirada; el crecimiento global se ve perjudicado por la errática trayectoria de algunos de sus principales aportantes (Brasil, India, Rusia…); la automatización va a multiplicar los niveles de paro estructural; hay exceso de capacidad productiva global y local (caso de China en determinadas industrias); los márgenes y la participación de los beneficios están en máximos en naciones como Estados Unidos pero sin generar riqueza para el conjunto de la sociedad, si nos atenemos a los niveles de desigualdad existentes, y así sucesivamente.

Hay que disfrutar la fiesta mientras dure, pero aquí la música suena cada vez más baja, la posibilidad de un desalojo abrupto es cada vez mayor y hay muchos que no están preparados para la resaca que este botellón masivo puede propiciar. Siento ser el cenizo que corta el rollo pero, oigan, datos son amores que no buenas razones. Hasta para Ana Pastor.

 

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