Una amenaza real: el chocolate, en peligro de extinción

Qué historia más bonita la publicada por Mark Schatzker en Bloomberg. Y qué bien contada. A ver si aprendo. Sobre una realidad objetiva, conocida desde hace

Foto: Semillas de cacao (Reuters)
Semillas de cacao (Reuters)

Qué historia más bonita la publicada por Mark Schatzker en Bloomberg. Y qué bien contada. A ver si aprendo. Sobre una realidad objetiva, conocida desde hace años, que el mundo se queda sin cacao, materia prima básica para la elaboración del chocolate, describe de manera cercana, y de la mano de sus protagonistas, los distintos esfuerzos que algunos románticos están haciendo para mejorar las cosechas, crear nuevas variedades y preservar un sabor que evoca siempre buenos recuerdos.

Nunca les estaremos suficientemente agradecidos.

Las penas con pan son menos. Con chocolate, dejan de serlo.

La realidad objetiva de la commodity agrícola es terrible. Por el lado de la oferta, las sequías en África Ecuatorial, plagas masivas en América Central y del Sur y su sustitución por cosechas más rentables, como el caucho o el maíz, han mermado sustancialmente la producción mundial. No hay que olvidar que su cultivo está hiperconcentrado geográficamente, que produce una cosecha cada dos años y que requiere de unas condiciones de humedad específicas y estables que el proceso de cambio climático, de confirmarse, podría poner en riesgo.

Por el contrario, el cacao es cada vez más demandado. El consumo en China ha pasado de 40.000 a 70.000 toneladas de 2010 a 2014. Aun así, su consumo per cápita apenas supone un 5% del de Europa Occidental. Mientras, en la India el incremento ha sido de 25.000 a 40.000 en el mismo periodo. Este año el crecimiento está siendo exponencial. No solo eso, el chocolate de mayor pureza, que hace un uso más intensivo del grano, va ganando predicamento entre los consumidores, lo que agrava el problema (Bloomberg, “The world’s biggest chocolate-maker says we’re running out of chocolate”, 15-11-2014).

La escasez es un hecho. El déficit de suministro también. Las previsiones multiplican por catorce el agujero de 2013 a finales de esta década. Su cotización media ha pasado de 1.465 dólares por tonelada en el periodo 1993-2007 a 2.736 en los seis años siguientes. Un aumento del 87% en un entorno deflacionario global de los alimentos, algo que no cercena su valor como inversión, visto el panorama.

O sí.

Porque ¿está todo perdido?

No. Se multiplican los esfuerzos por paliar lo inevitable. En Ecuador se consiguió multiplicar por siete el rendimiento de cada mata, eso sí, a costa del sabor. En Costa Rica, con el mismo aprovechamiento se ha logrado reparar parcialmente tal carencia tras 35 años de esfuerzo, ensayo y error, injertos y descartes. Hay, por tanto, esperanza si bien el resultado de tanto experimento dista mucho de la calidad del cacao africano, afectado por la falta de lluvias pero inmune de momento a las plagas.

La mezcla se impone, como ya ocurre con el café o con las distintas modalidades de uva que configuran un gran vino. Gracias a ellas seguiremos disfrutando de productos tan vinculados a nuestra historia personal como el Cola Cao o la Nocilla. Eso sí, pronto el mejor chocolate dejará de ser un bien de consumo ordinario para convertirse en producto de lujo. Quien quiera tomar esa obligada oncita del 72% o el 85% después de comer, la que hace la tarde más placentera, tendrá que pagar, y bien, por ella.

Eso sí que parece inevitable. Mal menor.

O sea que, ya saben, a aflojar la cartera toca. No hay placer sin dolor…

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