Mar de fondo en la Abengoa sin Sánchez Ortega

La concentración de poder de un 'outsider' en una empresa familiar no siempre es bien vista por sus propietarios, más cuando el riesgo asociado a la misma crece con el paso del tiempo

Foto: El exconsejero delegado de Abengoa, Manuel Sánchez Ortega. (EFE)
El exconsejero delegado de Abengoa, Manuel Sánchez Ortega. (EFE)

Durante meses un servidor ha sido muy crítico con Abengoa (ver cotización)

Ha quedado reflejado en algunas entradas de este mismo post.

No era capaz de comprender dónde hacía la firma dinero, el porqué de la ausencia sistemática de cuentas comparables –con cambios constantes y significativos de su perímetro de consolidación– o la motivación última –más allá de la patada adelante– de la interminable serie de operaciones menores con un alto coste de ejecución -en deuda o acciones, entre sus filiales y con terceros- para obtener caja y maquillar el balance pese a la abundante tesorería en la que la compañía decía nadar.

He de reconocer que, pese a que la andaluza sigue ofreciendo motivos recurrentes para la sospecha –como esa disparidad de conceptos entre lo informado a la SEC y al regulador español en la última aportación de activos a Abengoa Yield– cambió parcialmente mi percepción tras pasar un buen rato en el despacho de Manuel Sánchez Ortega en la sede de la empresa en el Paseo de la Castellana de Madrid hace unas semanas.

No porque eso supusiera una aceptación incondicional de los números oficiales, que son los que son y están expuestos a todo tipo de interpretaciones, sino porque salí de la reunión con la impresión de que, al menos, había alguien capaz de dotar de un 'rational' a todo lo que desde Sevilla se estaba haciendo y tanta suspicacia despertaba.

Resulta extraño que su salida se produzca justo cuando la Abengoa 3.0 está a punto de completar su estructuración definitiva

Esa persona era el CEO ahora cesante.

Por cierto, que su marcha no ha sentado nada bien al mercado, que hoy sigue castigando el valor, situado en lo más bajo de la tabla del Ibex 35.

Tenía, sin duda, el modelo de negocio en la cabeza, con sus pros –algunos– y sus contras –otros tantos–. Desde la concesión a la ejecución, pasando por la venta y, sobre todo, la financiación, que es donde se encuentra el punto crítico en el desarrollo de grandes infraestructuras a nivel mundial. Según él, buscaba aprovechar el déficit de inversión acumulado durante años y la necesidad de rentabilidad de determinados actores con una propuesta de valor ni mucho menos exenta de riesgos, como prueba el hecho de que no había conseguido abaratar el coste de su deuda pese a la ingente ola de liquidez que barre los mercados financieros.

De hecho, era difícil pensar que esa visión encontrara suficiente comprensión, en toda su extensión, en personas distintas a él, por más que desde dentro del Grupo se insista en la veteranía en el seno de Abengoa como una de las características esenciales del equipo gestor, condición de la que participa el nuevo consejero delegado, Santiago Seage.

Sánchez Ortega había interiorizado hasta tal punto su ‘verdad’ que no había quien la pudiera defender mejor que él.

De ahí que capitalizara buena parte de la interlocución con inversores o informadores.

¿Es precisamente esa la razón de la salida?

Ya sabemos lo que dan de sí los motivos 'estrictamente personales' en este país. Para escribir un libro de cada caso en el que se produce la salida de un directivo por este motivo.

Puede que, en esta ocasión, la justificación sea cierta.

Sin embargo, resulta extraño que su salida se produzca justo cuando la Abengoa 3.0 -cuya concepción, primero, y materialización, después, se arrogaba el ya ex-CEO- está a punto de completar su estructuración definitiva. Sería renunciar a la puerta grande tras haber hecho lo más difícil de la faena de muleta y con el toro a punto de caer redondo, por más que su caché por tan particular corrida se encuentre entre los más elevados del mercado, que lo está.

Las penas con pan son menos, pero tanto trabajo sin gloria se antoja sacrificio excesivo.

Ya sabemos lo que dan de sí los motivos personales en este país. Para escribir un libro de cada caso en el que se produce la salida de un directivo

La concentración de poder de un outsider en una empresa familiar no siempre es bien vista por sus propietarios, más cuando el riesgo asociado a la misma crece con el paso del tiempo. Romper con esa dinámica exige decisiones dolorosas, como la conocida ayer.

¿Será el caso?

De momento, el haber dado los Benjumea al dimitido presencia en el Consejo parece querer asegurar una continuidad de corto plazo a la gestión. No se pueden permitir una ruptura que ponga en riesgo el entramado financiero y operativo pergeñado por el saliente. Demasiado riesgo.

Con el paso del tiempo, veremos a ver si es un compromiso que va más allá o no. Su continuidad o ruptura definitiva tras este periodo inicial dará la clave sobre lo que realmente ha sucedido, versión oficial o especulativa.

Sea como fuere, se avecina mar de fondo a las costas de Abengoa.

Más les vale a sus propietarios amarrar bien las naves.

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