cerca de entrar en causa de disolución

La Sareb pierde 3.000 millones de euros por una mala cobertura de tipos de interés

Se antoja inevitable que los socios, incluido el Estado, aporten dinero adicional con urgencia a una sociedad que, de facto, tiene un patrimonio neto negativo

Foto: La expresidenta de Sareb, Belén Romana, junto al actual presidente Jaime Echegoyen. (EFE)
La expresidenta de Sareb, Belén Romana, junto al actual presidente Jaime Echegoyen. (EFE)

De la Memoria 2014 de Sareb -el banco malo español- que acaba de ver la luz destaca, entre otros muchos elementos, el deterioro de 2.032 millones que reconoce bajo el epígrafe de ‘Ajustes por Cambios de Valor’ en la parte del patrimonio neto de su balance.

Uno tendería a pensar que se trata del reflejo en sus cuentas anuales del ajuste al valor de mercado de los activos inmobiliarios adjudicados, una prevención a la que obliga el Banco de España a cualquier entidad financiera sita en nuestro país, sea esta pública o privada.

Pero no.

Eso ya está incluido en el palme de 584 millones de euros del ejercicio como recuerda 'enfáticamente' en su informe de auditoría PwC.

Según explica la nota 13.3 de la Memoria, se trata de pérdidas procedentes de un derivado de tipos de interés –intercambio de tipo variable por otro fijo–contratado por la Sareb el 2 de agosto de 2013 para “reducir el riesgo para la sociedad de una posible subida" de los mismos, toda vez que la principal fuente de financiación de la compañía son “obligaciones y valores” cuyo precio y rendimiento están sujetos a vaivenes de mercado.

Bien.

El importe nocional cubierto fue de 42.221 millones de euros y la horquilla de variación se fijó entre el 0,491% y el 3,145% anual.

A priori, una decisión correcta pues pretendía "asegurar el Plan de Negocio de la Sociedad, reduciendo el impacto que una subida del precio del dinero pudiera tener sobre su ejecución y, por ende, sobre la viabilidad de la firma”.

Con el tiempo, un error garrafal al haber sucedido justo lo contrario. A resultas de su contratación, Sareb se expone a un quebranto significativo en los años venideros que puede llegar a poner en cuestión su continuidad y mete aún más presión a la necesidad de cumplir operativamente con la misión de saneamiento y liquidación que tiene encomendada.

Cobertura asimétrica de los tipos de interés

El origen del problema hay que buscarlo en la modalidad de swap contratado en su día, que “suponía renunciar, por la parte y el periodo de tiempo cubiertos, al eventual beneficio derivado de una bajada de los tipos de interés de referencia”. Una cesión extraña toda vez que un año antes Mario Draghi había lanzado su famosa proclama para salvar el euro –“whatever it takes”– y el tipo de referencia del bono español, avalista en última instancia de la deuda de Sareb, se había reducido en esos 12 meses de cerca del 8% al 4%, más de la mitad.

Hubiera tenido más sentido dejar esa parte abierta pero no, ellos sabrán por qué.

El hecho es que, tal y como reconoce la institución gobernada por Jaime Echegoyen tras la espantada de Belén Romana, el impacto en el valor de mercado del derivado por cada punto básico que cambia la referencia es de 18,05 millones de euros (positivo si sube, negativo si baja).

Ya se pueden poner a temblar.

En efecto, fruto de esa decisión -y del desplome de la rentabilidad exigida por bancos e inversores en el interbancario o a la deuda soberana desde su contratación- es que la Sareb acumulaba a 31 de diciembre una pérdida de 2.710 millones de euros en la 'protección', siete veces más que el importe negativo que justificó por ella a cierre del ejercicio 2013 (380).

Si la cuantía que figura en el balance es menor es, precisamente, por el crédito fiscal que genera para su tenedor, unos 680 kilos del ala.

No se trata de un deterioro meramente contable, sin impacto en la cuenta de pérdidas y ganancias. Tal y como subraya la Memoria, el palme “se irá imputando a resultados en los ejercicios correspondientes”. De hecho, en 2014 ya se asignaron 113 millones y en 2013 hasta 168, escondidos eso sí bajo la partida de ‘gastos financieros-por deudas con terceros’.

Un deterioro que, sumados a los “latentes” pendientes de adjudicar al año que corresponda, dan los 3.000 millones de euros que encabezaban esta crónica.

No sólo eso, afecta también a la gestión de tesorería en la medida en que “a efectos de garantizar el cumplimiento de las cláusulas de estos contratos, Sareb ha constituido garantías dinerarias a favor de las contrapartes por un importe de 2.432 millones de euros en 2014 y de 228 en el 2013 –que se encuentran registrados en el epígrafe ‘Inversiones financieras a largo plazo-Otros activos financieros’–, así como depósitos en las contrapartidas por un saldo total de 217 millones en ambos ejercicios”.

Se trata de dinero inmovilizado que, eso sí, genera intereses (menguantes) para la sociedad.

A punto de entrar en causa de disolución

Concluye Sareb en su Memoria que esos 2.032 millones a los que hacíamos referencia al inicio de este post colocan "el patrimonio neto de la sociedad en negativo”, para ‘alegría’ de sus socios. No obstante, "desde un punto de vista mercantil (…) a los efectos de distribución de beneficios, de la reducción obligatoria del capital social y de la disolución obligatoria por pérdidas, estos cambios de valor del derivado de cobertura pendientes de imputar a la cuenta de pérdidas y ganancias no se consideran patrimonio neto”.

Puede que, de acuerdo con la ley y las normas de contabilidad, sea así, pero no se trata sino de un diferimiento temporal de lo que se antoja inevitable: la necesidad de que los socios, incluido el Estado, aporten dinero adicional a una sociedad a la que el ajuste periódico de su cartera a la realidad inmobiliaria y el impacto de este swap (en caso de mantenerse los tipos como hasta ahora, ver cuadro) amenazan con devorar en menos de un año sus magros recursos propios.

Ya pueden ir los Santanderes (17,28%), Caixas (12,44%), Sabadelles (6,93%), Populares (5,97%) y demás accionistas preparándose para aflojar la tela más antes que después y a decir adiós a la rentabilidad de su deuda subordinada (otros 3.600 millones a añadir a los 1.200 de equity aportados).

Y es que, una vez desaparecida casi en su totalidad la prima de emisión de 900 millones, las pérdidas acumuladas se sitúan a apenas 200 millones de euros del umbral del 50% del capital social que, traspasado a la baja, exigiría la disolución de la firma...

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