Qué es el ‘momento Minsky’ y por qué importa
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Qué es el ‘momento Minsky’ y por qué importa

Tenía descuidado en los últimos meses a John Mauldin, uno de los analistas económicos y financieros de referencia en Estados Unidos. Como a alguno de ustedes

Tenía descuidado en los últimos meses a John Mauldin, uno de los analistas económicos y financieros de referencia en Estados Unidos. Como a alguno de ustedes le puede suceder con un servidor, tenía la impresión de que todo lo por él escrito ya se lo había leído antes, dada la recurrencia de sus temas –que McCoy trata de evitar– y, sobre todo, la permanencia en el tiempo de las amenazas potenciales que sistemáticamente ha identificado. Uf, ¿otra vez?, ¡no!

Sin embargo, a finales de marzo, en Outside the Box –oferta gratuita semanal a sus suscriptores de contenido de un tercero– incorporó una pieza histórica de particular importancia e interés: la formulación en mayo de 1992 por parte de Hyman Minsky de la Hipótesis de la Inestabilidad Financiera que, con el estallido de la crisis en 2007, recuperó un interés negado hasta entonces bajo la sucinta denominación –acuñada por Paul McCulley en 1998 con motivo del affaire LTCM– de ‘momento Minsky’.

El propio Mauldin explica con detalle en qué consiste la tesis del economista. Reproduzco de forma versionada:

Señala que la estabilidad conduce a la inestabilidad. De hecho, en la medida en que el entorno o una tendencia permanecen en el tiempo –por ejemplo, tipos de interés bajos– los distintos agentes económicos terminan tomando decisiones irracionales, precisamente, por la creencia de que circunstancias o datos se han convertido en estructurales, han venido para quedarse (sobreendeudarse, siguiendo la misma línea de argumentación). Cuando la normalidad del ciclo se impone (normalmente por la mera aplicación de la ley de la oferta y la demanda y los puntos de equilibrio), la corrección y sus consecuencias son dramáticas (impagos, desahucios…) y generan enormes bolsas de inestabilidad para el conjunto del sistema (sobran los ejemplos, ¿de dónde viene, si no, el too big to fail?).

Es evidente que la conversión en paradigma del famoso Goldilocks –crecimiento mundial sostenido, sin inflación, gracias, entre otros factores, a la irrupción de China como contrapartida comercial y financiera– estuvo en la génesis de muchas de las irresponsabilidades que se cometieron durante los años de gestación de la burbuja de crédito, época en la que la deuda se convirtió en elemento transversal en todo tipo de activos financieros, lo que contribuyó posteriormente a hundirlos colectivamente al romper las correlaciones históricas. En España, la extrapolación fiscal y de riqueza privada a futuro que acompañó el objetivamente absurdo, vistas las cifras, boom nacional del ladrillo trajo las consecuencias por todos conocidas.

Sin embargo, eso es agua pasada. Les comentaba al arranque de este post que es bueno saber qué es el ‘momento Minsky’ de la mano de su autor intelectual y por qué importa a día de hoy. Vayamos con la segunda parte.

Buena parte del discurso sobre su vigencia actual se centra en si no se encontrará China a punto de sufrir este fenómeno. Siendo como es la segunda economía del planeta una completa caja negra en muchos aspectos, se trata de una afirmación aventurada que lo mismo se podía haber hecho hoy como hace un par de años o tres… sin que hubiera pasado nada. Ahora quizás el fundamento es mayor teniendo en cuenta lo que ha sucedido con su sector inmobiliario y con el crédito local en el último trienio. Pero aun así: control de capitales, flujo circular de fondos (del Estado a empresas públicas a través de bancos públicos y de nuevo al Estado), elevadas reservas, tasa de ahorro local, bajo nivel de bancarización son fenómenos todos ellos que pueden prolongar los excesos en el tiempo. Cuál será el copo de nieve que provoque la avalancha, si es que llega a materializarse, está por ver (Valor Añadido, "Cuidado, ¡avalancha!", 18-10-2008).

Más relevante es, en mi modesta opinión, lo que está sucediendo en el mundo desarrollado, donde se están viendo los mismos niveles de complacencia en la economía financiera que hace siete años pero sin el respaldo de la actividad real, lo que convierte tal laxitud en aún más peligrosa. Poco a poco, los más agoreros van bajando la guardia mientras las compras a crédito bursátiles, los precios de la deuda de peor calidad, los múltiplos de algunas industrias, las operaciones de financiación sin apenas respaldo vuelven a situarse en niveles máximos… históricos. Todo basado en la creencia de que los bancos centrales son omnipotentes y que no hay problema que no puedan resolver con su varita monetaria.

¿Qué ocurrirá el día que, simplemente, no puedan seguir; cuando el conejo de la chistera salga rana? Ya hemos visto lo que ha sucedido en cuanto han amagado con pegar, sin llegar a dar de verdad. El cambalache mundial se ha tambaleado. Nadie sabe contestar a la pregunta ‘¿y después qué?’ Pero no importa: se redoblan las apuestas. Eso es Minsky puro.

No en vano, si leen las cinco hojas de la formulación original o, mejor dicho, si van directamente a la última, verán cómo el ‘momento’ tiene lugar cuando el capital especulativo o directamente Ponzi –esta parte es muy ilustrativa– se impone al racional, que actúa bajo premisas de beneficios e inversión futura. Pues bien, Ponzi son ya las finanzas públicas (que no pueden hacer frente a los compromisos derivados del Estado del bienestar), los balances de los supervisores, la renovada deuda de muchas corporaciones. Y, si el sistema es Ponzi, el colapso que se predijo teóricamente hace 22 años terminará por llegar. Lo veamos nosotros, nuestros hijos o los hijos de nuestros hijos. Ahí queda dicho.

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