Ampliación fantasma del Sabadell: la compra de TSB no está hecha
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Ampliación fantasma del Sabadell: la compra de TSB no está hecha

La operación adolece de un problema no menor: la falta de aprobación por parte de las autoridades locales, algo que no ha impedido a la entidad quemar etapas aceleradamente

placeholder Foto: Vista del rótulo de una sucursal del banco británico TSB en Londres. (EFE)
Vista del rótulo de una sucursal del banco británico TSB en Londres. (EFE)

Que el negocio bancario en España va a ser una ruina en los próximos años es un hecho, al menos por la parte de arriba de la cuenta de resultados, donde el margen de intereses se va a ver reducido al spread de los créditos concedidos, toda vez que Euribor y coste de financiación tienden a cero.

De ahí que la estrategia de buscar nuevos mercados en los que la rentabilidad esté a priori más protegida, caso del británico, no solo es razonable sino casi imperativa, por más que se trate de una apuesta no exenta de riesgos, vista la competencia financiera existente en las islas y su asfixiante nivel de regulación.

Por eso, precisamente, el mercado está aplaudiendo la compra de TSB por parte del Sabadell, que, de este modo, escaparía del lánguido entorno nacional.

Una operación que, sin embargo, adolece de un problema no menor: la falta de aprobación por parte de las autoridades locales, algo que no ha impedido a la entidad el quemar etapas aceleradamente, acometiendo una fuerte ampliación de capital que, finalmente, puede dejarla compuesta y sin la princesa inglesa prometida.

Ojito.

En efecto, la PRA inglesa, Prudential Regulation Authority, anda con la mosca detrás de la oreja sobre dos elementos de las cuentas anuales del banco: los activos fiscales diferidos (DTAs) y el elevado peso del Resultado de Operaciones Financieras en la parte de arriba de su P&L.

En relación con los primeros, ha realizado consultas tanto al BCE como a los responsables de competencia de la Comisión Europea.

No en vano, pese a que el primero ya dio en su día el nihil obstat para el cómputo en capital de los DTAs monetizables (derivados de insolvencias, adjudicaciones y pensiones), siempre y cuando contaran con algún tipo de aval público, a los británicos no se les escapa la existencia de una demanda de un tercero –los rumores apuntan a un integrante del entramado bancario alemán– ante Bruselas que, de resolverse a favor del denunciante, podría invalidar el régimen actual y considerar finalmente esa partida como ayuda de Estado.

Adiós, DTAs, adiós.

Teniendo en cuenta el altísimo peso que tienen estos créditos fiscales en la ratio de solvencia del Sabadell, la PRA considera la resolución de esta cuestión como crítica a la hora de evaluar su verdadera capacidad a medio plazo para hacer frente a la compra de TSB. Por más que tanto italianos como españoles, a través de su ministro de economía, Luis de Guindos, estén presionando lo indecible para obtener cuanto antes una resolución favorable a los intereses de la banca patria, la decisión definitiva está aún en el aire, lo que, a su vez, puede retrasar el veredicto final de los anglosajones.

Da la impresión de que, en el ínterin, Oliu, Guardiola y sus chicos quieren acelerar el proceso por la vía de los hechos, precipitación no exenta de riesgos.

Por otra parte, han llegado hasta Reino Unido los ecos del importante peso que en la dinámica de beneficios y saneamiento de la institución catalana está teniendo una partida tan volátil como los resultados por operaciones financieras o ROF, especialmente teniendo en cuenta que la sociedad ya materializara de manera exitosa en su día buena parte del carry que traía de carteras de deuda soberana adquiridas en momentos álgidos de la crisis.

Aquí el miedo del supervisor británico se centra en la composición de esa cartera, duración y rating, en la gestión de la misma y en la sostenibilidad de sus aportaciones en distintos escenarios de tipos de interés y tipos de cambio de mercado. Y no ha dudado en recabar información tanto de Banco de España como de determinados analistas especializados para tratar de comprender la consistencia de la operativa.

Al final, el PRA busca asegurarse que la capacidad de obtener retornos por parte del Sabadell es recurrente y no está al albur de transacciones que se alejan del negocio ordinario bancario y participan de una dosis de riesgo tal que puede condicionar su actividad a futuro en el caso de que las cosas vengan mal dadas.

Una aproximación tal vez exagerada pero que, sin duda, está dentro del papel que le corresponde ejercer.

De la suma de todo lo anterior se concluye que, de momento, estamos ante una ampliación de capital fantasma, toda vez que no hay objeto destino de la misma, al no haber recibido la firma las autorizaciones pertinentes para la compra de TSB y existir dudas sobre su generación de resultados. Un aumento, por cierto, que se ajusta milimétricamente a los requisitos del BCE si los DTAs contaran en el cómputo del patrimonio neto –los 1.600 millones que se quieren captar mantendrían invariada la ratio Basilea III fully loaded– pero que sería claramente insuficiente en caso contrario.

Sea como fuere, si finalmente la compra se echara atrás, escenario poco probable pero posible a juicio de la mayoría de los expertos, la situación para la española sería delicada, no sólo por haber perdido una oportunidad estratégica para diversificar su base de ingresos fuera de la piel de toro, sino por acumular fondos que le meterían una extraordinaria presión para rematar una operación corporativa alternativa.

Dicho queda.

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