El presidente Rajoy le pone la alfombra roja a Albert Rivera
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El presidente Rajoy le pone la alfombra roja a Albert Rivera

A Rajoy hace tiempo que le afectó el llamado síndrome de la Moncloa, enfermedad que lleva a los sucesivos presidentes del Gobierno a instalarse en una atalaya

Foto: El presidente del Gobierno y del Partido Popular, Mariano Rajoy. (Efe)
El presidente del Gobierno y del Partido Popular, Mariano Rajoy. (Efe)

ARajoy hace tiempo que le afectó el llamado síndrome de la Moncloa, enfermedad que lleva a los sucesivos presidentes del Gobierno a instalarse en una atalaya tan elevada que les impide percibir la realidad que los rodea. Alimentan la enfermedad la patulea de asesores serviles que se limitan a decirle al jefe lo que quiere oír sobre la base de la objetividad de los datos, esos que no se discuten.

Mariano, eres cojonudo, como tú no hay ninguno.

Aun siendo verdad que la economía acompaña, que España crece más que el resto de sus socios europeos, que se crea empleo de manera constante por primera vez en años, que la balanza exterior ha visto momentos de gloria como sólo conocían los más viejos del lugar y que la suma de todos esos elementos debería traducirse, en un entorno racional, en papeletas para el PP –siempre que el votante se tapara la nariz respecto a la locurade la Administración y el volumen de la deuda–no es menos cierto es que la ciudadanía hace tiempo que dejó de votar con el bolsillo para hacerlo con el corazón.

Siente que el representante no vela por sus intereses, que busca su propio beneficio retrasando la presentación de presupuestos a fin de ganar contiendas regionales, yéndose a ver un partido de fútbol tras anunciar el rescate bancario de un país o subiendo y bajando los impuestos a su conveniencia sin importarle sus propias promesas electorales, por citar algunos ejemplos.

Y esa frustración se traduce en abandono. No le sirven ya, ni aquel en el que confió en su día ni ningún otro que forme parte del entramado actual. Para el decepcionado elector, todos son lo mismo. Y, democracia para qué te quiero, comienza su búsqueda de alguien por quién apostar,formaciones fuera del régimen a las que votar.

El análisis ya no es racional, sino estrictamente sentimental, fruto de la decepción.

Es precisamente eso lo que ha dotado de carácter mesiánico a un Podemos al que poco afectan las acusaciones sobre las prácticas de sus dirigentes. Dan igual. Y es lo que ha llevado a una parte sustancial del votante natural del Partido Popular a simpatizar con Albert Rivera sin importarle su falta de experiencia en el poder. Hay necesidad de savia nueva, de gente no contaminada por el sistema anterior, de tipos que modulen una nueva forma de hacer política. De cambio. Lo malo conocido ya lo tenemos, demos una oportunidad a lo bueno por conocer.

Este es la verdaera revolución, la raíz de lo que se ha vendido en llamar italianización de la política española que el gallego, encerrado entre las cuatro paredes del recinto presidencial, engatusado por cifras y números, no ha acertado a atisbar. Ni él ni sus asesores de referencia, meteorólogos que tan mal pronostican los efectos de la lluvia fina sobre los propios predios como yerran a la hora de medir las tempestades que se forman a derecha e izquierda de los mismos.

Por eso, en la medida en que Mariano Rajoy se empeñe en tratar de rebatir con argumentos fundamentales la emergencia de Ciudadanos dará aún más alas a la formación de Naranjito y sus chicos. Cualquier ataque a la emergente formación sonará a pataleta;cada vez que abra la boca contra ella subirá el pan de sus expectativas electorales. No hay nada que más pueda desear el dirigente de origen catalán que que el registrador le tenga en su discurso, alfombra roja para sus pretensiones. No pares, sigue, sigue.

No se ha enterado Rajoy de que la nueva política no le quiere, ni a él ni lo que él representa. Puede que en su burbuja de los fundamentales económicos no se entere o, aún peor, no se quiera enterar pero es así. Es 'viejuno', parte de una forma de hacer las cosas en las que reformar la sede de tu partido con dinero B sin que te enteres era cosa habitual. Nadie dice que lo que está por venir sea mejor ni que no vaya a incurrir en las mismas o peores prácticas. Pero, ah queridopresidente, no están contaminados, no han tocado el pelo del poder y, por tanto, gozan del beneficio de la duda, de la ventaja de la esperanza vista la experiencia.

El presidente del Gobierno le ha visto las orejas al lobo. Sólo así se entiende la designación de Esperanza Aguirre como candidata a la Alcaldía de Madrid –deben estar los agentes de Movilidad de la capital ‘encantados’–, única superviviente de la política de tierra quemada del gallego. De tripas corazón, se llama eso. Sin embargo, alguien le tendría que decir que el problema es que sobra él y que falta una renovación de fondo del PP, con caras e ideas nuevas que reconcilien al partido con la ciudadanía, no videos enlatados que no se los cree ni Floriano.

Alguno de sus asesores, aunque sea de forma anónima, que le cuele la propuesta de su retirada entre las firmas del día, a ver si suena la flauta. Lo último que necesita su formación y el país es que se empeñe en morir con las botas puestas

Buena semana a todos.

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