No solo es la rentabilidad: el agujero en los fondos de pensiones sigue creciendo
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No solo es la rentabilidad: el agujero en los fondos de pensiones sigue creciendo

Al mal rendimiento de los fondos de pensiones se une un riesgo asociado a los bajos tipos de interés y el aumento de la volatilidad: la imposibilidad de cumplir con los compromisos adquiridos

placeholder Foto: Pensionistas en una manifestación (EFE)
Pensionistas en una manifestación (EFE)

Eduardo Segovia se hace eco en las páginas de El Confidencial del estudio anual del profesor Pablo Fernández sobre rentabilidad de los fondos de pensiones en España en el periodo 2000-2015.

Los resultados son demoledores, tanto en términos relativos, esto es, en comparación con sus índices de referencia, como absolutos.

La industria patria se lo tendría que hacer mirar, por más que nos tememos que en todas partes cuecen habas. Da igual. Si ya de por sí resulta difícil conseguir de la administración un tratamiento favorable para el ahorro privado a largo plazo, con unos retornos tan endebles –y, en muchos casos, negativos- la cosa se complica aún más.

En el pecado lleva el sector la penitencia.

Ya se puede poner las pilas.

Se trata de un problema, de hecho, que va a ir a más y no a menos, especialmente teniendo en cuenta el entorno de tipos de interés que preside la gran mayoría de las economías desarrolladas. Precios del dinero por debajo de cero han pasado de ser la excepción a convertirse casi en la norma, con todo lo que eso implica. De hecho, encontrar activos ‘libres de riesgo’ –la deuda soberana no lo es- susceptibles de ofrecer un rendimiento que se ajuste a las expectativas de los partícipes se ha convertido en una quimera. Y los que no participan de tal condición, aquellos que llevan asociada una posibilidad mayor de pérdida, están viviendo una volatilidad que, nos tememos, ha venido para quedarse una temporadita.

Malos tiempos para la lírica.

En algunos países, este nuevo escenario puede suponer la puntilla definitiva para buena parte de sus actores, especialmente aquellos que comercializaron en el pasado planes con rentabilidades aseguradas o prestaciones definidas que, a día de hoy, son imposibles de alcanzar por más que los gestores quisieran sacarse todos los conejos del mundo de la chistera. La diferencia entre lo prometido y la realidad de las carteras que debieran sostenerlo es abismal. No se pueden imaginar hasta qué punto.

Estamos hablando de un agujero ‘potencial’ –hasta que no se concreten en el momento del vencimiento las necesidades de recursos, todo es sólo teórico- de 428.000 millones de euros, de acuerdo con el ‘stress test’ realizado por el supervisor europeo EIOPA (European Insurance and Occupational Pensions Authority) en diecisiete de los estados miembros. Eso si la situación se mantuviera como hasta ahora. Pero si, por el contrario, se produjera una nueva crisis financiera que deprimiera aún más el ‘performance’, la broma se podría disparar hasta los 773.000.

Los datos los recoge en su separata de fondos el FT y, de pecar, lo harían por defecto. Los cálculos no se han ajustado por el incremento de vida media de la población.

En España, el impacto sería marginal pero no así en Reino Unido, Holanda o Alemania. La horquilla en la primera de las naciones se situaría entre 218.000 y 343.000 millones de euros (al cambio actual) en función de cada uno de los dos supuestos. Eso, ojo, después de haber destinado los promotores otros 330.000 kilos a paliar el problema desde 2000 (la cifra es antoja alta pero, insistimos, no es nuestra). En Holanda, de empeorar la cosa, el problema se multiplicaría por tres, de 66.000 millones a 215.000. Una parte sustancial de sus PIBs se verían comprometidos.

Así son las cosas y así se las estamos contando.

Malo es no obtener la rentabilidad esperada asociada a la compra de un determinado producto financiero, especialmente cuando es el complemento de la jubilación lo que está en juego. Pero casi peor aún, el encontrarse con que la promesa firme de un determinado rendimiento no llega por imposibilidad material de hacerlo. Y ese fiasco es al que se pueden ver abocados muchos de nuestros conciudadanos europeos.

Traerá miga.

Stay tuned.

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