Susto o muerte, la deuda emergente es mucho mayor de lo estimado

Casi 840.000 millones de dólares de deuda garantizada de manera directa o indirecta por estas naciones carecen de reflejo en los balances públicos de sus estados

Foto: Billetes de yuan chino. (EFE)
Billetes de yuan chino. (EFE)

Sobre el problema de la deuda de los emergentes ha escrito mucho y bien Daniel Lacalle. La última vez, el pasado día 4, en un interesante 'post' de arranque de año que tituló ‘El año de los impagos’. En él advierte cómo los dirigentes de dichos mercados deben evitar la tentación de aumentar el endeudamiento -flujo- con base en que su nivel actual -'stock'- es manejable, toda vez que la historia demuestra que esa ha sido la excusa para no pocos desmanes presupuestarios.

Bien.

Sin embargo, de acuerdo con un estudio dado a conocer al día siguiente por 'Financial Times', puede que ni siquiera la situación de partida sea tan benigna como nuestro columnista apuntaba en su pieza. No en vano, hasta 840.000 millones de deuda soberana indirecta -esto es, emitida por terceros con garantía explícita y, los más de los casos, implícita del Tesoro del país del emisor, denominada en dólares u otras monedas fuertes- podrían no tener su reflejo en el balance de esos avalistas-estados.

Volviendo a los conceptos reseñados al inicio de este 'post', el problema es doble: de 'stock', lo ya emitido, que supera de acuerdo con J.P. Morgan el importe de la deuda emergente en moneda extranjera en circulación -750.000 millones-, y de flujo, de uso masivo de esta fórmula indirecta de financiación por parte de las distintas administraciones, en ocasiones, para camuflar sus verdaderas responsabilidades financieras. De hecho, el volumen de estas emisiones ‘garantizadas’ habría crecido un 18% solo en 2015.

Casi nada.

Tres rápidas reflexiones al calor de lo anterior:

Es evidente que la colusión entre público y privado en estos países es excesiva, por más que la mayoría de las veces el emisor sea una empresa u organización participada mayoritariamente o controlada por el Estado. Probablemente, la mejora en la credibilidad de naciones como México o Brasil se ve, precisamente, perjudicada por la falta de independencia en la gestión de algunas de sus principales corporaciones, por su sumisión al interés del político de turno. Los escándalos abundan por doquier.

Las ventajas que podían encontrar los emisores de este tipo de papel al financiarse en el billete verde, en términos de tipo de interés y liquidez, se han visto con creces superadas por el inconveniente de la apreciación del dólar. Y, aunque es verdad que los ingresos de muchas de las firmas que han utilizado deuda-cuasi-soberana son en esa moneda, al estar ligados a materias primas, no es menos cierto que la depresión en el precio de las 'commodities' dificultará la generación de flujo de caja y, por ende, el repago de sus obligaciones. Pan para hoy…

Este tema del volumen real de deuda de las economías no deja de ser un debate viejo. Alguna vez ya hemos comentado en Valor Añadido cómo cambiaría la foto en caso de que las estadísticas oficiales recogieran los compromisos asumidos por pensiones por los distintos modelos de Estado del bienestar del mundo desarrollado. Un problema que va a ir a más y no a menos en la medida en que el declive demográfico siga su inexorable curso. Por tanto, aun siendo dramático, que lo es, no se trata de algo exclusivo del universo emergente.

Sea como fuere, el problema de la deuda está ahí y, desgraciadamente, ha llegado para quedarse. No se atisba solución para una cuestión que ha pasado del ámbito privado al público en el primer mundo (aunque, al final, el paganini es siempre el mismo, vía bancos o impuestos) y que crece de manera descontrolada en el segundo, tanto en particulares y empresas como en los estados.

En ausencia de crecimiento, quitas e inflación son la única opción posible de ajuste.

Susto o muerte, ya saben.

Pues eso.

Valor Añadido
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