Rajoy se va de vacaciones camino de la mayoría absoluta

Los ingredientes que se están cocinando social y políticamente en España pueden dar como resultado un inesperado pastel que termine con los huesos de Rajoy de nuevo en la Moncloa

Foto: El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. (EFE)
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. (EFE)

Sí, no se froten los ojos.

Puede ocurrir. Entra dentro de lo posible y de lo cada vez más probable.

Sería equiparable al éxito de David Cameron en Reino Unido.

“McCoy, ¿has perdido el oremus en este, tu último post del curso?”

Pues no, no se crean.

Veamos las razones que justificarían una vuelta del voto al Partido Popular hasta el punto de acariciar una posición directa de Gobierno, o muy muy cercana a ella, tras las elecciones generales:

Mejora de la situación económica, en términos de crecimiento y empleo, que son los dos claims usados por el gallego durante toda su legislatura. Una vez solventado –temporalmente– el problema griego, no hay nada que pueda alterar la inercia positiva actual. Las noticias seguirán siendo buenas de aquí a la contienda electoral alimentando las dudas entre la población sobre si no será mejor lo malo conocido ahora que España parece levantar cabeza. Unan a ello guiños electorales fiscales y asistenciales que animen a los más indecisos y... hasta la depauperada clase media podría rendirse al pragmatismo de lo útil.

Recuperación del PSOE. Paradójicamente, Pedro Sánchez va ganando predicamento entre las huestes socialistas y el partido comienza a dar una  sensación unitaria de la que carecía hace años, lo que se puede trasladar en una recuperación del número de sus votantes. Algo que, sin duda, debilitaría en términos de Ley D’Hondt a los que vienen por su izquierda. Las colas favorecerán a la formación más votada y parte del voto progresista puede devenir, en última instancia, en escaño conservador.

La política de líneas rojas de Ciudadanos plantea un doble problema que beneficia al PP. Por una parte, la necesidad de pactar con unos y otros desorienta al elector. PSOE en Andalucía, PP en Madrid. Uno tiende a pensar que tiene un votante de centro derecha al que le hacen poca gracia esas veleidades. Para irme al sucedáneo, me quedo con el original. Pero es que, además, la historia prueba que las regeneraciones las capitaliza la fuerza dominante por más que sean impulsadas por la minoritaria. Una vez que se cumplan las condiciones que ha impuesto para cogobernar, el éxito será de quien las haya ejecutado, Díaz o Cifuentes, no de C's. Algo que, sin duda, afectará a su interés electoral y beneficiará a PP y PSOE.

La irrupción de Podemos ha tenido ya un efecto boomerang. Mucho voto popular desmovilizado volverá al redil para evitar que buena parte de la retórica antisistema y antibienestar privado de la casta universitaria reconvertida en política termine instalándose en los despachos del poder. Pero es que, además, se van a juntar tres factores que debilitarán a la formación de Pablo Iglesias de aquí a las generales: el fracaso de la utopía, manifestado en tierras helenas; el peligro de la ocurrencia, que se está viendo en las plazas en las que están tocando poder, inmersas en un peligroso desgobierno; la insostenibilidad de los pactos, que conducirán a más caos. El impacto de la experiencia sobre la esperanza cercenará su evolución beneficiando, de nuevo, el bipartidismo.

Dos factores pueden impedir que tal cúmulo de circunstancias terminen por concretarse en los términos previstos en el encabezamiento de este post:

Uno de ellos es la corrupción. Realmente resulta difícil ver qué puede haber más grave después de Rato, un caso que realmente va a quedar en nada. Puede que los nuevos gobernantes de ayuntamientos y comunidades se decidan a levantar las alfombras pero, salvo que se trate de algo muy, muy gordo, el factor trinque está ‘metido en el precio’ de las expectativas de voto de los ciudadanos. La certeza, además, de que la corrupción está extendida por todo el sistema y que influye incluso en alguna de las formaciones que más alardean de democráticas convierte este elemento en mínimo común denominador que no va a hacer muchos distingos entre unos y otros. Ya no. Si el PP pone cuidado en la construcción de las listas, puede salvar este obstáculo.

El otro es Catalunya. La estrategia de Rajoy de que lo que no puede ser no puede ser y además es imposible se pondrá a prueba en el mes de septiembre de una manera brutal. Sin embargo, la gran ventaja con la que juega el presidente del Gobierno es que tiene la llave de la viabilidad financiera de la región y Grecia ha demostrado que cualquier veleidad contra aquel de quien depende tu financiación tiende a ser suicida y a terminar peor de lo que empezó. El día después institucional de la ensoñación nacionalista puede estar perfectamente diseñado. Pero otra cosa es la pela. Y ahí, Artur, tendrás un muy serio problema. Resolver esta papeleta autonómica bien puede elevar a Rajoy a los altares.

No es santo de mi devoción Mariano, ni mucho menos. Creo que su legislatura, como he señalado en tantas y tantas ocasiones, es la gran oportunidad perdida de la democracia española, periodo en el que ha quedado casi todo lo estructural por hacer. Dicho esto, los ingredientes que se están cocinando social y políticamente en España a día de hoy pueden terminar dando como resultado un inesperado pastel que termine con sus huesos de nuevo en la Moncloa. De ser así, será su ocasión para hacer todo aquello que por urgencia coyuntural y ventajismo electoral no se atrevió en sus primeros cuatro años de gobierno. ¿Se atreverá?

A ver.

P.S. Servidor se va a Zahara de los Atunes mañana y volverá con su columna a finales de agosto. Por allí les espero no sin antes desearles unas muy felices y merecidas vacaciones. Abrazos mil.

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