El 'WSJ' saca la artillería pesada contra España, ¿y eso?

No se le ha dado importancia y la tiene. Muchos inversores a lo largo y ancho de los cinco continentes se desayunaron el lunes con una

No se le ha dado importancia y la tiene. Muchos inversores a lo largo y ancho de los cinco continentes se desayunaron el lunes con una apertura en la sección de Finanzas y Empresas del WSJ titulada "In Spain, Bank Data isn´t plain". En ella se cuestionan las cifras oficiales de morosidad de la banca española y, por ende, su solvencia. En mi modesta opinión, de forma exagerada. Sin embargo, lo importante no es sólo el contenido, sino el momento en el que ve la luz. Resulta imposible desligar este artículo de determinados acontecimientos recientes o de otros que están por venir. De ahí que su trascendencia a efectos de impacto en la Marca España sea muy superior a lo que aparenta. Un ataque inesperado que llega en muy mal momento. Curioso.

¿Qué dice el rotativo norteamericano? En esencia, que los datos de mora de nuestro sistema financiero están adulterados a la baja al tener en cuenta únicamente los non-performing loans y no los llamados non-performing assets que incluyen adjudicados y restructuraciones crediticias, así como bienes y financiación transferidos a la Sareb, el banco malo patrio. Si se tomaran en consideración estos activos, la ratio de impagados pasaría del 13,4% del saldo vivo de préstamos a una horquilla entre el 22% y el 25,5%, según los distintos analistas consultados por el diario, los míticos Santiago López (BNP-Exane) y Sergio Gámez (BoA-Merrill Lynch) incluidos.

Vale, hasta ahí lo incuestionable, la aritmética no falla. Ya saben, lo objetivo no se discute.

Pero me van a permitir que introduzca dos matices aquí que restan valor a esta ecuación, uno de carácter cualitativo y otro cuantitativo.

No hay país en Europa en el que la banca tenga un grado de desglose de su activo y los riesgos asociados al mismo como el español. No lo hay. Si se puede establecer esta dicotomía entre NPLs y NPAs es precisamente por esa mayor transparencia, que afecta a todos los parámetros que median entre una y otra medida. Es así, basta con mirar las Memorias Anuales. Una realidad que se deriva del nivel de escrutinio internacional al que se han visto sometidas las instituciones financieras nacionales. ¿Todavía el detalle es insuficiente? No lo sé, pero seguro más cercano a la verdad que las cuentas publicadas de competidores comunitarios. No les quepa la menor duda. Y el que esté libre de pecado… ya se sabe.

Por otra parte, no es correcta la extrapolación de cifras que en la pieza se hace y que da por hecho que todo lo que huele a podrido va a estar finalmente podrido en su totalidad. En una cesta de manzanas, el deterioro de una de ellas puede llevar a creer que ninguna sirve. Sin embargo, el análisis individual conduciría a conclusiones muy distintas: muchas estarán sanas, otras serán aprovechables si se cercena la parte más estropeada y, finalmente, otras cuantas tendrán que ir directamente a la basura. Los activos subestándar y morosos participan igualmente de esta idiosincrasia. No todo va a acabar finalmente en pérdida, ni lo va a hacer de la misma manera. Y, a estas alturas de la película, resulta difícil creer que haya tanto por aflorar como lo que ya lo ha hecho. Hacer esa analogía supone, pues y en mi modesta opinión, un exceso injustificado. Uno, que es poco sospechoso de no dar cera a las entidades españolas hasta en el carnet de identidad, simplemente piensa que esta reflexión es anacrónica. Ahora ya no toca.

Dicho esto, como comentábamos al principio, es complicado sustraer la aparición de la noticia del contexto en el que ocurre. No se trata de ser conspiranoico, sino realista. Un titular como ese,

  1. que pone en tela de juicio la estadística oficial de, probablemente, el sector más regulado y supervisado de España, y cuestiona por tanto la tarea de vigilantes y legisladores patrios, lo que algún maledicente podría extrapolar a los datos de déficit presupuestario, PIB y similares;
  2. que llega precisamente cuando el Banco Espírito Santo ha puesto el foco en las firmas bancarias de la periferia europea, reavivando las dudas sobre su solvencia y rentabilidad;
  3. que coincide con la sombra de sospecha que ha introducido el escándalo Gowex sobre la información financiera contenida en nuestros registros oficiales, crisis sistémica de la que no son ajenos analistas financieros –los mismos que escriben con total impunidad– o auditores, y
  4. que se materializa en un momento en el que desde los organismos supranacionales se está estudiando la fortaleza de todos y cada uno de los bancos de la Eurozona considerados como sistémicos –AQRs o Asset Quality Reviews–, lo que ha requerido históricamente de las necesarias cabezas de turco en las que centrar la atención mediática...

… podría llevar a pensar a alguna mente calenturienta que hay algo más que mera casualidad en su publicación. Claro que, para llegar a esa conclusión, habría que responder con precisión al cui prodest?, al “¿quién se beneficia de esto?”. Y aquí que seguro ustedes encuentran respuestas mucho más precisas de las que se le pueden ocurrir a un servidor. Competidores, ‘malvados especuladores’ operando en corto, jerarcas comunitarios preparando el terreno… No sé.

Lo único cierto es que estamos ante una información tendenciosa, extemporánea e inexacta. Y eso, de verdad, es raro, raro, raro. ¿O no?

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