Así robará Syriza a los votantes de Podemos, tres simples cuadros

Alexis Tsipras ha ganado las elecciones griegas. El pueblo ha dictado sentencia, para bien, mal o regular. Solo el tiempo dirá. Ahora bien, cuidado con los

Foto: El líder de Syriza, Alexis Tsipras (EFE)
El líder de Syriza, Alexis Tsipras (EFE)

Alexis Tsipras ha ganado las elecciones griegas. El pueblo ha dictado sentencia, para bien, mal o regular. Solo el tiempo dirá. Ahora bien, cuidado con los que desde España valoran las políticas rupturistas del que se perfila como nuevo primer ministro como un acto de liberación, de ruptura con el yugo opresor de Europa. A esa esperanza se puede oponer a corto plazo una terrible experiencia: la de ser expoliados si Syriza se niega a repagar lo debido en tiempo y forma. Algo que, de confirmarse, afectará a nuestro país, a sus ingresos, a la capacidad de financiación y a la situación de todos sus ciudadanos, que empeorará. El importe del robo al conjunto de los españoles, sin distinción, será de un año de trabajo común, de esfuerzo colectivo por hacer que nuestra nación se recupere–los cálculos en el último párrafo–. Los dioses, una vez más, castigando a los hombres con sus deseos. No aprenderemos.

(vía @dlacalle)

(vía @_perpe_. Añadido 27 de enero a las 10:00. Da igual euro que fuera de él, crisis o euforia)

Partamos de una previa. En Europa se ha sustraído a la población de una parte del debate: la cuestión no es austeridad sí, austeridad no, como un conjunto de políticas absolutas que persiguen una mera finalidad estadística y en la que el ser humano apenas importa. Mentira. Esa visión reduccionista, explotada de forma demagógica por algunos, evita entrar en la cuestión de fondo: los modelos actuales no funcionan, las cuentas públicas han devenido insostenibles y los sistemas de Estado del bienestar, inviables. Prueba de ello son lps déficits fiscales acumulados: en depresión o... bonanza. Hay que acometer reformas profundas; dolorosas de inicio, sí, eficaces mañana, también. Más allá del efecto denominador, la deuda griega, 320.000 millones de euros, un 175% del PIB, se dispara precisamente cuando los estabilizadores automáticos no son suficientes para atender las necesidades internas, algo parecido a lo sucedido en nuestra economía (vid supra). El diagnóstico a la luz de los datos es evidente, el tratamiento by the book también. No hay conejos en esta chistera por más que algunos se empeñen.

De hecho, en contra de lo que afirman los más beligerantes, ha sido precisamente gracias a la ayuda de la troika que Grecia ha podido seguir funcionando como hasta ahora. Estamos ante un caso de libro de crowding out de financiación pública ante la retirada de la privada, como pueden ver en el siguiente de los charts. Es verdad que su llegada fue fruto de un ejercicio de conveniencia, derivado del deseo colectivo de mantener la unidad en la moneda única, probablemente de manera equivocada. Pero no es menos cierto que, de no haberse producido, lo sucedido hasta hoy en territorio griego apenas sería un mal sueño comparado con la pesadilla causada, ya fuera del euro, por la autarquía impuesta por acreedores internacionales privados tanto financieros como comerciales, con un dracma devaluado, una escasez agónica y un Estado insolvente. No les quepa la menor duda.

(vía DB, @pdacosta)

Como ven, cerca del 80% del saldo vivo de la deuda helena está en manos de instituciones oficiales no domésticas, fundamentalmente BCE y FMI. Más interesante todavía es la inexistencia de banca extranjera, la que canaliza los grandes flujos de dinero, en el pasivo del balance del emisor. Cuatro años más tarde, y pese a la cordura que se ha querido imponer desde Europa y que se ha traducido en superávit primario (2,7% en 2014) y en una mejora sustancial de la balanza exterior, el interés brilla por su ausencia. A la penalización en términos de capital de su tenencia se une una desconfianza secular sobre los gobernantes griegos, algo que no parece vaya a mejorar ahora. Mientras, la posición en bonos de las compañías foráneas con actividades en el país es muy reducida y, probablemente, forzada. Dicho en plata: los que imponen la austeridad son los mismos que han hecho de tripas corazón y han permitido que el país siguiera funcionando. Vaya.

Entre los participantes en el pool de organismos públicos financiadores se encuentra España, con una exposición de 33.000 millones de euros entre préstamos, garantías, saldo en el Target 2 o participación en bonos del Eurosistema. Es decir, Grecia nos debe un 3% de nuestro producto interior bruto. Si diéramos por buena la predicción más optimista del Gobierno en este año electoral patrio que ahora comienza, incremento de la riqueza nacional en ese porcentaje, y se produjera la quita de todo ese importe por parte de Syriza –escenarios ambos extremos–, resultaría que el esfuerzo de todos los españoles de un año, ricos y pobres, autónomos y trabajadores por cuenta ajena, empresarios y curritos se habrá ido por el desagüe griego. Ahora, si quieren, van y siguen aplaudiendo, queridos amigos de Podemos.

No se lleven a engaño. Aún puede que los griegos ganen optimismo a corto con Tsipras, a riesgo eso sí de condenar aún más su futuro. Pero España no gana nada en este envite. Cero. Sólo la posibilidad que nos roben, 700 euros por barba sin ir más lejos. As simple as that.

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