Hora de ponerse cortos de Rosa Díez y UPyD: su valor es cero

UPyD y Rosa Díez han pasado en muy pocos meses de ser una alternativa al bipartidismo existente a perder todas sus opciones políticas hasta el punto de que la irrelevancia parece ser su destino

Foto: La líder de UPyD, Rosa Díez. (EFE)
La líder de UPyD, Rosa Díez. (EFE)

Solo hay una cosa peor que estar muerto: no haberse enterado. Si Rosa Díez y UPyD salieron moribundos de las elecciones europeas del año pasado, las andaluzas han ratificado su defunción definitiva. El problema es que su líder sigue aún aferrada a una ilusión de supervivencia que en breve se probará irreal. El partido ha cumplido un papel, en pretérito perfecto. Como alternativa a un votante desencantado, por una parte, y como estilete de denuncia frente a la corrupción bancaria, por otro. Sin embargo, ni lo segundo se le reconoce ni lo primero mantiene el vigor. Su valor intrínseco se aproxima peligrosamente a cero. Es hora de ponerse corto de la formación.

Al final, los oportunismos es lo que tienen, que requieren de aprovechar el momento para no perder relevancia con el paso del tiempo. En su día, la cuarta candidata más votada, de cuatro, de las primarias socialistas que auparon a Zapatero al poder, supo apropiarse de conceptos que el PSOE por conveniencia y el PP por incompetencia habían sacado de su discurso: patria, bandera, víctimas, entre otros. Esa simple estrategia le permitió emerger como alternativa a un bipartidismo decadente, con fronteras cada vez más difusas entre socialdemócratas y conservadores. Se convirtió en esperanza de cambio para muchos electores e intelectuales que no dudaron en sumarse a sus filas. Sólo la Ley D’Hont le impidió obtener mejores resultados en las generales de 2011.

Sin embargo, Rosa Díez participa de un defecto de fábrica que la sitúa en posición de desventaja respecto a cualquier otra estrella naciente en el firmamento legislativo patrio: ser parte del sistema. Pensó, erradamente, que la ilusión carecía de memoria y que el éxito de UPyD le permitiría ajustar cuentas con el pasado a su favor. No ha sido así. El punto de inflexión de sus opciones políticas, de hecho, se produce cuando se frustra su potencial integración con Ciudadanos. De manera justa o no, su imagen sale tocada de aquel lance. Quedó entonces para el acervo colectivo la visión de una líder con afán de protagonismo, incapaz de ceder o de buscar el bien general por encima del individual. Más de lo mismo no, vinieron a concluir sus frustrados seguidores. Acababa de cercenar de raíz todas sus posibilidades.

Y es que, al final, la brecha existente entre representantes y representados pone en valor opciones no contaminadas, a líderes que no han tocado el pelo del poder público, caso del Pablo Iglesias y su Podemos, o de Albert Rivera y su propuesta de centro-no-se-sabe-muy-bien-qué. Le faltó inteligencia electoral a UPyD para darse cuenta de esta realidad –como probó su irrelevante lista a las europeas– y, ahora que se produce el abandono en masa de todos aquellos que llegaron a la formación convencidos de que esta vez era diferente, será muy complicado que pueda recuperar a unos votantes que observan preocupados cómo se quedan los que siempre estuvieron al albur de la sopa boba y se van los que, como dirían los clásicos, renunciaron a prestigio y fortuna en pos de un proyecto superior. Sentencia de muerte.

La fractura interna es irresoluble y solo le será posible recuperar parte de lo perdido si se produce una renovación completa de su cuadro dirigente, algo inimaginable dado el personalismo que ha rodeado al partido desde su fundación. Y aun en el improbable caso de que así fuera, cualquier regeneración llegaría ya tarde. Ciudadanos le saca muchos cuerpos de ventaja, demasiados. Y participa de esa condición virginal tan deseada por el ciudadano. Siendo así, Rosa Díez parece encaminarse, de nuevo, hacia la irrelevancia política. Resulta sorprendente ver cuán rápido ha dilapidado sus opciones. Desde un punto de vista bursátil, UPyD es un short de libro, venta a crédito o en descubierto. Pronto no quedará de él más que un triste recuerdo. Al tiempo.

Buena semana a todos.

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