'Habemus' quita: el bombazo informativo del fin de semana

Tengo en la más alta consideración profesional a Manel Pérez, en la actualidad subdirector de La Vanguardia. Se trata de un periodista sólido cuyas informaciones son

Tengo en la más alta consideración profesional a Manel Pérez, en la actualidad subdirector de La Vanguardia. Se trata de un periodista sólido cuyas informaciones son siempre tales, esto es: llevan la necesaria carga de solvencia y rigor como para ser tenidas en cuenta. Por eso, cuando este domingo apareció en el rotativo barcelonés, firmada por él, la noticia de que el Gobierno se plantea una quita de la deuda autonómica supe inmediatamente que es verdad.

No les voy a engañar, un escalofrío recorrió mi cuerpo. Por varios motivos que me dispongo a enumerar.

En primer lugar, por la perversión del argumento empleado. Puesto que los volúmenes de financiación central asumidos por algunas regiones son imposibles de repagar y el Estado no deja de ser responsable subsidiario en caso de un posible default, directamente reestructuramos cantidades y plazos y santas pascuas. Muerto el perro, se acabó la rabia.

Esto estaría muy bien si no fuera por dos razones en contra de peso.

La concesión de buena parte de esa financiación era condicional, es decir, venía acompañada de planes de viabilidad que perseguían una corrección estructural de desviaciones presupuestarias y, por ende, una mejor sostenibilidad del sistema en el futuro. Es evidente que sustituir contundencia por complacencia no es la mejor manera de cumplir con ese propósito. Al contrario, la fragilidad del conjunto del sistema aumenta. Da la sensación, de hecho, de que es un nuevo movimiento de la casta para protegerse a sí misma, sea del signo político que sea.

Supondría además el reforzamiento de uno de los conceptos más denostados a lo largo de esta crisis, que es el del riesgo moral, por mor del cual se cuida a los incumplidores a la vez que se penaliza a los ortodoxos. Indudablemente, la medida perjudicaría a aquellos dirigentes madrileños, riojanos, navarros, vascos o castellanoleoneses que han renunciado a determinado dinero público y han preferido asumir por sí mismos la responsabilidad asociada a sus deudas, bien ajustando gastos, bien acudiendo a los mercados a tipos muchos más elevados que los ofrecidos desde Hacienda.

Esto nos da pie a entrar en el segundo de los argumentos en contra de una propuesta de ese tipo: el hecho de que desde el mismo momento en que dicha posibilidad toma cariz de certeza queda automáticamente cerrada la posibilidad de que las comunidades afectadas puedan acudir al mercado a financiarse. Es así. Y ello aumentaría el círculo de dependencia entre finanzas centrales y regionales en un momento, por cierto, en el que zonas extraordinariamente beneficiadas por este modelo se plantean su segregación del conjunto del territorio nacional (Valor Añadido, "Así destrozará la Catalunya independiente al Tesoro español", 17-06-2014).

De darse el paso, no quedaría otra posibilidad que la de la centralización de las emisiones públicas en manos de una organización interterritorial dependiente del Tesoro, lo que, paradójicamente, perjudicaría a aquellos que más independencia en sus cuentas reclaman. De hecho, ni siquiera tendría probablemente sentido ya la individualización de las partidas, toda vez que el Estado trabajaría con una suerte de pool regional de necesidades que distribuiría los recursos en función de unos parámetros fijados de antemano, si es que algún día llegara a haber consenso suficiente para ello, que lo dudo.

Es verdad, como señala el propio Manel Pérez en su información, que de facto se está produciendo la asunción por parte del Estado de las obligaciones financieras imposibles de asumir por algunas regiones. Así lo escribimos hace bien poco en relación con Catalunya con motivo del vencimiento de sus “bonos soberanos”, esos colocados entre minoristas a cambio de suculentas comisiones por parte de algunas entidades financieras (VA, "El Estado liquida generosamente el fraude piramidal catalán", 12-05-2014). Sin embargo, explicitarlo del modo que ahora se puede estar contemplando supondría un paso más allá que no sólo no contribuiría al bienestar del país, sino a una quiebra adicional con base en el agravio y la desigualdad de trato entre sus integrantes.

Jugar con fuego se llama esto. Ideas de bombero.

Buena semana a todos.

Valor Añadido
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