Por qué la llaman renta fija cuando quieren decir pánico

2015 va a ser un año en el que la volatilidad se va a adueñar –ya lo ha hecho de facto– de los mercados de deuda soberana. La prudencia se hace más imperativa que nunca

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El pasado lunes, el bund o bono a diez años alemán ofrecía en mercado una rentabilidad del 0,138%. Apenas tres días después se pagaba por él el 0,38%, esto es, más del doble y siete veces y media por encima del 0,049% que fijó como mínimo intradía el pasado 17 de abril.

Se trata de un movimiento bestial cuyo origen hay que buscarlo tanto en la fallida subasta de la referencia germana a cinco años que tuvo lugar el pasado miércoles como en un mejor dato de inflación en la locomotora europea. Para que se hagan una idea de la profundidad de tan vertiginoso viaje de ida y vuelta, el bund se sitúa ahora en los niveles por los que transitaba cuando Mario Draghi oficializó su programa de expansión monetaria.

De nuevo, pues, en la casilla de salida.

Estamos, sin embargo, ante un aperitivo de lo que está por venir.

2015 va a ser un año en el que la volatilidad se va a adueñar –ya lo ha hecho de facto– de los mercados de renta fija pública y, por ende, de los de la privada, que se enfrentan, además, a un problema de liquidez en muchas de sus referencias.

Tal incertidumbre no se limitará a Europa. Estados Unidos o Japón están viendo en su deuda soberana vaivenes similares. Y los mismos activos que en el pasado más reciente han obtenido para sus titulares retornos que ya los quisieran para sí las bolsas van a traerles ahora no pocos quebraderos de cabeza.

Hora, pues, de plegar velas.

¿Por qué este mayor riesgo? Bien, al menos a esta orilla del Atlántico, dos fuerzas contrapuestas van a influir de manera severa en la cotización de estos valores. 

Por una parte, la acción del BCE, cuya demanda de títulos sobrepasará con creces a la oferta neta de los Estados miembros en el periodo en el que va a ser llevada a cabo, de aquí a diciembre del 2016. Ese flujo servirá de sostén. 

Por otra, la conciencia colectiva de que los tipos negativos que, a día de hoy, ofrecenuno de cada cinco bonos de la región son una anomalía que pone de manifiesto lo que algunos analistas no han dudado en llamar ‘la madre de todas las burbujas’. Claro que, cualquiera se pone corto contra el balance de un banco central…

El estudio de los fundamentales, que son los que en teoría deberían mover este mercado, ofrece poca ayuda. Para muchos autores, Europa es un caso perdido que, incapaz de acometer las reformas necesarias para mejorar sus fundamentos económicos, está abocada a un estancamiento secular (buy bonds). A ellos se oponen los que creen que estamos sólo al inicio de una recuperación cíclica que traerá consigo grandes alegrías a Gobiernos e inversores y que, prolongada de manera estable en el tiempo, puede dar frutos de carácter estructural (short bonds).

Sea como fuere, la prudencia se hace más imperativa que nunca. Especialmente teniendo en cuenta la secular y falaz consideración de la renta fija como refugio para ahorradores conservadores. La falta de alternativas no debe conducir a dar por buenas situaciones anómalas por definición. Y esta lo es. Todos los dueños de bonos se verán afectados, bien por el trading, bien por el mark-to-market de las posiciones con su consecuente impacto en valores liquidativos.

De ahí que sea casi imposible no recomendar la aplicación el viejo aforismo bursátil de ‘sell in May and go away’ en relación a estos activos.

Se llevarán unas jugosas plusvalías al bolsillo a la espera de mejores oportunidades de entrada y dormirán más tranquilos. No vaya a ser que lo que hasta ahora no es más que un sobresalto puntual, con un impacto menor pero significativo en precio, se termine tornando en pánico. Y entonces será el llanto y el rechinar de dientes.

Buena semana a todos.

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